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Juan María Naveja Diebold 

 

Consultor financiero independiente. Egresado de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania, la Universidad La Trobe de Melbourne, Australia y el Tecnológico de Monterrey (Campus Gudalajara, México). 

 

La mona sin vestido sigue siendo mona

 

Escuchó a muchos turistas describir Estados Unidos como “el set de una película”. Ciertamente el país tiene un énfasis en la planeación urbana y estética arquitectónica que no se ve en otros lugares; hay una sensación de familiaridad y orden en todos lados, muchos incluso dicen que, a pesar de ser un país tan grande, se ve igual en todos lados. A algunas personas les gusta este “maquillaje” a otros les parece monótono, lo indiscutible es que es deliberado. El maquillaje está ahí para darle un sentido de orden y estabilidad.

 

Los ciudadanos en países desarrollados confían en sus sistemas económico y de gobierno y es clave mantener el nivel de confianza para que la gente siga consumiendo, invirtiendo, pagando sus impuestos y participando en los elementos electivos.

 

Siguiendo con el ejemplo de Estados Unidos, hay consecuencias positivas y negativas de confiar en sistemas fielmente. En el tema de salud, es el país con mayores avances médicos y uno de los mejores estándares de vida. Estadísticamente, casi cualquier diagnóstico o procedimiento tiene un mayor porcentaje de acierto en el sistema estadounidense. Para lograr estas métricas, los médicos recurren a sistematizar su práctica, no basan sus diagnósticos y decisiones en su experiencia personal o instinto médico, siempre siguen paso a paso lo que descartaría las posibilidades más altas y llegan a una conclusión por proceso de eliminación. Los resultados son más precisos, pero para cuando llegan al diagnóstico, ya se le quitó la gripa al paciente. Es uno de los costos de generar la sensación de seguridad en la población, “aquí los doctores no cometen errores” (aunque te maten evitándolos).

 

Es la confianza en su sistema la que permitió a moderados votar por Donald Trump y lo que mantiene a una gran porción de la ciudadanía incrédula de que su presidente pueda haber sido situado por una fuerza foránea para atacar su soberanía. En México y muchos otros países, con mucha menos evidencia, ya lo hubiéramos colgado de la alhóndiga.

En Estados Unidos la gente confía en que su sistema político no hubiera dejado que un agente ruso llegara a la presidencia y que, de ser el caso, la verdad saldrá al aire de una manera contundente. Es la única potencia mundial que nunca ha perdido un conflicto armado, han sobrevivido una guerra civil, dos mundiales y otra docena sin ser invadidos; nunca han visto a un gobierno derrocado y sus escándalos más grandes no ocuparían ni la primera plana en Domingo Santo en México. Consecuencias de maquillar a la sociedad, hay buenas y malas. 

Les dejo con una fácil y buena que me gustaría ver en México. Hay evidencia que muestra que el poner más botes de basura en las calles reduce el crimen en una zona. La lógica dicta que cuando los potenciales delincuentes ven basura en la calle brincan a la conclusión que la zona no está vigilada, aunque sea a un nivel subconsciente, les quita el miedo a delinquir. Lo mismo sigue con la presencia policiaca, hay mucho debate al respecto del costo y eficiencia de las fuerzas judiciales en México, pero es algo similar a los guardias que se usan en edificios y fraccionamientos; nadie cree que detendrán un crimen por fuerza, solo se usan para crear un obstáculo adicional. Si se aumentaran las patrullas vehiculares y pedestres en focos estratégicos, el crimen bajaría.

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