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¡No puedo vivir sin ti!

“No puedo vivir sin mi móvil”, parece una frase hecha pero es una expresión que repiten a diario millones de personas, entre las cuales seguramente estamos incluidos y que encierra una verdad absoluta comparable con el heliocentrismo. Y es que en la actualidad los teléfonos móviles, con todo lo que implica su uso, se han convertido en una especie de órgano externo del cuerpo humano y su ausencia produce incluso todos los síntomas que indican que nos hace falta una pieza en nuestro organismo.

Es cierto que los teléfonos móviles nos simplifican mucho la vida y yo soy el primero en reconocer que son fundamentales para el correcto funcionamiento del mundo actual, pero me paro a pensar, hay capítulos en la historia de la humanidad en los que no existían estos aparatos y el engranaje del mundo también rodaba sin problemas. Como en casi todo, el desencadenante no está en el artefacto, si en la raza humana.

El uso y la importancia que le damos a las cosas son los que hacen que se convierta en bueno o malo. Hay informes que afirman que pasamos de media 61 horas usando nuestros smartphones cada semana, o lo que es lo mismo, dos días y trece horas. Lo cual es escalofriante si lo ascendemos a cifras anuales. Es verdad que el uso del móvil difiere en función de la franja de edad, pero el crecimiento es exponencial.

Teniendo en cuenta la esperanza de vida actual, los estudios afirman que pasamos entre 20 y 25 años durmiendo, y con un uso del teléfono como el mencionado antes, pasamos otros 20 años metidos en nuestros smartphones, “aislados” de nuestro entorno. Lo cual me hace plantear la pregunta, ¿cuánto tiempo vivimos en realidad? ¿Cuánto tiempo damos abrazos en lugar de likes? ¿Cuánto tiempo decimos halagos en persona en lugar de comentarios en un post? ¿Cuánto tiempo vamos al supermercado a comprar entre la gente en lugar de hacerlo por internet? ¿Cuánto tiempo quedamos para hablar con nuestros seres queridos en lugar de ponerles un Whatsapp?

La lista de preguntas es cuanto menos interesante. Uno de los propósitos de año nuevo más comunes en la sociedad moderna es el de usar menos el móvil, lo cual deja claro que sabemos que su uso excesivo no es un hábito saludable. Pero ya sabemos cómo acaban siempre estos propósitos.

La nomofobia, que es así como se define al miedo irracional a salir de casa sin nuestro smartphone, es un trastorno que afecta en mayor o menor medida a muchísima más gente de la que podamos imaginar, es una “enfermedad” que trae consigo el peor de los síntomas, un diagnóstico difícil o peor aún, la negación de la misma.

La cifra de accidentes de tráfico anuales causados por la distracción del teléfono es escandalosa, es necesario tomar conciencia en serio sobre lo que supone este mal necesario en nuestras vidas. Se cuenta que minutos antes de morir vemos pasar nuestra vida en dos segundos, me resulta peligrosamente melancólico que más de la mitad de ese tiempo lo pasemos con un objeto que ni nos va a llorar.

 

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