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Nuevo puzzle geopolítico tras el G20 - CONEXIONHISPANOAMÉRICA
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HomeClaudia Luna PalenciaNuevo puzzle geopolítico tras el G20

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Nuevo puzzle geopolítico tras el G20

Por Claudia Luna Palencia

 

Algo está cambiando en el mapamundi tradicional, las piezas están reconfigurándose buscando encajar un nuevo rompecabezas: la Unión Americana tira para un lado, pero otra parte de los liderazgos visibles se unen para avanzar hacia un mismo derrotero con la finalidad de evitar el colapso del arquetipo del multilateralismo.

 

En tanto el presidente estadunidense, Donald Trump, acapara los reflectores de la prensa internacional, en los entresijos de la pasada Cumbre del G20 en Osaka, Japón varios líderes mundiales decidieron plantarle cara al unilateralismo y proteccionismo esgrimido desde Washington como un retorno forzado al pasado.

 

Se está reconfigurando un eje en el que están dos titanes: EU y China, ambos buscando alianzas a su manera de hacer las cosas. Dos naciones que van formando su propio bloque virtual de aliados, Washington desde siempre anticipó el peligro de ceder su esfera de influencia en el mundo.

 

Como lo señala Herbert I. Schiller en “La geopolítica del caos”, el quid en la Casa Blanca -su angustia existencial- radica en cómo “optimizar la condición de hiperpotencia que goza EU”.

 

Durante la Guerra Fría había visibles antagonistas que los estrategas norteamericanos tenían en la mira como potencial enemigos; no solo era la URSS como polo ideológico opuesto y de contrapeso militar, desde 1970 se habló del eje del mal formado por Irak, Libia, luego se sumó Irán.  Países relevantes productores de petróleo.

 

En 1999, la publicación del ensayo en el que participaron prestigiosos especialistas internacionales, aborda que una vez concluida la Guerra Fría (y sin la URSS en el panorama) a la paranoia por el eje del mal muy pronto se añadiría otro componente: China.

 

En ese año las prognosis referían que el gigante asiático después de 2015 sería un  factor de amenaza para la seguridad estadunidense, una variable “que le hará perder peso y representatividad en los mercados mundiales”.  A la que más pronto que tarde  Rusia se añadiría otra vez de forma resurgente.

 

Han pasado los años y de cara a 2020, Trump obliga al mundo a un posicionamiento ineludible, su forma de hacer política está resultando evidentemente efectista, sus provocaciones astutas han sacudido a todo el avispero global.

 

Las 48 horas de los líderes del G20 en Osaka pasará a la historia como uno de los encuentros más torales de los que se tenga memoria reciente: muchas decisiones han sido tomadas en paralelo a Trump y como respuesta anti Trump.

 

 

En la opinión de Justin McCurry, enviado a Japón por The Guardian, ya es inocultable una división marcadamente clara entre dos grupos de poder,  uno en minoría y otro en mayoría; el primero, tiene el asta bandera de las barras y las estrellas y el segundo, una enorme bandera roja con cinco fulgurantes estrellas amarillas.

 

La batalla inclusive además de política también es ideológica como en los viejos tiempos cuando un bando decía que el capitalismo era malo y el otro respondía que el comunismo era el pandemónium. Aquí el desencuentro está sucediendo entre el liberalismo occidental versus la resurrección del populismo de tintes totalitaristas.

 

El presidente ruso, Vladimir Putin, concedió una entrevista al Financial Times en la que utilizó de hipótesis principal el fracaso de las  ideas liberales a las que calificó de “obsoletas”.

 

“La idea liberal presupone que no se necesita hacer nada; que los migrantes  pueden matar, saquear y violar con impunidad porque sus derechos como migrantes tienen que ser protegidos”, declaró el dignatario ruso.

 

Sintonizados en la política en los tiempos de Twitter, Donald Tusk refutó al ruso condenando “el autoritarismo, los cultos  a la personalidad y los gobiernos de los oligarcas”. Eso es lo que está “obsoleto” tuiteó el presidente saliente del Consejo Europeo.

 

Hay una resucitada veneración a la personalidad en varios gobernantes, envanecidos por el control, el poder los seduce y los pone a todos frente al mismo cristal con Trump y otros líderes no siempre democráticos ni demócratas como lo son su homólogo ruso Putin; el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan; el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu; el príncipe saudí, Mohamed Bin Salmán; el primer ministro húngaro, Viktor Orbán; el vicepresidente y ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini; también está el  mandatario chino Xi Jinping y el sátrapa norcoreano, Kim Jong-un. A todos les une el rechazo al inmigrante, la obsesión por las fronteras y el chovinismo más recalcitrante.

