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Juan María Naveja Diebold

Juan María Naveja Diebold

Consultor financiero independiente. Egresado de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania, la Universidad La Trobe de Melbourne, Australia y el Tecnológico de Monterrey (Campus Guadalajara, México). 

Guerra del fin del mundo

 

Son infinitos los escenarios en los que se podría desatar una tercera guerra mundial, cada década parece haber un nuevo «villano» acechando: Rusia, el Estado Islámico, Corea del Norte. Sin embargo, a pesar de la constante amenaza, puede ser difícil visualizar una serie de eventos tangibles que fraccionarían al mundo en dos facciones suficientemente fuertes para sostener una guerra de escala global. Es indispensable aclarar que el siguiente es un ejemplo y no un pronóstico, uno entre muchos potenciales, escogido por su actualidad y no su probabilidad.

Donald Trump, el presidente de Estados Unidos ha estado fastidiando por Twitter a Kim Jong-un, el líder supremo de Corea del Norte. Kim ha respondido con pruebas y demostraciones militares. Las costumbres de ambos países son extrañas al uno y al otro, para interpretarlas se recurre a «expertos» en culturas extranjeras. Los reportes de estos «expertos» son risibles, son el tipo de académicos que creen que en México hay un culto a la muerte porque celebramos el Día de los Muertos. Cada acción en el foro internacional es mal interpretada y mal comunicada, así, cualquier tweet o transporte cotidiano de misiles puede levantar una alarma de guerra para el otro país.

Correctamente, a muchos les preocupa que la tecnología de misiles intercontinentales de Corea del Norte puede atacar directamente territorio estadounidense. Las pruebas del último año mostraron una capacidad para alcanzar centros militares en Guam y Hawaii y se puede interpolar que el misil balístico intercontinental Hwansong 14 podría llegar a Seattle y quizás hasta Los Ángeles.

El consuelo al que recurre la mayoría es que Estados Unidos está equipado con un sistema de defensa anti-misiles, pero éste solo tiene una eficacia de 56%. Se creía que el factor de múltiples misiles de intercepción alcanza hasta 96% de los potenciales ataques, pero recientemente se reportó que ese dato es un error de cálculo que malinterpreta las permutaciones estadísticas de la intersección de dos objetos en movimiento. Cuál sea la probabilidad de defensa, el riesgo de los misiles intercontinentales sólo comienza con la detonación.

El lanzamiento de misiles de Corea del Norte hacia territorio estadounidense activaría los escudos de Estados Unidos para interceptarlos, dichos misiles tendrían que cruzar territorio ruso y chino, ninguno de los cuáles es aliado militar estadounidense. Un lanzamiento solo daría unos minutos para notificar a los otros gobiernos de lo que está sucediendo y dependería de que éstos confíen lo suficiente en la información como para apagar sus propios sistemas de defensa. Tomen en cuenta que está demostrado en simulaciones de guerra que, si la advertencia es un engaño, el país que apague sus defensas de misiles pierde la guerra. Es una petición imposible y una chispa que puede detonar la guerra que acabará el mundo.

Olvidémonos del ejemplo por un instante, con suficiente tiempo y sin vigilancia, Corea puede lanzar una bomba nuclear a cualquier parte del mundo excepto Sudamérica (incluyendo México), tienen miles de misiles de mediano rango que pueden usar sin preparación previa a Corea del Sur, Japón, China o Rusia, tienen armas biológicas, un ejército de háckers y detonantes de pulsos electromagnéticos. Cualquiera de estas «menores armas» puede darle un golpe desestabilizador al mundo que truene el orden social y la economía con consecuencias profundas duraderas irreparables. Lo que nos lleva al tema de la próxima columna, en el siglo XXI no hay enemigos pequeños.

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