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HomeOpiniónCarlos Ramírez

Columna Indicador Político

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El gobierno colosista

 

La vida cambia en su totalidad en menos de un segundo. El presidente Salinas estaba en Los Pinos terminando un discurso ante campesinos, cuando captó de reojo cierto nerviosismo del general Cardona, su jefe del Estado Mayor, con dos oficiales entrando y saliendo de prisa; y luego, dos frases antes de terminar, apareció Córdoba, cuchicheó algo con el militar y los dos miraron hacia donde estaba el presidente. En la última frase apenas pudo pensar algo: Chiapas, otra vez.

 

Sin protocolo, Salinas dio las gracias a los asistentes y caminó de prisa hacia donde estaban sus colaboradores, dejando a los asistentes con la posibilidad de un saludo de mano o alguna fotografía. Salinas tomó a cada uno del brazo y los colocó a su lado y caminó. Apenas cruzó la puerta y fuera de miradas y oídos extraños:

 

qué ocurrió

perentorio, sin preguntar, imperativo

atentaron contra el licenciado Colosio.

Salinas soltó un

¡¡¡carajo!!!

 

y se encaminó hacia su despacho en el primer piso, saltando escalones de tres en tres que ya se sabía de memoria. Abrió de golpe y de pie quedó a la espera de datos del general:

 

qué, dónde, cómo, cuándo, por qué, quién,

 

como si fuera tan fácil saberlo, aunque debiera porque ellos eran los responsables de un Estado y el Estado debe saberlo todo, indagarlo todo, preverlo todo, suponerlo todo, inventarlo todo, adelantarse a todo, o no, o de qué estamos hablando, cómo fue posible, quién vigilaba, quién cuidaba, quien preveía, claro, si las cosas fueran en un sentido, pero si era en otro, entonces las preguntas eran las mismas pero hacia dentro del Estado.

 

qué saben

 

no pregunta sino que parece introducir la intervención de algún ponente en sesión política o de gobierno, qué saben, quién sabe, cómo saben, cómo saberlo, debo saberlo, tienen que saberlo, quién lo sabe, yo no sé.

 

Los dos colaboradores apenas tienen el dato del atentado, en un mitin, en una colonia popular llamada Lomas Taurinas, Tijuana, barrio bravo, amenazas de siempre, una manta, sí, una manta, una manta que fue el segundo dato que enviaron al general Cardona, luego de avisar del atentado, una manta en lo alto de una casa, una manta que no era nada y puede ser todo para no ser nada, “Camacho y Marcos te vigilan”, no, parece que el licenciado no la vio, había mucho desorden, pusieron el templete al fondo de un callejón en lugar de ponerlo en la calle, pero ya para qué preguntar esas cosas que saldrán en las indagatorias, fue por sorpresa, Tijuana no prendió focos rojos, grupos radicales dispersos, más bien zona de nadie por la llegaba de miles de migrantes esperando cruzar la línea y meterse en los Estados Unidos, pero nada más, ¿nada más?,

 

¡¡¡¡nada más!!!!!

 

estalló el grito presidencial, no preguntando sino regañando, claro, nada más que un atentado contra el candidato del PRI a la presidencia de la república, su sucesor, mi sucesor, el sucesor, el único al que no debían de hacerle algo, a mí a lo mejor sí, pero no a él.

¿y cómo está?

La pregunta obligada,

no sabemos, fueron dos disparos

 

a esperar, a pensar quién, quiénes, cuando, por qué, y ahí nadie sabe nada, aun si se trató de un crimen del poder, de un crimen de Estado, porque los posibles involucrados tienen que ocultar gestos hasta lo profundo de su inconsciencia, los tres mirándose, pero ya después vendrá esa parte, ahora lo que importa es saber cómo salió, dio instrucciones:

mi médico que se vaya a Tijuana

Valadés el procurador también

y Beltrones que viaje de Sonora a Tijuana.

y aquí nos quedamos hasta saber su estado de salud

los tres

El

tiempo

comenzó

a

transcurrir

len

ta

mente.