 

En ese endiosamiento, la columnista Nesrine Malik, manifiesta su preocupación ante la deformación padecida por diversas democracias  atrapadas en el culto egocéntrico y la visión endogámica de algunos de sus representantes.

 

“Encima todos usan un lenguaje común, fundamentalmente decirle a su gente si están dispuestos a compartir, a ceder sus derechos y privilegios para compartirlos con otros que no se los han ganado. Estamos hablando de los pobres, de los indocumentados… simplemente del diferente”, argumenta la analista.

 

A Malik le llama mucho la atención que el G20 aceptase que el próximo año Arabia Saudita sea la sede del nuevo cónclave anual, justo esa nación que “hace unos meses aparecía como un paria” con sus derechos humanos cuestionadísimos ante el atroz asesinato del periodista Jamal Kashoggi, en su consulado en Reino Unido.

 

Esta imposición es una victoria para Trump, como lo señala Malik, hay una atracción fatal entre el mandatario estadunidense y el príncipe saudí Bin Salmán; el espaldarazo desde la Casa Blanca está ayudando a despegar políticamente hablando la influencia y el rol de los saudíes.

 

La hijísima de la Casa Blanca

 

Otra exigencia impuesta por el presidente norteamericano en la pasada cumbre fue el roce de Ivanka Trump con los principales líderes  congregados; es la segunda vez que él interviene directamente a favor de su primogénita para que ella obtenga un papel destacado, lo hizo en 2017 en el G20 en Hamburgo cuando le solicitó a la canciller germana Angela Merkel un espacio para que Ivanka desarrollase un encuentro con mujeres empresarias; de hecho, la hijísima sustituyó dos veces a su padre en sendas mesas de negociación.

 

En Osaka, repitió en protagonismo al codearse con los mandatarios presentes: los servicios de comunicación franceses compartieron un video en el que se observa a Ivanka participando -en inglés y en francés- en la conversación sobre justicia social que planteaba la primera ministra británica en funciones, Theresa May a sus contrapartes: el delfín Emmanuel Macron, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau y Christine Lagarde, del FMI; esta última sin esconder su incomodidad por la presencia de Ivanka, la miró varias veces con rechazo.

 

 

Todavía hay más: Trump, en sus nuevas reglas de juego, ha impuesto su peculiar estilo de comunicación prácticamente es su propio vocero, sin filtro alguno acude presuroso a escribir un tuit; se trata de su nueva arma de comunicación ninguneando permanentemente a su vocera de la Casa Blanca. Hasta que un día provoque un grave problema desde su delicada posición y el manejo de sus redes sociales.

 

A golpe de un  tuit consigue lo inusitado, unas horas antes de volar de Osaka a Corea del Sur para reunirse con el presidente Moon Jae-in, invitó al dictador norcoreano a acudir a la línea fronteriza de Panmunjom para saludarse: “Solo quiero decirle hola”, escribió Trump infantil como si, presuroso, fuera a reunirse en el patio del colegio  con su amigo de toda la vida. Confianzas aparte.

 

Dos reflejos en un mismo espejo del protagonismo incesante, para Jong-un casi venerado en Corea del Norte era imposible desperdiciar la oportunidad de lucirse ante el mundo y ante su propia gente… para Trump era el momento de recolectar la foto para el anaquel de la historia: el primer presidente en cruzar y pisar territorio norcoreano. Más votos para su causa política.

 

Roces, guiños y hechos

 

Foto de familia no menos exenta de encuentros y desencuentros, queda el enorme desaire de Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, al  primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. En una de las plenarias, el canadiense permaneció sentado entre el presidente de China y el de Brasil, se giró para saludar a este último; sin embargo,  Bolsonaro lo ignoró groseramente dándole la espalda para acercarse a otra persona. Trudeau quedó patidifuso  por la descortesía.

 

No menos desapercibida fue la foto de la reunión que solicitó Putin con May, las relaciones ruso-británicas nunca han sido buenas, los recelos ingleses por el Kremlin son históricos e histéricos porque Downing Street siempre ha visto con cierta manía a los rusos. En la instantánea, May figura con la cara desencajada, impertérrita y desganada para acercarle la mano al líder ruso que debió hacer todo el esfuerzo por estirar más su brazo.

