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Doctor en Periodismo

@fquinterog

Los niños también lloran

A muchos les habrá rondado la memoria la, ya madura en edad, canción del artista Miguel Bosé “los chicos no lloran” al leer el título de este artículo de opinión. Viene a colación por lo ocurrido estos días con los comentarios vertidos en medios de comunicación sobre el Príncipe Jorge de Inglaterra. Lara Spencer, presentadora de ABC en EEUU en el popular programa “Good Morning America” dijo en tono burlesco “a ver cuánto le dura” al referirse a las clases de ballet que recibirá el joven heredero.

Evidentemente la burla iba disfrazada de una calificación sexista y estereotipada de la profesión, oficio o hobby de la práctica del ballet. De manera automática, y como no podía ser de otra manera y dada la inmediatez de nuestros tiempos, se produjeron numerosas reacciones en las redes sociales de destacados coreógrafos y personas anónimas que denostaron la actitud de la presentadora de televisión.

Además de esto al día siguiente se sucedieron las muestras de repulsa ante tales hechos y bajo el “hashtag” #boydancetoo se sumaron miles de internautas a las mismas. A esto se añade que se concentraron más de trescientos bailarines de todas las edades, incluyendo a algunos de seis años como la misma edad que tiene el Príncipe Jorge, para mostrar su desacuerdo con las palabras de Lara Spencer.

Todo esto que puede parecer una espontaneidad más de la velocidad en la que se desenvuelven nuestras vidas en pleno siglo XXI, a mi juicio, vuelve a poner de relieve que aún hay mucho por hacer en conceptos de igualdad y no discriminación por cualquiera que sean los hechos que propician dicha discriminación.

La libertad como brazo fundamental para sostener un estado de derecho pasa, indiscutiblemente, por la libertad del individuo, y ésta requiere que el género, la orientación sexual, el credo, el origen o la ideología no sean supuestos que mermen la identidad de cualquiera de nosotros. Dicha identidad no sólo se circunscribe a la de género u orientación sexual, también a cualquiera de nuestras expresiones culturales o gustos. Si casi en el año 2020 tendemos a pensar que el ballet es cosa de niñas…flaco favor hacemos al crecimiento de nuestra sociedad en valores humanos, culturales o sociales en general. El lenguaje es nuestra primera forma de expresar lo que sentimos o cómo valoramos cualquier hecho. El impacto que nuestras palabras ejercen sobre otras personas puede resultar infinitamente dañino. Nadie merece, y menos desde una tribuna pública y mayoritaria, como el magazine de televisión más popular de las mañanas en América, un comentario de esas características. Fueron justas y aceptadas las disculpas de la presentadora.

Sírvanos estas muestras de solidaridad con el discriminado para que nosotros desde nuestras pequeñas o mayores tribunas hagamos posible que el lenguaje contribuya a equilibrar tantas injusticias y desigualdad que muchos colectivos, profesiones, gustos, creencias y orígenes han sufrido durante siglos. Para empezar, y sirva, éste mi pequeño escaparate de la palabra para ello, entono el mea culpa y me adelanto en pedir disculpas aquellas veces que hice mal uso de mi palabra. Súmense.

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