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López, la intransigencia como norma

 

El Señor Lopez, Presidente de México, ha establecido la intransigencia como norma de su sexenio, no le gusta la oposición, no le gustan los organismos autónomos que pudieran contradecirlo o criticarlo, en sus conferencias matutinas, no informa ni contesta preguntas que no le gustan.

 

Se burla de los medio de comunicación que no le favorecen, insulta a quien quiere desde su investidura presidencial. Miente con frecuencia, amenaza, culpa de todos los males del país a los expresidentes y lo que el llama neoliberalismo, y siendo un conservador, acusa a otros de conservadores. Tergiversa historias, inventa cifras, se contradice, su política pública de regalar dinero, la hace a costa de cancelar empleos, de cerrar programas sociales.

 

Lopez abusa de su poder como Presidente, cada conferencia mañanera, es trasmitida de forma gratuita por los mismos medios a los que insulta con adjetivos, como prensa fifí, término en desuso, rescata frases históricas que emplea a su modo y conveniencia.

 

El Presidente de México, por momentos pierde la mesura, arenga en la plaza pública cual candidato.

 

Acusa de corrupción a los expresidentes y no presenta pruebas, ni existen acusaciones ante las autoridades competentes. Su gabinete pareciera no existir, la mayoría lo integran incompetentes pero leales.

 

Su presidencia en estos meses destaca más por sus exabruptos, por sus pésimos chistes, por el linchamiento público a personajes que le son incómodos.

 

No respeta las autonomías de las Cámaras tanto del Senado como la de Diputados, no respeta al Poder Judicial, quiere un control totalitario, lo único que desea es tener empleados que lo obedezcan, que hagan lo que el dice.

 

No respeta protocolos, no entona el Himno Nacional ni hace el saludo al Lábaro Patrio. Tiene una obsesión desmedida por parecerse a Juárez.

 

No admite que su popularidad va a la baja, utiliza la Tribuna para mezclar peroratas religiosas con arengas políticas. Impone su visión a costa de lo que fuere, no tiene respeto por la Cultura.

 

Lopez tiene una visión retrógrada, sus propuestas anquilosadas, sus políticas públicas son un desastre para la economía, prefiere el carbón a las energías renovables.

 

No escucha a nadie, tiene obsesión en cuanto a su papel en la historia de México, confunde su labor como líder de la Nación con la de un predicador.

 

Incumple promesas, hace trampa, engaña, es la imagen viva del populista setentero, es un político de viejo cuño en pleno Siglo XXI.

 

Lopez alejado de la realidad concreta, vive su propia realidad, cuyo discurso anticorrupción ha embaucado a 30 millones de mexicanos, que aun no resienten los estragos de una toma de decisiones, caprichosa, arbitraria, sin rumbo ni dirección valorativa, con graves problemas de incompetencia.

 

Lopez la intransigencia como norma de gobierno.

 

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