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Carlos Ramírez

Periodista mexicano, profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana. Conferencista cotidiano.  

@carlosramirezh

Columa Indicador Político

 

Venezuela: crisis de la izquierda latinoamericana

 

 

 

 

El debate que nunca ha querido darse en las élites revolucionarias es el que podría asumirse como la maldición Michels: en 1911 el sociólogo alemán, a partir de su observación de los partidos socialistas, creó el modelo de “la ley de hierro de la oligarquía” que señala que toda organización partidista deriva en un liderazgo oligárquico, aunque en nombre de las masas, desde Lenin hasta Fidel Castro y ahora Maduro.

 

Ahí, en los liderazgos iluministas de caudillos forjados o improvisados, se localiza el drama de las sociedades con incipientes bases y prácticas democráticas, y no, como quiere hacerse ver ahora en Venezuela y desde los sesenta del siglo pasado en Cuba, en el acoso del imperialismo estadunidense. Ciertamente que Washington opera en América Latina como quien ve a su patio trasero, pero la respuesta política e intelectual es la misma: culpar al acoso imperial para consolidar oligarquías revolucionarias hereditarias y caudillistas.

 

Washington se topó con una piedra castrista en 1961 con la frustrada invasión de Bahía de Cochinos y pactó con la URSS en 1962 el retiro de las bases de misiles en La Habana –apuntando a territorio del este estadunidense– a cambio de no realizar ninguna otra maniobra de deposición de Castro. Eso sí, los EE.UU. diseñaron un bloqueo comercial y aislaron al régimen comunista. Sin embargo, el halo de simpatías por Cuba se terminó muy pronto: en 1971 el gobierno de Castro se peleó con los intelectuales que lo encumbraron y desde entonces el gobierno cubano –con Fidel y ahora su hermano Raúl como heredero dinástico del poder– es autoritario, dictatorial y represor de derechos fundamentales reconocidos desde la Revolución Francesa.

 

Raúl Castro ha reforzado el autoritarismo comunista ante la decisión del presidente Donald Trump de congelar el deshielo –que no propuesta de contrarreforma– en las relaciones bilaterales que operó su antecesor Barack Obama y ahora Maduro explica el reforzamiento del autoritarismo venezolano –represión directa, en realidad– por el acoso del imperio. Sin embargo, desde el desmoronamiento de la Unión Soviética, Washington también encontró desde su punto de vista que el socialismo es imposible en América Latina, que los populismos son funcionales a los intereses económicos del imperio y que no hay razón para regresar a los años de los temores de la revolución cubana a comienzos de los sesenta.

 

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