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Militarizar el espacio sería un error: Pedro Duque

Por Claudia Luna Palencia

 

A lo lejos, allá en el cosmos,  todo parece tener un orden perfecto, aunque el universo está aún lleno de interrogantes que los seres humanos pretenden responder afanosamente.

 

La conquista del espacio no podría entenderse sin los avances de la ciencia y de la tecnología, dos binomios unidos ejes del progreso de la humanidad, tanto en la Tierra como más allá de la exósfera.

 

Por primera vez hace 58 años una nave espacial con un hombre abordo, Yuri Gagarin,  se puso en órbita desde la URSS y realizó un vuelo de 108 minutos; efectuó una única órbita alrededor de la Tierra significó una proeza que marcó un parteaguas para la industria aeroespacial.

 

En ese entonces, la Guerra Fría estaba en el ámbito de la geopolítica y la geoeconomía junto con la carrera armamentista, no obstante tenía la mirada en el cielo, en ser capaces de llegar lejos y tanto como las estrellas.

 

Al mes siguiente de la hazaña del joven Gagarin con la Vostok, la NASA (tras corregir sus errores matemáticos) lanzó con éxito una nave con el comandante Alan Shepard en un vuelo balístico suborbital.

 

Siguió en febrero de 1962 con un nuevo vuelo con el comandante John Glenn quien dio la vuelta a la Tierra con el Mercury Friendship 7, mientras la URSS a pesar de haber sido pionera en traspasar la órbita terrestre parecía rezagarse.

 

El éxtasis llegó el 16 de julio de 1969 con el lanzamiento del Apolo 11 con los tripulantes Buzz Aldrin, Michael Collins y Neil Armstrong, la ingeniería estadunidense estaba a punto de lograr lo inimaginable: conseguir un alunizaje exitoso y poner al ser humano como conquistador de la Luna.

 

Cuatro días después, el 20 de julio del mismo año, las imágenes en blanco y negro (a veces borrosas con cierta falta de nitidez) mostraron a Armstrong bajando de la nave y caminando sobre del suelo lunar; la bandera norteamericana en la Luna evidenció la égida supremacista.

 

A cincuenta años de distancia de ese momento histórico que marcó para siempre a la generación del Baby Boom, la gran pregunta que la gente se hace en la plenitud del siglo XXI y de cara al 2020, es por qué después de 1972 se pararon los viajes a la Luna frenándose en seco los programas relacionados con la vuelta del hombre al satélite natural.

“Otras cinco expediciones de la NASA llegaron allí en los años siguientes, hasta diciembre de 1972, cuando Eugene Cernan cerró el ciclo de los alunizajes. Después de él, ningún ser humano ha vuelto”.

 

Medio siglo después se abre una nueva ventana de oportunidad para la conquista del universo, y  primordialmente para la vuelta del ser humano a la Luna, es uno de los objetivos focales de Donald Trump.

 

El mandatario estadunidense se comprometió a iniciar una nueva era de exploración a fin de recuperar el predominio de su país en el espacio y se lo ha tomado muy en serio porque ha dicho que quiere seguir siendo presidente para  “en un plazo de 4 a 5 años” atestiguar desde la NASA la partida de una misión lunar.

 

Tiene tantas o más ambiciones que el entonces presidente John F. Kennedy obsesionado por ganarle a los rusos en el dominio del universo y, primordialmente, ser los primeros en pisar la Luna otra vez.

 

Trump ya signó un decreto que instruye a la NASA para desarrollar todo el programa necesario para tal cometido, de hecho, abarca hasta 2030 con la conquista de Marte.

 

El mundo se les ha quedado pequeño a EU, Rusia, China, Israel e India inmersos en la nueva hazaña planetaria, no es solo con fines científicos, de mejoría de las comunicaciones vía los satélites y otros artilugios; inclusive de llevar a viajeros pudientes para realizar turismo espacial esta vez lo es igualmente por el hambre de completar una carrera armamentista espacial.

 

Este año la Casa Blanca logró incluir en los presupuestos una partida novedosa para el Pentágono en aras de crear un ala espacial militar; el año pasado, el vicepresidente Mike Pence anunció el surgimiento de  la Fuerza Espacial de los Estados Unidos (USSF, por sus siglas en inglés)

“Será implementada a partir de 2020 con la intención de controlar las operaciones militares en el espacio exterior, defender a la nación de las posibles amenazas provenientes del espacio”, señaló Pence.

 

Trump firmó un decreto -el 18 de junio de 2018- estampando dicha decisión en el documento de la Directiva de Política Espacial, quedó estipulado como “la sexta rama de las Fuerzas Armadas” que contará con 140 satélites y 18 mil militares.

 

El presupuesto estimado es de 8 mil millones de dólares junto con la Agencia de Desarrollo Espacial para coordinar las operaciones espaciales ofensivas y defensivas.

 

Básicamente son satélites que EU ya tiene en órbita los hay de: comunicaciones, espías, de comunicaciones militares, de alerta temprana, metereológicos, algunos del Pentágono y GPS.

