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China quiere más libre comercio

Por Claudia Luna Palencia

@claudialunapale

 

Desde que se bajó del avión, el presidente de China, Xi Jinping, arribó a España con una sonrisa tan amplia que acentuaba todavía más sus ojos asiáticos; quiso mostrarse afable, cordial y relajado con sus anfitriones en suelo europeo nada que ver con el gesto adusto del mandatario estadunidense, Donald Trump.

 

Cara o cruz, anverso y reverso: Jinping está encargándose con todo tino diplomático de mostrar que su país saldrá adelante con arrojo y aplomo ante la batería de aranceles impuestos por la Casa Blanca contra 6 mil 213 artículos y mercancías made in China que suponen un costo de 250 mil millones de dólares.

 

Jinping convertido en adalid de la globalización ha decidido no dar un solo paso atrás ante el acoso de Washington y mediante su política exterior sostiene una dinámica de acercamiento bilateral, multilateral y hasta de reconciliación dejando atrás viejas rencillas históricas, como sucedió recientemente con Japón, todo sea por el comercio y por la economía.

 

De visita oficial en el país ibérico, recibido con pompa y honores por el rey Felipe VI y el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, durante su estancia de 48 horas el dignatario chino anunció una mayor apertura comercial en su país y el respeto a la propiedad intelectual.

 

Si Trump enarbola el proteccionismo, la ruptura y el unilateralismo, Jinping vende exactamente todo lo contrario… el primero lo hace mal encarado y el segundo, más sonriente que nunca.

 

Este año, la economía china habrá alcanzado un crecimiento del 6.6% y para 2019, el pronóstico del Fondo Monetario Internacional (FMI) es del 6.4% con todo y la guerra comercial de Trump.

 

Jinping está rentabilizando para sí mismo que medio globo terráqueo está enconado con las políticas proteccionistas, con las relaciones internacionales puestas de cabeza entre EU y sus tradicionales aliados, China está aprovechando la coyuntura para convertirse en el amigo de todos y tomar el papel que le corresponde por el tamaño de su economía de 23.21 trillones de dólares, en la geopolítica actual.

 

Ante el Senado de España, el dignatario encaminó su discurso a destacar todo lo malo que es el disenso y lo necesario que es siempre la vía del diálogo en la búsqueda de consensos que permitan el sostenimiento de los equilibrios necesarios para que la aldea global no desborde en un nuevo gran conflicto.

 

“China hará esfuerzos para abrir aún más sus puertas al mundo exterior y para facilitar el acceso a los mercados en áreas como las inversiones y la protección de la propiedad intelectual”, dijo en la máxima tribuna legislativa.

 

Y aunque a Trump no le guste, China es hoy por hoy el metamercado, porque tiene la población y la clase media en crecimiento que todo empresario busca tal y como lo dijo Jinping: “En los próximos cinco años importaremos bienes por valor de 70 mil millones de dólares para satisfacer la demanda de una creciente clase media”.

 

Muy consciente de su papel clave, todos quieren retratarse con él y con el mandatario ruso, Vladimir Putin, mientras la mayoría de los líderes europeos le sacan la vuelta a Trump, el líder asiático está aprovechando la coyuntura para vender las bondades de la llamada Nueva Ruta de la Seda (One Belt, One Road); y en esta minigira, después de España, seguirá Argentina con la Cumbre del G-20 en Buenos Aires, luego visitará Panamá y también Portugal.

 

Todas son citas importantes máxime que bajo el marco del G-20 tendrá un encuentro bilateral con su homólogo estadunidense para hablar de la guerra comercial en ciernes.

 

China la cara del nuevo aliado

 

 

Coincidiendo con el arribo en Madrid del presidente chino, el sinólogo español Xulio Ríos, uno de los expertos en relaciones internacionales más reconocido presentó su nuevo libro titulado “La China de Xi Jinping, de la amarga decadencia a la modernización soñada”.

 

En entrevista exclusiva, el autor refirió que del nuevo acercamiento de China con España se esperaría una mayor intensificación de los vínculos a otros niveles.

 

“España es parte de la Unión Europea y ejercita su relación con China en ese marco, pero también es verdad que en la UE se ha destacado siempre por manifestar posiciones decididas a favor de Beijing. La alianza estratégica integral que ambos países suscribieron en 2005 pudiera ser enriquecida”, añadió.

