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Suicidio en el mundo: anatema del siglo XXI - CONEXIONHISPANOAMÉRICA
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Suicidio en el mundo: anatema del siglo XXI

Por Claudia Luna Palencia

Se ha roto el estigma de la pobreza y de la falta de oportunidades como caldo de cultivo en sociedades en las que tomar la decisión de quitarse la vida ha sido interpretada como una válvula de escape fatal.

De cara a 2020, sigue siendo un tema tabú, convertido en un enorme problema de salud pública y desgarro social porque afecta a miles de familias  a tal grado que, entre los jóvenes de 15 a 29 años de edad, el suicidio es la segunda causa de mortandad.

Desde la sede de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Ginebra, Suiza el organismo ha realizado un llamado de alerta pidiendo a las políticas públicas hacer más dentro de los esquemas de prevención del suicidio. Más atención.

Y es que según datos de la OMS, las estadísticas al respecto pueden ser escalofriantes: “Cada 40 segundos, una persona en cualquier parte del mundo está quitándose la vida, por lo que de media anual 800 mil personas fallecen por su propia mano”.

Es una medida drástica letal que provoca más muertes anuales que la malaria,  el cáncer de mama y los homicidios, y que sigue sin ubicarse en el epicentro de la atención merecida para el tamaño del fenómeno.

Tanto la familia, como el apoyo de las instituciones pertinentes, son necesarias para actuar como mecanismos de contención temprana de este tipo de conductas que terminan lacerando moralmente a la sociedad en su conjunto.

“Cada suicidio es una tragedia que afecta a familias, comunidades y países y tiene efectos duraderos para los allegados de quien lo comete. El suicidio se puede producir a cualquier edad”, advierte Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS.

El directivo puntualiza que este infortunio para la familia, los amigos y los colegas puede ser previsible: “Hacemos un llamamiento a todos los países para que incorporen de forma sostenida en sus programas nacionales de salud y formación estrategias de eficacia probada para la prevención oportuna”.

De los 196 países miembros de la OMS, en la actualidad únicamente 38 naciones cuentan con mecanismos de prevención para el tema del suicidio mediante la actuación de programas establecidos a través de diversas políticas públicas pertinentes con el tema de la salud; la salud mental y otras psicopatías así como depresiones, rechazo social o bien para víctimas de la conducta calificada como bullying.

“Ya es un grave problema de salud pública; no obstante, es prevenible mediante intervenciones oportunas, basadas en datos fidedignos y a menudo de bajo coste. Para que las respuestas nacionales sean eficaces se requiere una estrategia de prevención del suicidio multisectorial e integral”, señala el más alto representante del organismo internacional.

Respecto del caleidoscopio de su interpretación, hace tiempo  dejó de tener un patrón de conducta más homogéneo, para incorporar a este espectro a un mayor número de personas inclusive de países con elevadas rentas per cápita.

“La tasa de suicidios estandarizada por edad correspondiente a 2016 fue de 10.5 por cada 100 mil habitantes. Ahora bien, la variación fue enorme de un país a otro: desde 5 suicidios por 100 mil  habitantes a más de 30”, de acuerdo con las estadísticas de la OMS.

“Pese a que el 79% de los suicidios de todo el mundo se registraron en los países de ingresos bajos y medianos, la tasa más elevada de 11.5 por 100 mil habitantes, correspondió a los países de ingresos altos”, destaca Adhanom Ghebreyesus.

Por grupos etarios, la edad más vulnerable es el intervalo que va desde los 15 a los 29 años de edad en la llamada población joven, muchos aún en la adolescencia todavía sin alcanzar la mayoría de edad.

En cuanto a la diferenciación por género, también es llamativo que la incidencia del suicidio sea casi tres veces más elevada en los hombres que en las mujeres a cualquier edad que viven en países de ingresos más altos; porque en los de ingresos medios y bajos la tasa por género está mucho más igualada.

A nivel país prevalecen diferencias, en cuanto a la ratio per cápita, por ejemplo: en Guyana  es de 30.2 personas por cada 100 mil habitantes, le siguen Lituania, Rusia y Bielorrusia con datos cercanos.