“Tiene que haber un dominio de EU en el espacio, no queremos que China y Rusia o bien otros países nos lleven la delantera, vamos a hacer todo por volver a la Luna y llegar a Marte”, afirmó el dignatario norteamericano.

 

Su meta de largo alcance incluye “además de plantar nuestra bandera” y  “dejar nuestras huellas” establecer una presencia semipermanente con la intención de construir las bases para una futura misión a Marte.

 

Si el siglo pasado el protagonismo romántico lo tuvo la Luna, en el XXI, llegar al planeta rojo probará una gesta en la que el ser humano es capaz de llevar a cabo las aventuras más intrépidas.

 

A Trump, su inquietud, pasa por  “la defensa y el dominio del espacio”, porque allí también «se combaten guerras, igual que en tierra, mar y aire». La visión futurista de Star Wars podría cumplirse algún día.

 

¿Por qué ahora? Los informes del Pentágono acerca de la actividad militar de países como Rusia y China han alentado a Trump y a Pence a tomar la iniciativa que consideran dejó postergada el anterior presidente Barack Obama quien conocía el informe del misil que China disparó en 2007; fue tan contundente que lo probó autodestruyendo uno de sus satélites.

 

Otro informe da cuenta pormenorizada del trabajo de Rusia en un sistema aerotransportado de arma láser de alta potencia destinado a interferir y alterar la comunicación satelital.

 

Parece que no hay vuelta de hoja y que el futuro del espacio también tendería a su militarización, algo que a juicio de Pedro Duque, ministro de Ciencia, Innovación y Universidad del gobierno de España, sería erróneo y muy lamentable.

 

En exclusiva, Duque reconoce que siempre es un riesgo porque como es lógico la tecnología espacial según se va desarrollando hace que más cosas sean posibles con base a los satélites que podamos tener en el espacio.

“Y cuantas más cosas son posibles, más cosas son necesarias y en caso de guerra los militares tendrían más interés en destruirlos, por lo tanto, los satélites son activos que cada vez son más relevantes para tener una  superioridad militar”, comenta en entrevista.

 

Duque puntualiza que sería un grave error militarizar el espacio además de  peligroso, sin embargo, añade “yo espero que seamos sensatos” y sean respetados los acuerdos llevados a cabo en los años de 1960 sobre la no militarización del espacio.

“Esperemos que seamos capaces de evitar este fenómeno ya tuvimos una primera etapa en la que EU parecía que iba a implementar unos sistemas militares en el espacio para protegerse de los misiles rusos y la verdad es que aquello fue una gran crisis política… ojalá aprendamos de eso”, añade meditabundo.

Odisea del XX al XXI

Para hablar del espacio hay que ser doctos en el tema, lo que hay allá arriba provoca mucho respeto y curiosidad intrínseca en los seres humanos desde su más primitivo origen hasta la civilización actual.

 

La veneración por los astros edificó la cosmogonía de los pueblos prehispánicos en Mesoamérica  y en otras latitudes como los sumerios, los egipcios y los caldeos; mientras los fenicios desarrollaban las grandes rutas del trasiego marítimo aprendiendo a guiarse por la yuxtaposición de los astros y las estrellas.

 

Pocos son los seres afortunados tocados por las hadas que han podido viajar al espacio, el español Duque es uno de ellos: nació en Madrid hace 56 años,  se graduó con honores como ingeniero aeronáutico y su curiosidad innata le motivó a formarse como astronauta tanto en Rusia como en EU.

 

Ha realizado sendas misiones espaciales, en 1998 a bordo del transbordador Discovery permaneció con otros compañeros astronautas durante nueve días en el módulo experimental de la Agencia Espacial Europea.

 

En 2003 volvió al cielo como ingeniero de vuelo, esta vez  en una Soyuz TMA, en el intervalo de diez días que permaneció en el cosmos visitó la Estación Espacial Internacional.

 

Platíquenos de su experiencia en la Ciudad de las Estrellas en Moscú…

-Si allí estuve durante muchos meses, durante dos períodos, a mitad de los años 1990 y luego en este siglo; la experiencia fue realmente interesante están todas las instalaciones para preparar  a los astronautas, es una ciudad que en principio estuvo cerrada con muchas medidas de seguridad y con una verja que la rodeaba. En la actualidad es una ciudad normal acoge  tanto a los astronautas como a sus preparadores, se vive siempre un ambiente técnico, científico de preparación de la gente… en fin de entusiasmo general porque todos los habitantes están dedicados a esto.

 

También ha estado en EU, en la NASA, ¿qué tanta diferencia hay con la logística espacial rusa?

-Lógicamente hay muchas diferencias sobre todo sociales que de otra índole, entre como vive la gente en Rusia o como vivía en la URSS ha como vive la gente en EU, en Texas… son cosas distintas. El entorno del centro de preparación de astronautas y de la fabricación de las naves espaciales es completamente diferente.  En cuanto a  la tecnología hay diferencias, el tipo de soluciones a las que se llegan, creo que cada vez menos; también hay partes en común todo se prepara concienzudamente, y los sistemas técnicos –todos- tienen un segundo sistema en caso de fallo del primero.