 

En general, la foto de familia de los 19 líderes más el canciller Marcelo Ebrard, en representación del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, es toda una declaración política de  intenciones, según lo expresa, Carme Colomina.

 

Muy observadora, la destacada investigadora del Centre for International Affairs (CIDOB), aduce en entrevista exclusiva que esa distribución de los líderes para tomarse esa gran foto significa en parte “el cambio de era”;  hay un viraje  hacia un nuevo rumbo y se atraviesa una etapa transicional.

 

“Vemos a Merkel que la colocan en una punta mientras los países de la Commonwealth están mejor posicionados en el centro; por su puesto,  Turquía y Arabia Saudita aparecen con una posición preminente”, subraya Colomina.

 

Esa primera línea, la de hasta adelante, estaba ocupada por personajes bastante cuestionados en materia de derechos humanos como sucede con Turquía, Arabia Saudita, EU, China y Rusia.

 

Lo interesante de esta reunión recién concluida, indica la analista internacional, es que permite visualizar cómo se están reequilibrando los poderes en el mundo  y cómo hay visiones claramente enfrentadas casi en proceso de colisión.

 

“Vemos alianzas transnacionales de fuerzas populistas y otras de países comprometidos con el multilateralismo  y todo eso se dejó al descubierto en las negociaciones con muchas reuniones bilaterales previas y en los márgenes del G20”.

 

Y eso, añade, la experta del think tank ubicado en Barcelona, afecta a la UE porque precisamente lo que se está poniendo en tela de juicio son las reglas del juego de su relación interna con los estados miembros, de su relación de vecindad con aliados o socios más próximos; pero también de sus relaciones internacionales y de sus alianzas tradicionales construidas desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Y claramente está su relación trasatlántica con EU.

  

Hay voces que hablan de democracias deformadas por el culto de la personalidad…

 

-El  problema que tiene la UE es que está a merced de fuerzas centrífugas y centrípetas, de la presión externa e interna; la democracia liberal sobre de la que se construye el proyecto de la UE no solo está desafiada desde el exterior sino también en el interior eso es lo que hace que la UE sea más vulnerable que nunca.  No solo es un modelo a exportar como poder global como actor influyente en su región, y en su vecindad, sino que ahora está cuestionado desde su interior. Ahora hay estados miembros  que discuten cuáles son los valores fundacionales de la UE y qué implican los deberes de ser miembros de la UE.

 

Hay una doble tensión, interior y exterior, y esta crisis interna le afecta en su capacidad de mostrarse como un actor fuerte y efectivo  a nivel global.

 

Reformas y desbloqueos

 

Otro hecho trascendental resultante de la pasada reunión del G20 tiene que ver con el posicionamiento trilateral de Putin, Jinping y de Narendra Modi, primer ministro de India, a favor de una reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

 

Es relevante porque, desde el año pasado, Trump viene presionando por reformar al organismo eje del comercio global, a dicha propuesta se sumó Francia pero se habían sostenido reticentes China y Rusia mientras que India mantenía su silencio. Finalmente los tres mandatarios se han pronunciado a favor de reestructurar a la OMC.

 

Se trata de un trabajo arduo que aún no tiene fecha de inicio, pero por lo pronto el mensaje es nítido para el mandatario estadunidense que lidera esta propuesta prácticamente a golpe de amenaza porque o se reforma o EU abandonará el entramado institucional.

 

 

Asimismo se desatascó las negociaciones del Mercosur y la UE, en una de los encuentros propiciados por España en los márgenes del G20, los involucrados acordaron darle luz verde al acuerdo comercial entre ambos bloques regionales. Interesante porque llevaban casi 20 años empantanados en arenas movedizas.

 

Al respecto, Colomina cree que este movimiento no esperado por nadie, obedece a la necesidad de la UE de demostrarle a Trump su convencimiento a favor del libre comercio y del multilateralismo.

 

“Ese es el mensaje más importante de la firma con el Mercosur, una forma de  decirle  que la UE cree en el multilateralismo; segundo, es un mensaje a favor del regionalismo, la UE es un proyecto regionalista y eso a la vez promueve y defiende la vinculación con el Mercosur… es decir que el regionalismo tiene futuro al ponerlo en la agenda política en América Latina pero también en general”, afirma convencida.