En España es de 6 casos por cada 100  mil habitantes; en México de 5.2 casos por cada 100 mil habitantes, mientras en Estados Unidos ha tenido una evolución creciente pasó de tener 10.5 casos por cada 100 mil habitantes en 1999 a 14 por cada  100 mil en 2017, llama poderosamente la atención el comportamiento en la tasa juvenil de 20 a 24 años en la Unión Americana que era de 12.5 casos por cada 100 mil habitantes en 2000 y aumentó a 17 personas por cada 100 mil habitantes en 2017.

 Objetivo de Desarrollo Sostenible

Con base al informe mundial de la OMS  titulado “Prevención del suicidio: un imperativo global”, la recomendación para mitigar dicha fenomenología estriba en la sensibilización y darle mayor visibilidad a fin de colocarla en un área fundamental de la agenda mundial de salud pública.

Asimismo, alentar y apoyar a los países para que desarrollen, implementen y fortalezcan estrategias integrales-focales de previsión del suicidio “en el marco de un enfoque multisectorial de la salud pública”.

“Se trata sin duda de una de las condiciones prioritarias del Programa de acción para superar la brecha en salud mental establecido por la OMS en 2008, que proporciona orientación técnica basada en pruebas científicas con miras a ampliar la prestación de servicios y atención de problemas de salud mental, neurológicos y abuso de sustancias”.

Queda un año para llevar a cabo una gran evaluación al respecto del Plan de acción sobre salud mental 2013-2020 que los 196 Estados miembros de la OMS se comprometieron a trabajar a fin de lograr la meta mundial de reducir las tasas nacionales de suicidios en un 10% para 2020.

Además forma parte, recuerda Adhanom Ghebreyesus, de la meta 3.4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles: “De aquí a 2030, el desafío es reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles mediante su prevención y tratamiento, y promover la salud mental y el bienestar”.

No será un cometido sencillo dada su enorme complejidad. En opinión de Enrique Baca García, jefe del Departamento de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz, el suicidio responde a una conducta multifactorial.

 ¿Qué factores inciden para que a nivel mundial incremente el número de suicidios como lo ha informado recientemente la OMS?

-Los factores económicos, de vertebración y estructura social influyen notablemente. Desde el punto de vista individual, la desesperanza, las expectativas frustradas  y el aislamiento social son importantes. También,  las enfermedades mentales están detrás de la mayoría de los suicidios especialmente importantes son los trastornos afectivos y los trastornos relacionados con el uso de sustancias; por ello, el acceso a la atención sanitaria puede influir muy negativamente en las tasas. Por ejemplo, todos estos factores están detrás del aumento en la tasa de suicidios  en Estados Unidos.

Para el prestigioso psiquiatra español, si bien esta conducta de daño autoinflingido no  puede predecirse, si puede prevenirse y es una “responsabilidad de las administraciones” concienciar a la sociedad e implantar planes de prevención, tal y como recomienda la OMS.

Respecto de la situación en España, Baca García, comenta que el año pasado 4 mil personas se quitaron la vida en el país ibérico,  con una edad media en personas menores de 35 años; si bien son “tasas más bajas que en otros países” no debe perderse de vista que existe  “una posible infranotificación” y estas tasas no han disminuido en los últimos años.

“Para actuar más efectivamente, para atacar esta problemática social, hay que hacerlo con información, acceso a servicios sanitarios e identificando lo antes posible a las personas que están en riesgo para hacerles llegar ayuda”, subraya el también catedrático  de la Universidad Autónoma de Madrid.

Aquí en España, algunas fundaciones y organismos privados, han creado diversas apps con la finalidad de poner la tecnología y la información lo más cercana posible para esos momentos críticos de dubitativa flaqueza en la que el ánimo se quiebra.

La Fundación Salud Mental España diseñó Prevensuic, la primera herramienta pionera  en los dispositivos móviles, entre sus funcionalidades incluye un plan de seguridad, señales de alerta, fotos de vida o razones para vivir.

La intención de las apps es complementar el marco de la práctica clínica y primordialmente ayudar a evitar un desenlace fatal, hay otras iniciativas que van proliferando por el lado del sector público sanitario.

La unidad de Salud Mental del Hospital Regional de Málaga recabó datos interesantes tras su experiencia directa con varios casos dramáticos: “Detectamos que el 50% de las personas que se quitaron la vida en los últimos diez años en la provincia de Málaga tenían el teléfono móvil en sus manos”.

