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Cada semana una emergencia medioambiental: ONU

Por Claudia Luna Palencia

 

La temporada estival en Europa está marcada por elevadas temperaturas en prácticamente toda la geografía, aún peores que las registradas el año pasado que dejaron a suizos, suecos, holandeses, noruegos y finlandeses ahogados en un sofoco promedio de 30 grados centígrados.

Este año, los termómetros nuevamente están sorprendiendo, en los países mediterráneos se están superando las cotas de los 35 grados centígrados y en las grandes urbes, el ladrillo  hierve en torno a los 40 grados centígrados a la sombra. Aquí en Madrid  las noches son insoportables.

Además de las molestias para el ser humano, el medioambiente entra en un proceso de retroalimentación negativa dejando muchos daños colaterales, dos  muy visibles relacionados con la desertificación y otro, con el agua; uno tercero, imperceptible pero potencialmente peligroso por  la  proliferación de bacterias.

Recientemente dos eventos bastante sui generis en España han llamado la atención de diversos expertos, el primero sucedió en Valencia en un mar de agua salada y el segundo, en un río en la Comunidad de Madrid precisamente de agua dulce.

Está siendo otro verano atípico, miles de paseantes nacionales y otro cúmulo de extranjeros no pudieron bañarse en la popular playa de la Malvarrosa, una de las más conocidas y socorridas en Valencia típica del enclave urbano.

 

 

El Ayuntamiento tuvo que decretar un bando para prohibir el baño debido a que los inspectores de salubridad que, constantemente verifican la calidad de las aguas tanto para su potabilización como para el baño, encontraron elevadas concentraciones de la bacteria Escherichia coli.

La detectaron en la Malvarrosa y en la Devesa superando en ambos casos los niveles permitidos, es la segunda vez que sucede: en junio pasado “los Ayuntamientos de Valencia y Alboraya”  restringieron el baño también en la Malvarrosa, Cabanyal y Patacona por la presencia de  bacterias coliformes.

¿Qué es la Escherichia coli? De acuerdo con el manual médico se trata de “una bacteria miembro de la familia de las enterobacterias” y forma parte de la microbiota del tracto gastrointestinal de animales homeotermos y del ser humano.

Prolifera preferentemente a temperaturas medias de 37 grados centígrados, al ser una bacteria anaerobia provoca diversas enfermedades desde gastrointestinales hasta infecciones urinarias, sanguíneas y en el sistema nervioso.

En Valencia están estudiando cómo es que esta bacteria de forma masiva se está encontrando en altos niveles en la playa, una de las hipótesis parten de un aumento del caudal de agua de riego “que podría haber arrastrado aguas con Escherichia coli”.

Hay preocupación en la zona que lleva varios connatos en distintas áreas debido a que las aguas de sus playas superan los parámetros microbiológicos; también ha pasado en las playas de la Patacona y Port Saplaya Nord de Alboraya.

Otra incidencia bastante llamativa aconteció en agua dulce y en la Comunidad de Madrid: “Alerta en el río Manzanares y La Pedriza por una bacteria mortal en el agua, se encontró una cianobacteria conocida como Phormidium en el parque nacional de Sierra de Guadarrama”.

La Comunidad de Madrid ha ordenado colocar carteles a lo largo de La Pedriza para evitar que los paseantes agobiados por el calor, se sumerjan en las aguas del río buscando refrescarse.

La Phormidium es mortal llega a provocar problemas neurológicos tanto en personas como  en animales si por alguna razón la ingieren, y al parecer las elevadas temperaturas medioambientales y que las aguas están mucho más calientes de lo normal han formado un caldo de cultivo para que prolifere.

«Se aconsejan como medidas preventivas -hasta nuevos muestreos- que todo el mundo evite acceder al agua, especialmente niños y mascotas que se acerquen al río para refrescarse y/o beber, evitando así cualquier riesgo», advierte el comunicado oficial.

 

Cambio climático acentuado

Hace unos días, el periódico inglés The Guardian publicó un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) relacionado con los efectos perniciosos del cambio climático: “Cada semana está aconteciendo un desastre natural debido a las alteraciones del clima y del medio ambiente”.

El organismo internacional conmina tanto a países industrializados como en vías de desarrollo a estar preparados “ante la nueva emergencia global” para echar a andar tanto medidas de prevención y protección ciudadana como de actuación con planes que repongan la infraestructura dañada lo más pronto posible.

