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Juan María Naveja Diebold

juanmaria7@gmail.com 

Consultor financiero independiente. Egresado de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania, la Universidad La Trobe de Melbourne, Australia y el Tecnológico de Monterrey (Campus Guadalajara, México). 

 

La generación ‘millenial’

 

A los millenials no les preocupa la diversidad religiosa, preferencia sexual o etnicidad; no consideran el capitalismo porque viven una existencia post-capitalista. Ya no hay rastros de Karl Marx, Che Guevara o Martin Luther King en sus pensamientos, pero es fácil identificar a Albert Camus en sus actitudes, pareciera que están confinados a vivir su vida en el formato narrativo de Joseph Campbell y quizás sus vidas se desarrollan en una novela de George Orwell.

Sus antecesores están preocupados por saber dos cosas, cómo les venden y cómo los controlan. Estas preguntas les resultan difíciles porque son drásticamente diferentes a su generación pasada. La característica definitiva de un millenial es que creció con acceso a internet. Un millenial no ve barreras de información, está acostumbrado a recibirla de manera inmediata y resolutiva; no considera a su presencia física como separada de su presencia virtual, vive en paralelo en las redes y afuera; no quiere estar atado o encasillado, su nivel de individualismo auto-percibido es mucho mayor, aunque no sea el caso y para bien o para mal cree que no hay otro igual a él, busca participar y pertenecer a grupos, pero no busca permanencia, sino maximizar su utilidad y placer a costa de todo excepto la monotonía.

Los millenials crecieron en un momento en el que desaparecieron las pensiones y se catapultaron miles a fortunas juveniles de la noche a la mañana. Sus mayores los juzgan como desleales o desconcentrados porque siempre están a punto de brincar al próximo mejor o más satisfactorio trabajo, pero ellos son la primera generación que emerge consciente de tener que fondear su propio retiro y temiente de ser reemplazado por tecnología o mano de obra más eficiente; no es una diferencia en valores lo que ha hecho que los millenials duran menos en sus empleos, es una realidad laboral diferente.

Las encuestas también muestran que es una generación mucho más optimista que cree que en el futuro ganará más dinero y alcanzará mayores logros haya o no evidencia para sustentarlo. Han visto a contemporáneos hacer fortunas diseñando software desde la adolescencia, practicando deporte, cantando, actuando y hasta simplemente publicando sus vidas en las redes lo que, en combinación con diez años de deuda barata y denominaciones cada vez mayores, les ha hecho creer que el dinero es más fácil que lo que piensan los mayores.

 No han vivido una guerra entre potencias mundiales, participación militar obligatoria, pandemias o sequías incontrolables. Son mucho más probables de tener tatuajes sin importar su entorno o profesión. No hay lugar para ineficiencias en su vida y no pretenden esperar al cambio. Pierden el interés cuando una actividad no es documentable o evidenciable; no es importante reciclar, es importante que la foto del producto en envase PET con el que se toman fotografías para sus redes tenga el logotipo de reciclaje. Confían más en la información que reciben de sus contactos sociales que de editoriales renombradas e interpretan la validación social de la viralidad virtual como una verdad incontrovertible.

Será interesante ver cómo evolucionan estas características conforme esta generación enfrente los inevitables retos y obstáculos de la civilización y asuman el control y destino del mundo.

 

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