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Claudia Luna Palencia - CONEXIONHISPANOAMÉRICA
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Columna Por la Espiral

Tw: @claudialunapale

Economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales.

 

La crisis del Open Arms

 

La Unión Europea (UE) no es distinta de Donald Trump en cuanto a su política migratoria es simplemente la misma expresión de indiferencia hacia las cláusulas más universales de los derechos humanos.

Indiferencia es la palabra de sociedades que quisieran vivir en mundos ideales –inexistentes- y posiblemente inalcanzables con tales desniveles de desarrollo y reparto del ingreso, y fundamentalmente de la riqueza.

El mandatario estadounidense no guarda las apariencias en cuanto a sus intenciones, digámoslo él es políticamente incorrecto, y eso cae mal a unos pero simpatiza con otros. Trump nunca ha ocultado su rechazo al foráneo máxime si es ilegal.

En cambio la UE muestra una cara más tolerante hacia el exterior, o bien al menos eso lo pretende, pero hacia el interior el club está francamente desunido, fragmentado y desnortado en cuanto a qué camino elegir de forma unificada en materia de política migratoria.

El tema se manejaba bastante bien, cada país atendía su propia complejidad, hasta que la guerra civil Siria y la Libia desnudaron las enormes carencias en política comunitaria migratoria en una UE  madura con sus 60 años de existencia.

Y vienen huyendo de una guerra, muchos son perseguidos, llegan hasta con golpes, con alguna mutilación, violados, explotados, muchos tienen una profesión o la tenían porque la propia desastrosa vorágine de sus respectivos países los ha terminado orillando a salir corriendo de allí.

Fue hasta que la canciller germana Angela Merkel propuso una política común de reparto de cupos de inmigrantes ilegales la mayoría sirios, libios, eritreos y subsaharianos que vimos un sacudimiento, un corrimiento de tierras, entre el resto de los 27 países miembros.

La mayoría se rebelaron (desde Reino Unido a los países de Europa del Este) a la idea de Merkel de repartirse inmigrantes fue la gota que colmó el vaso de los británicos que presionaron al entonces primer ministro David Cameron para realizar el referendo del Brexit, el 23 de junio de 2016; les pareció intolerable que Alemania  pretendiese imponer que recibieran a miles de inmigrantes para tratar de atajar la crisis humanitaria desbordada en las fronteras europeas y sobre todo la llegada por el Mediterráneo en barcos de la muerte.

A COLACIÓN

Reino Unido ha dicho que prefiere irse de la UE pero tomar el destino en sus manos para hacer justo lo mismo que Estados Unidos: recrudecer sus leyes  migratorias y perseguir al foráneo.

Fraguada la propuesta de Merkel,  los derechos humanos para los inmigrantes ilegales han quedado en territorio de nadie, además de Reino Unidos y Hungría también Italia se alza como el clon de la persecución que ejecutan los estadounidenses con Trump al frente.

Matteo Salvini, vicepresidente y primer ministro del Interior de Italia, pertenece a la Liga Norte (partido de extrema derecha) y recientemente convocó una moción de censura contra el primer ministro Giuseppe Conte porque Salvini figura favorito en todas las encuestas como primer ministro.    

Lo ha logrado gracias a su discurso del odio, ha cerrado los puertos para evitar que los barcos de las oenegés -que salvan a los náufragos en el Mediterráneo- toquen tierras italianas; ha propuesto una ley que ya fue votada por el Senado “la Ley Salvini” para multar desde 50 mil euros a un millón de euros a personas, organizaciones y barcos que ayuden a los inmigrantes y pretendan llevarlos a puertos italianos.

En estos momentos hay un barco: el Open Arms cerca de Lampedusa lleva doce días en alta mar, primero rescató a 121 personas y luego a 39 más,  Italia le niega el puerto no quiere acogerlos, tampoco Grecia ni Malta; el actor Richard Gere  acudió a llevarles víveres  para contribuir también a visibilizar más el enorme drama de esta pobre gente. Son gente, son seres humanos.

Hay una chica que viaja quemada porque su patrón libio la roció de gasolina por negarse a ser violada, huyó  y así se encuentra bajo el sol, la sal marina, la humedad; hay más de 30 menores y varios enfermos.

El mensaje que da la Europa humanitaria es claro “que se ahoguen a mí no me importa”, se reflejan en el espejo de Trump, quizá por eso Hitler metió al horno a más de seis millones de judíos. Total a quién demonios le importa…

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