 

El cosmonauta español, actual ministro de Ciencia, Innovación y Universidad,  durante la plática reflexiona acerca de todo  ese mar de sensaciones “inolvidables” que le dejó estar en el espacio después de prepararse tanto tiempo.

 

“Sí, son sensaciones fuertes, montarse en un cohete, llegar a la órbita de la tierra a cientos de kilómetros de altura estar en la ingravidez… ver la Tierra desde arriba y luego trabajar con los científicos más punteros del mundo en experimentos llevados a cabo en la ingravidez; no se puede acabar de contar las sensaciones que se pueden tener”, comenta ilusionado.

 

¿Miedo a la muerte por errores humanos?

-Algunos errores pueden significar una catástrofe grande eso tiene la tecnología que hay que utilizarla con muchísimo cuidado… para evitar que uno tenga miedo de los fallos que puedan ocurrir, para eso están los años de preparación; uno va adquiriendo seguridad.

 

¿El ser astronauta y tener esa experiencia única cree que le cambió la forma de ver la vida?

-En cierta medida sí, cambiamos por esa experiencia, tiendo a pensar que cambiamos mucho más en los años de preparación, de haber estado viviendo en Rusia, en la antigua URSS, o en EU conociendo a gente a la que uno no puede dejar de admirar. Toda esa fase de preparación te cambia mucho más que el viaje en sí mismo… y  luego,  a la vuelta,  pasas del anonimato a estar en el conocimiento de la gente.

 

¿Por qué cree ministro que el ser humano no ha vuelto a la Luna desde 1972?

-Muy sencillo por falta de  prioridad en la asignación de los recursos, EU antes incluso del vuelo de Aldrin, Collins y Armstrong  había reducido el presupuesto del espacio a una quinta parte del presupuesto anterior y por lo tanto, el gobierno estadunidense a mitad de la carrera decidió que ya no estaban tan interesados y pusieron los recursos en otra cosa, por ejemplo, en la guerra de Vietnam; ese es el motivo por el que el ser humano no ha vuelto a la Luna, si se hubiesen mantenido los recursos y el interés, a la fecha se habrían alcanzado muy altos propósitos. Fue falta de asignación de recursos sobre todo.

 

La meta es el espacio

Cada vez más países están añadiéndose como competidores por  la conquista del espacio en el siglo XXI ya no son únicamente EU y Rusia, también están China, India e Israel a fin de hacerse del control del  universo  y descubrir sus enigmas.

 

¿Cree que la carrera por el espacio será el nuevo “petróleo” del siglo XXI?

-Sin ninguna duda… el conocimiento, la tecnología, el saber más son el petróleo del siglo 21 ningún otro activo tiene tanto valor intrínseco. Por eso la inversión en investigación, desarrollo e innovación son lo más rentable. Es la garantía de la prosperidad de las siguientes generaciones, invertir para desarrollar alguna tecnología de vanguardia que resuelva un  problema importante o que llegue a unas metas que ilusionan son una inversión rentable.

 

¿Qué está haciendo España en el renglón del espacio?

-España tiene una participación destacada dentro de la Agencia Espacial Europea, aquí se suman todos los esfuerzos de Europa, y España está en un cuarto o quinto lugar en contribución; participamos prácticamente en todas las misiones con un cierto porcentaje en relación a nuestra riqueza nacional y tenemos una industria muy competitiva en el tema del espacio fuera de Europa.

 

Siempre se puede hacer más, agrega el ministro Duque, y para mejorar el conocimiento de alta calidad que sea además rentable, tanto Europa como España, toman decisiones positivas para la carrera espacial.

 

¿Cuánto dinero destina anualmente España para el fomento de la carrera espacial?

-En la UE de forma conjunta los 28 países destinamos alrededor de  7 a 8 mil millones de euros al año, no tenemos ningún programa para llevar nosotros mismos astronautas, pero tenemos muchas otras áreas de investigación  espacial y de tecnología en las que superamos a EU y a Rusia. España aporta unos 200 a 210 millones de euros anuales destinados a la Agencia Espacial Europea y también desarrollamos programas bilaterales con la NASA.

 

A nivel Europa, dentro de la UE, muy a pesar de la larga crisis económica de más de diez años se han mantenido las aportaciones en ciencia, innovación y educación tomando como eje el trinomio de la i+D+I.

 

“España lamentablemente en los últimos años tomó el camino contrario al resto de los países y  estuvo reduciéndose en varios años y eso fue contraproducente; pudo llegar a ser trágico, nosotros esperamos darle la vuelta”, matiza Duque.

 

Para el destacado astronauta es relevante que se incrementen los presupuestos en investigación y desarrollo,  Duque defiende ser un firme partidario de ello “porque la ciencia y los inventos generan innovaciones” y muchas industrias se benefician.

 

“Ahora se está hablando de poner 100 mil millones de euros en los próximos 7 años  solo en la UE para investigación, desarrollo e innovación y podemos felicitarnos en general se ha entendido que invertir en i+D+I es positivo”, comenta.

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