 

 

 

-China es el presente pero también el futuro, qué le ha enseñado China al capitalismo, ¿dónde ha quedado el binomio de libre mercado y democracia?

 

Ríos: “Probablemente que el mercado por sí solo no es suficiente para garantizar la estabilidad y el crecimiento de la economía y la sociedad. China se ha abierto al mercado, pero ha mantenido y sofisticado la planificación. El mercado en China es un mercado gobernado por el Partido Comunista de China (PCCh). Y la economía pública sigue constituyendo la espina dorsal del sistema económico. En consecuencia, la política se impone al mercado y no al revés. Por otra parte, la idea de que el desarrollo conducirá a la democracia liberal, está por ver. No es esa la idea que ahora mismo prevalece en China. Existe una férrea voluntad de preservar el sistema político, rechazando expresa y abiertamente cualquier evolución liberal considerada además como peligrosa para alcanzar la consecución del gran objetivo histórico de la modernización.

 

-En qué radica el éxito económico del modelo chino, ¿lo es por la economía mixta?

 

Ríos: “La tríada mano de obra barata abundante y superexplotada, captación de inversión internacional y orientación de la producción hacia el exterior le ha convertido en 40 años en la segunda potencia económica del mundo, pero ese modelo no vale para hacerla primera. Yo acostumbro hablar de híbrido sistémico y, en efecto, la economía mixta es una característica importante de su modelo, jalonado por la conservación en manos públicas del control de los principales sectores estratégicos. El control de ese segmento es esencial para la supervivencia del PCCh y señala una línea roja en la transformación que experimenta actualmente el propio modelo.

 

 

No obstante ese inmenso dragón asiático de 1 mil 384 millones de habitantes también tiene, como todas las demás economías sus propias debilidades, que Ríos explica en términos de retos tecnológicos, ambientales o sociales que “son aún considerables”.

 

“Los desequilibrios en términos de cohesión a todos los niveles son indisimulables. Es verdad que existen problemas de diverso tipo que afectan a la Bolsa, la deuda, la banca en la sombra, etc., pero en el trazo grueso, aquellos retos determinarán el éxito o fracaso de la estrategia de modernización china. Y aunque China en los próximos diez años se convierta en la primera potencia global en términos absolutos, le quedarán muchas décadas por delante para resolver dichas taras”, disgregó el especialista director del Observatorio de la Política China.

 

-Políticamente hablando, ¿cuáles son sus debilidades?

 

Ríos: “El alargamiento de la democracia y la conformación de un sistema político que institucionalice una nueva legitimidad, no ya basada en el hecho revolucionario o en la capacidad para generar crecimiento o bienestar sino simplemente en la norma. Ese estado de derecho, con más holgura para un mayor respeto de los derechos humanos y las libertades individuales y colectivas, aun sin copiar a pies juntillas el modelo liberal, le proporcionaría más estabilidad”.

 

Ahora bien, ¿cómo gestiona China la propiedad privada? ¿Hasta dónde deja que las fuerzas invisibles del libre mercado operen? o definitivamente es un gran regulador y centralizador…

 

Ríos: “La propiedad privada es muy importante en China. En 1978, la economía pública respondía por el 79% del PIB, hoy la economía privada responde por el 69% del PIB. Ha sido un gran cambio, protagonizado por las pymes. Ahora bien, Deng Xiaoping decía que en el proceso de construcción del socialismo en China era inevitable dar un rodeo por el capitalismo y que en ese proceso podrían surgir capitalistas pero no una clase burguesa organizada en condiciones de disputarle el poder. El Partido, a modo de neomandarinato, promueve y orienta el sector privado atendiendo a esa máxima”.

 

Después está el argot económico que busca ponerle una etiqueta al singular modelo chino que ha puesto de eje base al comunismo pero que en la práctica económica se presenta como creyente de la globalización y que profesa la fe del liberalismo de mercado, ¿economía socialista?, ¿socialismo de mercado? En voz de Ríos, los equilibrios entre el mercado y la planificación, entre la economía pública y privada “deben responder a la idiosincrasia de vida sociedad y ser establecidos en función de sus objetivos históricos”.

 

 

Reconciliación histórica

 

Durante el pasado mes de octubre, el presidente japonés Shinzo Abe fue recibido con honores en una visita oficial en Pekín… hacía siete años que ningún otro líder de su país había acudido a China, y llevaban años esquivándose. “Quiero comenzar una nueva era para Japón y China con el señor Xi”, dijo ante la prensa.