Al día siguiente, los ánimos parecían calmados. Los reportes llegaron rápido:

 

me permito informar a la superioridad que el señorlicenciadocandidato fue atacado por un individuo joven que aprovechó la aglomeración cuando el señorlicenciadocandidato salía del fondo del callejón para salir a la calle y abordar su vehículo, todo sucedió muy rápido, las guardias fallaron por los empujones de la gente, el general domiro jefe de seguridad quedó aislado detrás del principal como cuatro metros pero con mucha gente entre él y el principal, nadie vio la pistola sino hasta que estalló el primer disparo y el señorlicenciadocandidato soltó un grito y se llevó la mano derecha a su cara y luego sonó otra explosión y el señorlicenciadocandidato se dobló por la cintura y como que se hundió en un mar de gente que no nos dejaba llegar hasta él para protegerlo y en medio de la confusión la gente atrapó al tirador y le dio una madriza que le quitó la vida en ese instante porque los gritos de cuídenlo para que diga quién lo manda llegaron tarde y ya cuando el agresor estaba y golpeado tirado muerto bien muerto y todos estaban encima del señorlicenciadocandidato tratando de ayudarlo pero la verdad es que lo estaban ahogando hasta que llegó el general domiro y abrió un círculo y vinos en el suelo a la víctima con sangre en el rostro y sangre en el cuerpo a la altura del estómago y el doctor castorena el médico de la víctima pudo quitar a codazos a quienes no lo dejaban avanzar y se hincó, lo revisó y dijo que las heridas eran muy serias y que había que llevarlo lo más rápido posible al hospital más cercano y sin muchos cuidados muchas manos levantaron el cuerpo como muerto del señorlicenciadocandidato y cargado zarandeándolo lo subieron a una camioneta que pasaba por ahí porque nadie se preocupó por establecer los protocolos de seguridad ni poner una ambulancias y todo fue al ahí se va cargándolo sin preocuparse por las heridas y no hubo mucho problema porque la víctima estaba como desmayada desguanzada no se movía

 

y así sigue el relato

 

dice el general cardona, ya permitiéndose una sonrisa porque pasamos al final y anotamos que el licenciado colosio se salvó

 

tenemos el cuerpo de una persona del sexo masculino de aproximadamente 45 años de edad, complexión fuerte, aproximadamente de 1.75 metros de altura, vistiendo chamarra, camisa, pantalón, ropa interior y calcetines, sin zapatos, en estado inconciente, presentando a primera vista y por reportes de quienes lo colocaron en la mesa de operaciones dos heridas presuntamente por arma de fuego de alto calibre, una en el rostro y otra en el estómago, las dos de seriedad porque le hicieron perder mucha sangre, pero las primeras decisiones del doctor castorena, médico particular de la víctima, estabilizaron sus signos vitales, aunque con una extrema debilidad, con signos también de desmayo, la herida del rostro no penetró sino que le rozó de abajo hacia arriba en la mejilla derecha, externa pero con profundidad que le rozó desde la mandíbula inferior hasta el temporal derecho, lo que dejó la impresión de que la bala pudo haber penetrado en el cerebro y causado muchos mayores problemas, pero la bala pasó rozando, pero en su viaje fue hacia dentro porque comenzó con la superficie de la mandíbula y por la profundidad del canal que abrió  esa bala iba penetrando la cabeza en su viaje hacia arriba; los primeros datos indican que se trata de una herida seria pero no mortal, y por el calibre de la bala dejará una marca grave que pudiera un poco aliviarse con tratamiento estético pero sin borrar de todo la cicatriz del evento; la bala no penetró en el cráneo pero si causó daño profundo en el cachete y parte exterior del cráneo, sin penetrar pero si rozando el hueso craneano provocando fisuras de atención inmediata y no de peligro, pero sí provocando dolores fuertes de cabeza en el paciente.

 

La herida en la parte media del cuerpo sí fue de peligro, no atacó ninguna parte vital pero sí rozó un poco el hígado en su parte externa, dañó el estómago e inutilizó el vaso; el sangrado durante el tiempo en que ocurrió el percance y su llegada al hospital, quizá quince minutos, sí provocó un sangrado constante y de alto riesgo, aunque inmediatamente se pusieron unidades de plasma para atender ese inconveniente; la operación para localización de la bala, limpiado de la herida y revisión de los órganos vitales duró más de dos horas, con algunas llamadas de alerta de respiración, taquicardia y baja peligrosa de presión arterial.

