Palabras Más / ¡Deuda con la naturaleza!

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Palabras Más / ¡Evitar tragedias!

Es mejor mirar al cielo que vivir allí.

Un lugar tan vacío; Tan vago

desayuno en tiffany’s

Arturo Suárez Ramírez @arturosuarez

En México hemos aprendido a fuerza de tragedias, lecciones verdaderamente dolorosas que se han pagado con muchas víctimas. Ahí están las de los terremotos, primero el 19 de septiembre de 1985 y luego, como broma macabra, en 2017. También las explosiones del 19 de noviembre de 1984 en San Juanico y las de Guadalajara, en la colonia Gante y el Sector Reforma, en 1992. Cuando la naturaleza o la negligencia golpean, la diferencia entre la vida y la muerte muchas veces está en la prevención, la preparación y la capacidad de respuesta de los involucrados.

Este año, los movimientos telúricos nos han vuelto a recordar que las tragedias no tienen fronteras: primero el terremoto de Venezuela y luego el de Colombia. La pregunta vuelve a surgir: ¿qué tan preparados estamos para responder cuando llegue el siguiente desastre? Porque los sismos no son los únicos que pueden poner a una ciudad de rodillas. También están los incendios, que aparecen con mucha mayor frecuencia de lo que solemos imaginar.

Hace unos meses, antes del Mundial de futbol, platiqué con Ramón Muñoz, bombero de la Ciudad de México. En aquella ocasión hablaba de las carencias en cuanto a equipo y recursos con los que cuenta el Cuerpo de Bomberos y me decía que siempre hacen falta. Luego charlamos sobre si la capital del país, únicamente con sus instituciones, podría hacer frente a una gran eventualidad en el marco de la visita de muchos turistas. La respuesta fue que sería muy difícil.

Ahora que han sucedido aquellas desgracias en Venezuela y en Colombia, he tenido la oportunidad de escuchar historias de primera mano, gracias a las plataformas y formas de contacto, donde las narraciones han sido escalofriantes. En ambos casos, los entrevistados me han dicho: “El gobierno hace lo que puede”. El tema tiene muchas aristas y requiere de mucho trabajo previo para responder ante una eventualidad.

Luego, hace unos días, me invitaron a un desayuno para presentar Expo Fire & Safety México 2026. Ahí hablaban sobre la dimensión del problema de los incendios, que obliga a dejar de ver la protección como un gasto. Algunos de los números son contundentes: ocurren más de 95 mil incendios al año, unos 260 diarios, y tan solo en 2024 las aseguradoras pagaron 33 millones de pesos diarios por daños provocados por el fuego en empresas; mientras, menos del 5% de las viviendas y menos del 20% de las MiPymes cuentan con seguro de daños.

AMRACI y CONAPCI advierten que la falta de una normatividad nacional, moderna y homologada no solo pone en riesgo vidas, sino también inversiones, empleos y cadenas productivas. El fuego no espera a que la burocracia se ponga de acuerdo y menos ahora que andan en campaña. Aunque me dicen que ya les habían prometido trabajar el tema, siempre se cae por dar prioridad a otras cosas. Seamos claros: muchos de los legisladores pierden el tiempo en nimiedades y empujones, y dejan para después lo realmente importante.

En ese contexto cobra relevancia la iniciativa para establecer el 8 de octubre como Día Nacional de la Prevención de Incendios. Y, como dicen los expertos, hay que insistir en que la prevención sea un tema de educación. Hay que llegar a las escuelas, empresas, hogares, mercados y oficinas, y también traducirse en presupuesto y capacidad operativa para quienes enfrentan el fuego. Ahí está el tema para las comisiones de Protección Civil en el Congreso de la Unión y de los Estados… Pero mejor ahí la dejamos.

Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.

Hasta la próxima.