Monday, August 8th, 2022
29 C
cielo claro
Madrid
humidity: 35%
wind: 3 m/s E
H31 • L28
Tue
33 C
Wed
34 C
Thu
32 C
Fri
32 C
Sat
31 C
HomeOpiniónJuan María Naveja Diebold
Juan María Naveja Diebold
 

Consultor financiero independiente. Egresado de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania, la Universidad La Trobe de Melbourne, Australia y el Tecnológico de Monterrey (Campus Gudalajara, México). 

 

El sueño americano deportado

 

La administración del Presidente Trump anunció que pondría fin al Dream Act (Development, Relief and Education for Alien Minors), que nombraba y amparaba a los hijos de migrantes indocumentados que habían llegado a los Estados Unidos como menores de edad, también conocidos como «dreamers» (soñadores).

Después de décadas de incertidumbre y limbo para los hijos menores de migrantes indocumentados, Barack Obama firmó una orden ejecutiva que les otorgó permiso laboral a 800,000 de estos soñadores y, en algunos estados, otros derechos como a créditos gubernamentales universitarios y permisos para manejar vehículos motorizados.

Trump es un mezquino racista que ha mostrado una completa ignorancia a la dinámica migratoria de los Estados Unidos (y todos los otros temas relevantes a la oficina que desempeña). Sin embargo, el acta que pasó Obama es igual de ilegal que las reformas migratorias que ha hecho Trump para prohibirles la entrada a musulmanes a Estados Unidos y acelerar la deportación de migrantes indocumentados. Ambos presidentes usaron su poder ejecutivo para legislar, un derecho exclusivo del Congreso.

El Dream Act surgió de la inactividad que tenía el congreso para definir qué depararía a los cientos de miles de jóvenes que crecieron en Estados Unidos y aunque no conocen otra patria, no tienen el derecho a vivir ahí. El revocarla es el mismo argumento usado en su contra, el presidente le está exigiendo al congreso que legisle un tema controversial sobre el cual no hay un consenso en la nación.

Por un lado, están los que creen que «premiar» a los hijos de indocumentados fomenta la migración indocumentada y la actividad criminal en ese grupo; no están equivocados. Por el otro lado, están los que argumentan que los migrantes indocumentados nunca han infringido las reglas ellos mismos y merecen una oportunidad de vivir el sueño americano, ellos también están en lo correcto a pesar de su ingenuidad. En lo que no cabe duda es que no es factible ni correr a todos, ni dejarlos viviendo en Estados Unidos con el riesgo de algún día ser deportados.

Una de las múltiples facetas que parecen escaparles a Trump y sus seguidores es que son 800,000 jóvenes desplazados que se sienten rechazados por el país en el que están viviendo. Obviamente es un grupo crítico de riesgo a hacerle daño a los Estados Unidos si no se les convence de protegerlo.

No es un tema blanco y negro y no amerita una solución de deportar o legalizar. La solución óptima está en crear una figura legal con derechos limitados y una supervisión más rigurosa bajo la cual estas personas puedan llevar una vida normal en Estados Unidos. Si es necesario, que paguen impuestos, se unan a las fuerzas armadas, trabajen los sectores más necesitados y habiten las áreas que han sufrido de un abandono poblacional; pero que tengan un camino, porque lo último que necesita Estados Unidos ahorita es un grupo de jóvenes desplazados sin nada que perder sumándose a sus problemas domésticos.

No comments

leave a comment