El periodismo musical consiste en gente
que no sabe escribir entrevistando a gente
que no sabe hablar para gente que no sabe leer.
Frank Zappa
Arturo Suárez Ramírez
Las polémicas en el gobierno de la 4T simplemente no dan tregua, incluso en el tema de la protección del medio ambiente, ese que desprecian o relegan a un segundo nivel en la agenda política. Pero cuando las cosas se hacen mal, es muy probable que los resultados sean negativos. Ahí están los impactos que ya se resienten: el caso del Tren Maya, el derrame de combustible en el Golfo de México y la posibilidad de que, ahora sí, Pemex le entre al “fracking” para extraer gas.
Hace unas semanas sostuve una charla con Ornela Garelli, directora de campañas de Greenpeace México. En aquella ocasión hablamos del derrame de hidrocarburo en el Golfo de México: desde febrero había indicios, pero la autoridad lo negó. Se habló de un buque como responsable y tampoco fue así; están acostumbrados a mentir. Al final, no les quedó más que aceptar que se trató de un oleoducto y no de un “buque fantasma”. En el camino, hicieron mentir a la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora de Veracruz terminó por minimizar el problema.
Las afectaciones alcanzaron Veracruz, Tabasco y Tamaulipas. Los pescadores jarochos vieron golpeada su forma de vida y, en plena Semana Santa, los hoteleros se quejaron de la baja ocupación, lejos de otros años. Luego aparecieron miles de peces muertos en el río Cazones y, de nuevo, no hay una explicación contundente por parte de la autoridad; eso sí, sobra molestia cuando se les cuestiona.
En esa conversación con Greenpeace hubo un concepto que llama la atención: el Golfo de México como una “zona de sacrificio”. Es decir, un espacio donde la extracción petrolera se impone sobre la seguridad ambiental y la vida cotidiana de quienes dependen del mar. Las denuncias son constantes y la contaminación, junto con los derrames, deja de ser un hecho aislado para convertirse en una normalidad preocupante.
Los daños ya son tangibles y medibles. Hay evidencia que acompaña los testimonios y que no puede negarse desde la comodidad de un despacho. El problema es ambiental, social y económico, y exhibe una constante fallida: cuando se trata de petróleo, los costos recaen en los más vulnerables, mientras las decisiones se toman lejos de las costas afectadas. Ahí están también los malabares para justificar el giro sobre el “fracking”, aquello que antes se rechazaba en tiempos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Hoy, más de uno termina por tragarse sus propias palabras. ¿Existe acaso un “fracking” bueno? ¿Uno que no afecte?
Mientras tanto, en redes sociales, ambientalistas documentan lo que ocurre bajo la selva maya. Lejos de la narrativa oficial, buzos que recorren las cavernas del acuífero de Quintana Roo han encontrado pilares del tramo 5 del Tren Maya con concreto que se desmorona al tacto y rastros de contaminación. Otros lo hacen a pie y comparan el agua cristalina con zonas turbias. Encima, descansa un viaducto de 80 kilómetros, sostenido por miles de columnas en un terreno que luce frágil.
Mientras el discurso oficial insiste en vender progreso, la realidad se abre paso entre manchas de chapopote y concreto que se desmorona ante la contundencia de los hechos, ecosistemas dañados, comunidades afectadas y decisiones que privilegian la prisa sobre la responsabilidad. Las advertencias son las mismas desde que se presentaron los proyectos impulsados como capricho político que ha resultado costoso: según especialistas, aparte del daño ambiental, el riesgo de tragedia sigue latente… pero mejor ahí la dejamos.
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Hasta la próxima.




