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Doctor en Periodismo

@fquinterog

¿Memoria histórica?

Mi amigo Pedro Ramos, un magnífico escritor y una mente privilegiada, al hilo de nuestra conversación hace unos días se refirió a la humanidad como “una especie en extinción”. Su frase zarandeó mi conciencia. Puede que tenga razón, una razón más que contundente.

Crecemos, evolucionamos, avanzamos y, sin ánimo, de ser desconsiderados o desinformados, el mundo en el siglo XXI, nada tiene que ver con el siglo XX, así sucesivamente siglo tras siglo. Pero me quedan dudas porque reconozco al ser humano como algo desmemoriado y sobre todo como algo obstinado en repetir los mismos errores de siempre. Reconocernos en la filantropía, debería ser reconocernos en el propio ser humano.

Esta bella palabra, filantropía, proviene del griego φιλανθρωπία (philanthropía = amor a la humanidad), compuesto por φίλος (philos = amigo o amante) y ἂνθρωπος (anthrópos = hombre, ser humano). Filántropo es, entonces, el que profesa amor a sus semejantes. Son muchas las personas que así se reconocen, y son muchos los ejemplos de esa realidad filantrópica. Pero, también, es cierto que asistimos a una corriente anti-filantrópica si observamos la situación de un mundo donde las diferencias se agudizan, se levantan muchos muros morales, económicos y sociales y donde el fascismo vuelve a campar a sus anchas en la vieja Europa. Dejando especialmente claro que la filantropía no tiene por qué estar fundamentada en ninguna doctrina religiosa, y, ni mucho menos, en el ámbito de una caridad mal entendida y disfrazada de buenismo.

La memoria histórica en España la asociamos al justo reconocimiento de la dignidad perdida por los que sufrieron el azote fascista durante la dictadura de Franco. Este texto, esta conversación en voz alta con aquellos que les interese leerme me ha permitido hacer ese parangón en el título del texto legal, gracias a esa excepcional ley aprobada en el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, con lo que ocurre en la realidad de estos días en un mundo tan globalizado pero al mismo tiempo más “ombliguista”.

Quizás pueda pensarse que de nada sirve este ejercicio periodístico, pero siempre queda el enfermizo optimismo y conversar de lo que fuimos y lo que somos destapa en cierta manera nuevas formas de no repetir un pasado que tan pernicioso ha sido para individuos, países y planeta en general. No podemos aceptar y asumir que todo está perdido con el cambio climático por el negacionismo de Trump y otros poderes conservadores a los que solo les prima el vil interés económico. No debemos cejar en nuestro empeño y bajar los brazos frente a aquellos que quieren imponer su modelo de pensamiento unitario y totalitarista frente a la igualdad, los derechos de las personas emigrantes, las diferentes formas de amar, la libertad de expresión o los modelos económicos entre otros factores de imposición basados en la no aceptación de la diferencia.

Debemos tener memoria histórica para no volver a caer en todos esos errores que ya conocemos que hemos cometido y parecemos condenados a volver a cometer. Yo, al menos, desde esta ventana al mundo no pienso ejercer una complicidad pusilánime. La dignidad de tener memoria, nos hace más libres.

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