 

Para su anfitrión es una oportunidad “para no amenazarse ni agredirse” y fundamentalmente para “mantener una relación entre China y Japón estable a largo plazo, algo que beneficiará también a la estabilidad de la región”.

 

Consultados al respecto de la geoestrategia, entre China y Japón, tres especialistas de primer calibre explicaron por qué el presidente Trump les ha arrancado una repentina sonrisa amigable a dos enemigos tradicionales.

 

En la postura de Amadeo Jensana, director de programas económicos de Casa Asia, este movimiento es una consecuencia lógica de la nueva situación geopolítica que ha tenido lugar tras el ascenso de Trump al poder.

 

“Por un lado, la primera decisión del presidente fue retirar a EU del Trans Pacific Partnership (TPP), la gran apuesta de Obama para formar una alianza entre EU y sus aliados en Asia. Cabe recordar que China no formaba parte del TPP. Por otra parte, la guerra comercial con China y la imposición de aranceles a numerosos productos ha deteriorado la relación entre China y EU. Ante este panorama, tanto China como Japón quieren defender un sistema basado en el libre comercio y no la vuelta al proteccionismo, por lo que están recomponiendo una relación que ha estado bastante deteriorada tras la Segunda Guerra Mundia”, abundó el investigador.

 

Al respecto, Rafael Bueno, responsable del Departamento de Economía y Empresa de Casa Asia, agregó que aunque no sea un acercamiento que lleve a una normalización, “tienen muchos temas comunes de los que hablar y que les afecta directamente”, por ejemplo, están la Península de Corea, Rusia…

 

La geopolítica en tiempos de Twitter

 

En la actualidad, los acontecimientos acontecen a un ritmo veloz, hay un reacomodo de las fuerzas internacionales, pero los desequilibrios son acuciantes.

 

Jensana considera que “estamos en un momento muy complicado” ya que el orden mundial que se estableció después de la Segunda Guerra Mundial con Bretton Woods está cuestionado.

 

Por su parte, para Bueno, lo único positivo que ha conseguido Trump, hasta el momento, es acelerar todo: “Sus políticas al ser impulsivas y a veces contradictorias han conseguido que se entre en un torbellino en donde a golpe de un tuit hay que tomar decisiones y acciones que antes conllevaban años e incluso parálisis”.

 

Además en esta ecuación entre Rusia, China, EU y la UE, replicó Jensana, las relaciones entre Rusia y China están pasando por un buen momento partiendo del hecho de que ambos países tienen interés en el desarrollo del proyecto de la Ruta de la Seda y de la Ruta Polar, que permitiría transportar mercaderías entre China y Europa a través del Polo Norte.

 

“Rusia y China quieren acabar con el dominio del dólar como principal moneda de cambio para comprar petróleo, lo que se conoce como el petrodólar”, refirió.

 

Tampoco es un secreto que ambos países están interesados en crear un mercado de divisas paralelo al del dólar; el más reciente acuerdo entre trece bancos de Filipinas y el Banco Central de China para utilizar el yuan, y no el dólar en sus transacciones, puede marcar el principio de los nuevos cimientos en la arquitectura monetaria mundial que China pretende.

 

A su vez, Bueno, indicó que la posición de EU contra China ha dado un giro radical con el triunfo de Trump “se ha pasado de buscar la cooperación y la contención al enfrentamiento y afecta al resto de actores que tienen que reposicionarse”.

 

“En este sentido Rusia, al igual que Japón necesita encontrar su sitio y el único que parece fuera de juego es la Unión Europea, que parece dividida en dos, los que miran a Rusia en el norte con preocupación y los que miran al Mediterráneo desde el sur con temor, y entre tanto EU beneficiada con la división europea, todo parece indicar que la antigua división de Occidente contra la Unión Soviética pase a ser EU contra China y el resto de países girando en la periferia”, subrayó el especialista de Casa Asia.

 

No obstante, para Ríos, la conclusión es clara: “Si completamos la Estrategia de Seguridad Nacional de diciembre de 2017 con el reciente discurso del vicepresidente Mike Pence en el Houdson Institute, el pasado 4 de octubre, y las frecuentes declaraciones de Mattis o Pompeo o incluso Bolton, es claro que sí. Es China quien hace peligrar la pervivencia de la hegemonía global de EU y por lo tanto el gran rival estratégico”.

 

CH

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