 

por la dimensión de los daños y lo delicado de la operación, es recomendable que el afectado debe guardar reposo absoluto en terapia intensiva cuando menos un mes y luego paulatinamente hacer ciertos ejercicios para recuperar la movilidad; podemos pronosticar que el paciente podría tener una recuperación total de su salud en un periodo de entre cuatro y seis meses, siempre y cuando cumpla con las medidas de cuidad, de seguridad de su salud y sobre todo de ejercicios de rehabilitación por los daños causados por la herida en el estómago, además de atender la cirugía reconstructiva del cachete y de parte de la sien donde cruzó una bala, en cuya rehabilitación casi total tardaría quizá un año, dejando apenas una línea como marca, imperceptible a primera vista,

 

y así siguen los reportes

dijo el general Cardona,

qué bueno

replicó el presidente en esa reunión quizá apenas una semana después del incidente y luego de haber hablado con Colosio al tercer día del atentado, los dos con una charla amigable, más preocupados por la salud que por la política, pero cuando el presidente se disponía a despedirse del enfermo, Colosio le dijo que quería comentarle dos cosas

 

importante para el país y para mí y para usted

Salinas suspiró porque sabía que era inevitable

y para todos

y se dispuso a escuchar que

no renuncio a la candidatura

Salinas apretó el teléfono celular

que Zedillo siga la campaña por mí

Salinas apretó las mandíbulas, un gesto que nunca se trasmite por el aparato telefónico

Y vamos a ganar

Salinas sonrió apenas, casi como mueca

Son tres cosas

Colosio no pudo sonreír por el parche en el cachete.

 

Las elecciones se celebraron en medio de tensiones, la crisis en las élites priístas anteriores al atentado no se solucionaron; al contrario, las sospechas de todos con todos envenenaron el ambiente y, dijeron los cercanos, agriaron el carácter de Colosio, de por sí bastante negativo antes del 23 de marzo. Colosio se hizo cargo de la totalidad de su campaña, se fue separando de Salinas, ya no necesitó a Camacho y éste decidió salirse de la negociación con los zapatistas porque el subcomandante Marcos había apostado al desmoronamiento del sistema priísta con el atentado y había rechazo los cuarenta puntos de paz de Camacho y Salinas.

 

En Los Pinos, Salinas entendió que había perdido su sucesión. Se encerró en su despacho sin hablar con nadie y dijeron que lo hizo para armar sus estrategias políticas como expresidente. En las columnas políticas hubo más diciendo que el atentado había sido culpa de Salinas porque Colosio se había negado a renunciar a la candidatura, sin que la investigación oficial pudiera avanzar porque el autor del atentado había sido muerto a golpes en el mismo lugar del suceso. Las indagatorias sobre la vida de Aburto no pudieron encontrar un camino pericial porque se trataba de una persona casi sin vida fija, su familia vivía en San Diego, cruzando la frontera de Tijuana, sus relaciones políticas llevaron a grupúsculos ultrarradicales, sin potencialidad destructiva, el arma había sido un revolver Taurus de cañón largo, muy usada, y su rastro se perdió en la venta clandestina de armas en Tijuana, sin tener datos sobre su posible uso en otros delitos. Y como era de esperarse la familia de Aburto dijo desconocer las actividades de Mario.

 

La investigación se extravió en el sistema judicial.

 

Sin Aburto, el atentado quedó hundido en un mar de incógnitas.

El saldo de las elecciones favoreció a Colosio con 55% de los votos, y los primeros análisis registraron el voto de la victimización; Zedillo continuó la campaña de Colosio mientras éste se recuperaba, pero el país ya metido en una lucha de facciones

 

Así no era, repetía Colosio en el hospital, así no era, así no.

 

Salinas mantenía el control mínimo del gobierno, disminuyó apariciones, no pudo cambiar la versión en el medio político de una presunta responsabilidad; para evitar mayores provocaciones, Córdoba renunció al gobierno y regresó a su natal Francia, inclusive rechazando un cargo técnico en el Fondo Monetario Internacional. Camacho también asentó su residencia en Londres y encontró espacio en un instituto de economía prospectiva, olvidándose de la política; a algunos amigos confió que sí había llegado a un acuerdo con Colosio para anunciar finalmente el 22 de marzo que no aspiraba a ninguna forma de candidatura a cambio de ser el secretario de Gobernación del gabinete de Colosio con la agenda de una gran reforma política de régimen, no sólo de procedimientos electorales o partidistas. Camacho ya no tuvo oportunidad de hablar con Colosio porque Zedillo –como candidato en funciones– había construido no sólo una muralla alrededor de Colosio, sino que a tres días del atentado funcionó como operador político del candidato con nombramiento adelantado de secretario de Gobernación.