La ONU estima que anualmente el costo económico generado por pérdidas derivadas por desastres naturales tiene de media los 520 mil millones de dólares… y no descarta que incremente en la medida que la fenomenología  climática se vuelva más adversa.

¿Qué tan preocupante es el tema de la aparición de microorganismos y bacterias en la medida que las temperaturas se eleven? ¿Sobre todo en el agua de  los mares pero fundamentalmente de las aguas dulces de ríos y lagos?

Si bien el 70% de la superficie del planeta es agua únicamente el 2.5% de ésta es dulce y no toda es potable, únicamente lo es el 0.007%, casi 800 millones de seres humanos no tienen acceso al agua; y el problema  es más acucioso por la contaminación y la proliferación de bacterias en las aguas de ríos, lagos, lagunas y presas.

Las estadísticas de la ONU indican que diariamente casi mil niños fallecen en el mundo afectados por diarreas o enfermedades provocadas por beber aguas contaminadas; el 40% de la población global enfrenta una acuciante escasez de agua.

Para ubicar la problemática hay que tener clara la diferencia entre el calentamiento global y el cambio climático, el primero está definido como “el alza reciente y continua en la temperatura media global cerca de la superficie terrestre”.

Este calentamiento es provocado fundamentalmente por “incrementos en las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera”, que terminan incidiendo negativamente en los patrones del clima y alteraciones del medio ambiente.

Por su parte, la Organización Meteorológica Mundial ubica al cambio climático como a la variación “del estado del sistema climático formado por la atmósfera, la hidrosfera, la criosfera, la litosfera y la biosfera”, que perdura durante periodos de tiempo suficientemente largos; la presión actual es antropogénica, esto es, provocada por la acción del hombre y su modo de producción.

Y allí están las enfermedades que trae la crisis climática, de la que se aprovechan las bacterias con capacidad de supervivencia en temperaturas superiores a los 35 grados centígrados e inclusive proliferan todavía veinte grados más arriba como acontece con los termófilos.

La Agencia Iberoamericana para la Difusión de la Ciencia y la Tecnología (DTyT) explica  que mientras el calor mata a miles de personas anualmente en la tierra, hay seres vivos capaces de sobrevivir a las temperaturas más extremas como sucede con los termófilos, un subtipo de los extremófilos.

“Se trata por ejemplo del gusano del Anisakis Simplex resistente hasta a la radioactividad de Chernóbil, Ucrania; hay otra bacteria como Chromohalobacter beijerinckii capaz de soportar altas concentraciones de sal en el Mar Muerto; y hay tardígrados que sobreviven en el ambiente más seco, árido y sin agua del desierto de Atacama”, explica la DTyT.

Entre más calor, las bacterias encuentran la temperatura idónea para multiplicarse, Luis Mario Arce, experto en medioambiente y sostenibilidad, menciona un puñado de enfermedades que trae la crisis climática.

“La crisis climática nos enferma, y no es una forma de hablar. No solo la subida generalizada de las temperaturas afecta directamente al organismo, a la fisiología, sino que está provocando el resurgimiento, la expansión o la aparición de enfermedades de transmisión vectorial, es decir, provocadas por artrópodos”, refiere.

Artrópodos como los mosquitos y las garrapatas que infectados transmiten enfermedades en las personas y en los animales con sus constantes picaduras.

Arce añade que tanto unos como otros “son muy dependientes de la temperatura ambiental y el calentamiento favorece su supervivencia”, además permitiendo su multiplicación.

Es tan acuciante el cambio climático, que en la Comunidad de Madrid van varios años en los que han llegado a detectarse la presencia del mosquito Tigre, algo totalmente fuera de lo común.

El analista español se autocuestiona: “¿Cuáles son las enfermedades susceptibles de aparecer o de crecer en España por la influencia del cambio climático?”. A continuación las refiere: 1) Dengue; 2) chikungunya; 3) encefalitis del Nilo occidental; 4) zika: 5) fiebre del valle del Rift; 6) malaria; 7) leishmaniasis; 8) fiebre de Crimea-Congo; 9) enfermedad de Lyme; 10) fiebre botonosa; 11) otras ricketsiosis.

Respecto de las cianobacterias origen de la alerta en el  Manzanares aquí en Madrid, el microbiólogo clínico Julio García Rodríguez, expresa que se trata de un fenómeno con cierta frecuencia: “No es tan excepcional están por todas partes, de hecho, gracias a éstas nosotros estamos sobre la tierra; antes se les conocía como algas azuladas o verdosas y lo que poseen es la peculiaridad de realizar la fotosíntesis a partir de otros sustratos, en grandes cantidades en los océanos fueron las responsables de liberar oxígeno a la atmósfera y eso ha permitido el desarrollo de la vida en la tierra”.