Por ende, se creó la  app “Más caminos”  en conjunción con la ONG  Justa Alegría y la Asociación Teléfono de la Esperanza, es totalmente descargable de manera gratuita y cuenta con ayuda disponible las 24 horas del día.

“Esta aplicación móvil se enmarca dentro de un programa global de intervención para la prevención y el tratamiento de conductas suicidas, en línea con las estrategias de actualización del Plan Integral de Salud Mental de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía”.

Grupos en peligro

La OMS recuerda que existe una correlación entre el suicidio y los trastornos mentales, sobre todo la depresión, el consumo de estupefacientes, la drogodependencia  y el alcohol; desde luego  hay tendencias impulsivas “en momentos de crisis” que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida.

Son muchos y muy variables los grupos vulnerables: “Comenzando con las personas que se sienten discriminadas, por ejemplo, los refugiados y migrantes; las comunidades indígenas; las personas lesbianas, homosexuales, bisexuales, transexuales, intersexuales; y los reclusos”.

En los últimos años se ha puesto especial atención a los afectados por bullying, en España han salido a la luz pública varios casos de niños y adolescentes que  terminaron quitándose la vida porque no soportaban más ser objetos de acoso, burlas y otras humillaciones en sus centros escolares.

A este respecto, la psicóloga Noelia Navarro Gómez, señala en relación al bullying que “este lastre en la UE se estima que lo sufren alrededor de 24 millones de niños y jóvenes al año” eso significa que 7 de cada 10  padecen alguna forma de acoso o intimidación de tipo verbal, físico o a través de las nuevas tecnologías y redes sociales.

“Aunque el acoso más frecuente es el tradicional abuso en el colegio, éste se está viendo desplazado por nuevas vertientes como el bullying electrónico extendido principalmente en Estados Unidos, Reino Unido, España, Francia, Holanda y Rusia; sin obviar el sexting, o difusión de imágenes o vídeos de alto contenido erótico con el objetivo de humillar a la víctima”, abunda la experta de la Universidad de Almería.

A su vez, Navarro Gómez explica que la  generalización y el fácil acceso a estas nuevas formas de comunicación, junto con la expansión masiva de redes sociales como Facebook o WhatsApp, permiten la difusión vírica de “contenidos vejatorios”.

“Consideramos que su potencial como arma de abuso reside, entre las razones expuestas, en su posibilidad de anonimato, lo que permite al abusador ocultar su identidad, dificultando las posibilidades de intervención para frenar este tipo de conductas”, señala.

¿Qué sucede entonces? Se forma una burbuja de presión porque estas formas de maltrato se convierten muchas veces en “intolerables”; también Navarro Gómez llama mucho la atención sobre del impacto de la crisis económica: “Desde el comienzo en 2008, los suicidios en la población joven han aumentado de forma exponencial, quizá debido a las altas tasas de paro y de falta de oportunidades laborales”.

En cuanto a los métodos más socorridos para autoinflingirse la muerte están identificados que un 20% de todos los suicidios se cometen por autointoxicación con plaguicidas (el método más usado en las zonas rurales de los países de ingresos bajos y medianos); le siguen  los líquidos químicos, el ahorcamiento y las armas de fuego.

¿Prevenir? Es una de las palabras que más repite la OMS y los psiquiatras que tratan con casos de  personas  con pocas ganas de vivir, el abecedario recomendado por los galenos expertos incluyen: 1) Restricción del acceso a los medios del suicidio sean armas de fuego, plaguicidas, líquidos venenosos, químicos y ciertos medicamentos; 2) orientación escolar in situ; 3) información responsable por parte de los medios de comunicación; 4) introducción de políticas orientadas a reducir el consumo nocivo de alcohol; 5) identificación temprana, tratamiento y atención de personas con problemas de salud mental y abuso de sustancias, dolores crónicos y trastorno emocional agudo; 6) capacitación de personal sanitario no especializado, en la evaluación y gestión de conductas suicidas; 7) seguimiento de la atención dispensada a personas que intentaron suicidarse y prestación de apoyo comunitario.

El suicidio es un problema complejo y, consiguientemente, las actividades de prevención exigen la coordinación y colaboración de múltiples sectores de la sociedad; su impacto demanda una mayor atención porque salvar una vida lo merece.

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