 

Esta es una tarjeta armada por un grupo de analistas de temas estratégicos desde el enfoque de inteligencia y seguridad nacional:

 

Los meses de marzo a finales de diciembre fueron de una lucha sin reglas por el control de algunos hilos del poder: el presidente Salinas perdió capacidad de gestión, el PRI se fracturó con el atentado contra Colosio, la investigación fue influida por los intereses de Salinas para alejar sospechas y aunque el propio Salinas supo siempre que sería imposible borrar esa percepción de todos modos quiso que en los documentos oficiales quedara asentada la tesis del asesino solitario, Colosio permaneció bajo atención médica seis meses, Zedillo representó bien a Colosio y Colosio ganó las elecciones, con Colosio convaleciente pero con ya con actividades en las oficinas del PRI y en la que fue su casa de campaña en Aniceto Ortega apenas tenía fuerzas y ánimo para definir el gabinete presidencial, todos los grupos trataron de aprovechar la debilidad física de Colosio, Salinas fue aumentando paulatinamente la presión sobre Colosio aprovechando el tiempo político de la transmisión del poder del día de las elecciones a mediados de noviembre, la agenda política fue dominada no sólo por el atentado contra Colosio sino por las presiones estadunidenses a favor de mayor democracia en México y la CIA aumentó su planta de agentes y analistas en México en medio de la preocupación de una Secretaría de Gobernación sin hilos de poder.

 

El único político con fuerza propia que aparecía con Colosio era el gobernador sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera, pero con pocos espacios de movilidad porque el PRI se había desarticulado. Otra figura que comenzó a destacar en el equipo de Colosio fue el político guerrerense José Francisco Ruiz Massieu, pero su parentesco político con el presidente Salinas padecía sobresaltos por el divorcio accidentado de Adriana Salinas de Gortari y el encono de Raúl Salinas con José Francisco. En septiembre Ruiz Massieu fue asesinado en las calles de Lafragua al salir de una reunión política en el Hotel Casablanca, hecho que enardeció más a los priístas, pero se interpretó como el mensaje de seguirle cortando operadores a Colosio. El presidente electo pareció haber perdido ánimo, fuerza y sobre todo capacidad de análisis de la realidad, porque en todas las reuniones externaba exabruptos sin sentido que impedían decisiones racionales, aunque todos lo justificaban por el atentado y, peor aún, por la enfermedad terminal de su esposa por cáncer.

 

El escenario de toma de decisiones de Colosio se redujo a tres agendas: la definición de un gabinete sin figuras de relevo, las presiones estadunidenses para mantener y agilizar la operatividad del tratado de comercio libre y la insistencia incómoda del presidente Salinas sobre el presidente electo para influir en sus decisiones. La ruptura de Colosio con Salinas ocurrió el 20 de noviembre, en una reunión en la casa particular del presidente saliente para discutir el tema de la política económica; los datos que había recopilado Colosio hablaban de una presión gigantesca sobre el tipo de cambio por la fuga de capitales que había comenzado en mayo de 1993 con el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y la disminución de las reservas a niveles que no podían sostener el tipo de cambio fijo; sin embargo, Salinas no quería devaluar y Pedro Aspe Armella amenazó en esa reunión con presentar su renuncia si había devaluación; la discusión subió de tono: Colosio necesitaba mandar un mensaje de cambio con su gabinete y Salinas y Aspe insistían en que había que mantener la continuidad cuando menos durante un periodo de seis meses a un año, y para ello Aspe sugirió que Colosio lo ratificara en la secretaría de Hacienda cuando menos por seis meses y que la garantía de temporalidad se resolvería con una carta de renuncia con fecha en blanco…, pero nadie quería dar pasos reales de distensión.