García Rodríguez abunda que las cianobacterias globalmente son beneficiosas para la vida, se utilizan también en la agricultura, aunque el problema radica en que a veces en condiciones de  elevada temperatura o cuando hay algunos sustratos químicos, pueden producir lo que se llama “explosiones de crecimiento” sobre todo en depósitos de agua o en aguas que no se mueven mucho y algunas pueden producir toxinas y es cuando se generan problemas.

“El cambio climático que se quiere relacionar podría ser una causa, es verdad que en la medida que tengamos temperaturas más altas será más fácil que proliferen estas cianobacterias y pueden producir problemas para la salud; las autoridades competentes en cada país son las que revisan los depósitos de agua y comprueban periódicamente que no supongan un problema de salud pública”, afirma en su explicación.

 

 

¿Daños? Algunas producen toxinas que afectan al hígado, otras al sistema nervioso entonces es entendible porqué las autoridades en la Comunidad de Madrid han tomado previsiones al respecto.

El también portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología (SEIMC) habla en exclusiva de la resistencia en el caso de la proliferación de bacterias en la medida que las temperaturas son más altas; como lo señala, sucede igualmente con los alimentos. En España, cada año mueren más de 35 mil personas por culpa de infecciones bacterianas.

¿Hay que temerle más a un virus o a una bacteria?

-Depende de la bacteria y depende del virus, en general las bacterias suelen tratarse con antibióticos salvo excepciones aunque hay bacterias resistentes… pero son más fáciles de controlar que los virus, no tenemos tantos antivirus tan eficaces como los antibióticos; por ejemplo, un catarro común producido por un virus es un proceso fácil de controlar comparado con la peste bubónica; el virus del Ébola por supuesto es  mucho más grave que una infección urinaria por Escherichia coli. Depende de cada uno, lo que si es que los virus son más difíciles  de tratar en comparación con las bacterias.

Carrera contra el tiempo

No resta mucho tiempo, recientemente la ONU advirtió que quedan únicamente “once años” para evitar que los limites “admisibles de temperatura en el planeta” sean rebasados y con consecuencias –hasta ahora- desconocidas para todos.

En palabras de su secretario General, António Guterres, es importante que todos los países se sumen a crear acciones en pro de conservar la biodiversidad y proteger la naturaleza antes de los plazos fatales.

«No es demasiado tarde, pero estamos acercándonos al momento en que será irreversible, en el que no conseguiremos llegar al final de siglo con solo un incremento de 1.5 grados en el calentamiento global”.

Hace unos días en Osaka, Japón durante la Cumbre del G20 los representantes de los países asistentes reafirmaron su compromiso con el Acuerdo de París signado en 2015… todos menos el presidente estadunidense Donald Trump se han  vuelto a comprometer con los objetivos de descarbonización y las acciones para mitigar el cambio climático.

Como lo señala la propia ONU: “Las emisiones a nivel mundial están alcanzando unos niveles sin precedentes que parece que aún no han llegado a su cota máxima. Los últimos cuatro años han sido los más calurosos de la historia y las temperaturas invernales del Ártico han aumentado 3 grados centígrados desde 1990”.

La situación revela crecidas en el nivel del mar, arrecifes de coral amenazados en riesgo de extinción, so pena de la afectación grave y real en la salud de las personas y los animales porque enfrentan adversidades por la contaminación del aire, las incesantes olas de calor, riesgos en la seguridad alimentaria y escasez de agua así como la aparición microbiana de bacterias en el vital líquido.

“Los últimos análisis indican que, si actuamos ya, podemos reducir las emisiones de carbono de aquí a 12 años y frenar el aumento de la temperatura media anual por debajo de los 2 grados centígrados o incluso a 1.5  grados centígrados por encima de los niveles preindustriales”, según los datos científicos más recientes.

El próximo 23 de  septiembre en la sede del organismo internacional en Nueva York se llevará a cabo una cumbre del clima, se trata de hacer una primera evaluación del grado de avance en cada nación de las medidas implementadas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, la meta es aminorarla en un 45% en una década y en 2050 llegar a emisiones cero.

 

Es una carrera contra el tiempo.

 

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