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HomeOpiniónFrancisco Quintero

Doctor en Periodismo

@fquinterog

Auf wiedersehen

Pudiera parecer que es redundante volver a hablar de la exhumación del dictador Franco.

Pudiera parecer que relatar la crueldad de los acontecimientos históricos que le acompañan a lo largo de sus cuarenta años de gobierno totalitario es volver a los tópicos históricos que estamos leyendo en muchos sitios.

Pudiera parecer que como dicen algunos dirigentes de la derecha española “dejemos enterrado el pasado”.

Pudiera. Pero soy de la opinión de que nunca será lo suficientemente mostrado el horror, el terror, la crueldad y la falta de libertad de cualquier sátrapa para que el conocimiento de los hechos nos permitan no volver a repetirlo.

Todos sabemos que el ser humano tiene cadencia a dejarse envolver por la repetición de hechos históricos de los que no sentirnos orgullosos en exceso.

Los hechos vividos estos días en España con la exhumación del dictador sin duda representan un ejercicio de madurez transgresora para la democracia española.

Era, absolutamente, inadmisible tener expuesto como si de un lugar de honor se tratara a quien fue el dictador más longevo en el seno de un país de la Unión Europea como es España. Vilipendiar a las familias de los miles de ajusticiados, torturados y masacrados por la cruel dictadura del llamado “generalísimo” era absolutamente insostenible en cualquier estado de derecho y España no podía ser menos.

La justa reparación al amparo de Ley de Memoria Histórica del año 2007 llevaba mucho tiempo de retraso, sujeta a los cambios de gobierno que propiciaron un largo periodo de gobierno conservador y las reticencias de la familia del dictador que puso todo tipo de trabas judiciales.

El enaltecimiento del terror en el corazón de una democracia europea como la española no tiene parangón y además es una anomalía en cualquiera de sus perspectivas, como del mismo modo no se hace en otras democracias de nuestro entorno en el caso de Alemania con Hitler o de Italia con Mussolini.

Como tercer pilar de estas palabras recalcar la magistral acción del gobierno actual de España en un tema tan delicado. La pulcritud con la que se han seguido los pasos indicados por el Tribunal Supremo, y la espera de las resoluciones del mencionado tribunal, como no podía ser menos por otra parte, a pesar de todas las zancadillas de la familia del dictador.

La representación del gobierno de la Nación estuvo en su justa medida, la seguridad del acto de exhumación la necesaria, y el respeto a la intimidad familiar garantizada a pesar de las algaradas neofascistas con la intención de convertir el cumplimiento de una sentencia judicial y el reparo de la democracia en un vil acto de rememoración de arcaicas maneras totalitarias, en las que se vio envuelta España en el siglo XX.

Adiós dictador.

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