 

La crisis se potenció cuando después de esa reunión el subprocurador Mario Ruiz Massieu renunció a su cargo acusando al PRI del asesinato de su hermano, lo que le vino a dar la puntilla a la fuga de capitales y reveló la durísima lucha por el poder, sobre todo aprovechando esa tierra de nadie en el poder cuando el presidente termina su periodo y el nuevo aun no llega a asumir el poder. Y a ello se agregaba el estado de ánimo entre tenso, autoritario y agotado de Colosio, sin que pudiera surgir un colaborador que pudiera administrar la agenda cargada de decisiones. Con Camacho y Córdoba en el extranjero y deslindados de cualquier actividad política y Salinas metiéndose con sugerencias que parecían decisiones, Colosio no tuvo más remedio que descansar en Zedillo, un tecnócrata eficaz que llevaba la marca de Córdoba, con capacidad de control administrativo y ahora ya con su tutor separado con océano de por medio. Como para dejar una pieza más o menos propia con capacidad de comunicación con Salinas, Colosio dejó entrever que Zedillo sería secretario de Gobernación sin más agenda que la de mantener funcionando la administración central. Y sin José Francisco Ruiz Massieu en el congreso, entonces Colosio iba a tener un inicio formal de gobierno bastante anticlimático, aunque cuando menos con hilos indispensables de control.

 

Las últimas horas de Salinas estuvieron dedicadas a aleccionar a Colosio sobre las formas de ejercer el poder; y algunas fuentes de alto nivel dicen que Colosio tuvo la paciencia de hablar largo y tendido con Salinas ante la decisión de enviarlo fuera del país con la meta de obtener la presidencia de la Organización Mundial de Comercio; Colosio le prometió a Salinas que le daría todo el apoyo, pero en el fondo sólo le daría el respaldo indispensable con la intención de abandonarlo para que no alcanzara ese cargo, porque Colosio tenía claro que había que sacrificar algunas partes del tratado comercial para lograr avanzar algunos puntos de su agenda social y política, pero aún, en la víspera de la toma de posesión, sin tener claro sus alcances, dado que el proyecto político hablado con Camacho había muerto en Lomas Taurinas y peor ya con Camacho en el exilio.

 

El desánimo de Colosio estalló en la tercera semana de noviembre: murió su esposa víctima de cáncer, se dio la reunión en casa de Salinas para discutir las presiones devaluatorias y Mario Ruiz Massieu había soltado los demonios en el PRI. La inminencia del cambio de gobierno, la desactivación del potencial violento del EZLN por las negociaciones de Manuel Camacho y la crisis en el PRI fueron insuficientes para que Colosio vendiera expectativas sociales. La difusión del gabinete con Zedillo a la cabeza como secretario de Gobernación no logró tranquilizar a la gente y de nueva cuenta la bolsa de valores volvió a derrumbarse y la fuga de capitales dejó las reservas internaciones con apenas dos mil millones de dólares. En las columnas políticas quedó asentado el argumento de que una devaluación en diciembre pegaría en la credibilidad de Colosio.

 

Quienes pudieron reunirse con Colosio en los meses de octubre y noviembre salieron con desánimo; ya había superado las operaciones para reparar las heridas, la cicatriz en el rostro no había desaparecido del todo y algunos que lo vieron no pudieron aclarar si esa sonrisa amarga era producto de la cicatriz tensando los músculos del cachete, de la depresión política por los acontecimientos o la impotencia ante la profundidad y diversidad de la crisis nacional. Sus confidentes Federico Arreola y Ricardo Canavati no pudieron cambiar esa sombra de pesimismo.

 

La ceremonia de toma de posesión perdió su encanto, la oposición aprovechó la oportunidad para interpelar al nuevo presidente, Salinas tuvo la decisión de no estar presente y la voz de Colosio se percibió débil, un poco por el efecto del atentado pero varios notaron un dejó de desencanto personal. Los meses de recuperación lo habían enflaquecido más, su bigote lucía blanco y alguien le había recomendado un corte de cabello demasiado corto que exponía su rostro marcado por la bala y por el adelgazamiento apresurado.

 

Un periódico captó el ambiente de ese día con un titular a toda plana: “Sí Pudo”. Otro tituló: “¿Para qué?”

 

Los cinco años de gobierno de Colosio pueden resumirse en una palabra: desastre. En el 2000 el PAN le arrebató la presidencia al PRI.

 

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