 

Otro aspecto de este desbloqueo es el tándem formado en los últimos años entre España y Alemania, Colomina abunda que ambos han pasado años en una cierta entente, una coordinación.

 

“No solo cuando estaba el anterior presidente del PP que se entendía con  Merkel por ser de la misma familia política también con la llegada de Pedro Sánchez;   hay una petición de España para el desbloqueo  y Alemania ha dado su apoyo”, subraya.

 

Mientras el mandatario estadunidense da un paso atrás, la UE y el resto del mundo lo dan hacia adelante… quedarán eliminados los aranceles para el 93% de las exportaciones del Mercosur.

 

Ha sido un proceso larguísimo, dos décadas, intentando entenderse con los socios del Mercosur formado por Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela.

 

Aunque Venezuela es miembro del Mercosur no está participando directamente en las negociaciones con la UE, figura como observador, una situación muy compleja porque uno de los miembros de peso del club sudamericano se mantiene reticente  atrapado por su propia vorágine política con el sátrapa de Nicolás Maduro.

 

Las economías sudamericanas con todo y sus múltiples problemas tienen un potencial mercado de clase media que desata el apetito de los productores industriales europeos; se habla del 80% del PIB de la región y de 250 millones de consumidores que sumados a los 500 de la UE significarían 750 millones de potenciales consumidores.

 

Abrazos históricos

Se está volviendo realidad. El proteccionismo de Trump y su política de amagos está haciendo posible que posturas irreconciliables puedan destrabarse y hasta buscar la forma de cómo encontrarse: sucedió con el abrazo afable  entre el mandatario de China, Xi Jinping, con el anfitrión de la Cumbre del G20, el primer ministro Shinzo Abe.

 

Jinping se comprometió a visitar Japón en la próxima primavera “para devolver el gesto de la visita de Abe” en octubre pasado, pero también para respaldar un enorme cúmulo de acuerdos binacionales de gran calado.

 

Dos naciones históricamente enfrentadas por viejos resabios y conflictos bélicos que caminan al deshielo y hacia la cooperación mutual así como al intercambio económico y cultural.

 

Igual de simbólico que el líder ruso se haya encontrado en Osaka con su homólogo japonés a fin de alcanzar un acuerdo de paz entre ambas naciones y quitarle hierro a  los problemas diplomáticos por el estatus de las islas Kuriles. Muy inteligente la estrategia nipona de reconciliarse con viejos antagonistas desde China hasta Rusia y acercarse a ellos para buscar  grandes acuerdos.

 

 

Hay una parte de la geopolítica obrando a favor de reducir la concentración de tensiones que la visión unilateral y egoísta de la Unión Americana  ha propagado en los últimos meses ante su insistencia de romper con los consensos globales y peor todavía con el statu quo de los organismos internacionales que contribuyó a crear al final de la Segunda Guerra Mundial.

 

En voz de Colomina, ella opina que estamos viviendo “un final de era”,  por ejemplo, aquí en Europa es el fin de la era Merkel plasmada además en la más reciente renovación -para los próximos cinco años- de todo el ejecutivo de los órganos de gobierno de la UE, incluido el Parlamento Europeo que tuvo elecciones el pasado 26 de mayo.

 

Igualmente negociado  entre  España, Francia y Alemania (lo hicieron aprovechando el verse en Osaka) los tres hablaron de sus candidatos más plausibles para colocarlos en el gobierno europeo: Macron propuso a Christine Lagarde, entonces directora Gerente del FMI para encabezar el Banco Central Europeo (BCE); Sánchez puso en el tablero a Joseph Borrell, su ministro de Relaciones Exteriores para encargarse de los destinos de la diplomacia europea.

 

La canciller Merkel logra colocar a una mujer de su confianza, Ursula von der Leyen, como presidenta de la Comisión Europea, un honor que por vez primera se concede a una mujer al igual que con Lagarde en el  BCE; la Presidencia del Consejo Europeo, apoyado por Macron, recae en el liberal belga Louis Michel.

 

Si Rusia, India y Japón están moviendo sus piezas para tener un buen sitio en la reconfiguración del nuevo puzzle global, la UE no quiere quedarse atrás en esta transición a la que llegará después de 2030 con el 4% de la población mundial frente a enormes competidores. Hay que encajar la pieza en el nuevo mapamundi económico.

 
 
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