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@claudialunapale

Economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales.

 

2018: el mal año que ya se va

 

Por Claudia Luna Palencia

 

Todas las perspectivas positivas aventuradas a finales de 2017 para el nuevo horizonte por venir han ido trastocándose una por una en un contexto de Guerra Fría 2.0 que ya nadie disimula.

 

Han sido largos duros meses en la geopolítica actual que han terminado contaminando a la geoeconomía y por ende ralentizando al PIB mundial castigado por el rifirrafe comercial entre China y Estados Unidos.

 

Inmersos en una etapa crucial de la Historia, los ciudadanos globales nos sentimos más títeres que nunca como si nuestras resoluciones orbitaran inermes alrededor de las grandes decisiones de peso específico ejercidas por los mandatarios de turno.

 

Los mandatarios que tienen el poder de mando y el poder de decisión, hay un cierto escenario turbulento que el presidente francés Emmanuel Macron identifica de forma similar al acontecido al período entre guerras en el siglo pasado.

 

Nos sentimos sus títeres y nos roban el tiempo, la vida y las ilusiones. Hace unos días hablé con una buena amiga mía que tiene a su hija estudiando económicas en una universidad británica está en un sinvivir aguardando a ver qué demonios acontecerá finalmente con Reino Unido y el tan cacareado Brexit del que ya estamos hasta la coronilla.

 

Y es que el futuro de su hija extranjera española cambiará apenas entre en vigor la susodicha ruptura, ¿por qué? Porque su hija dejará de ser una española bienvenida con las puertas abiertas en la nación británica y deberá primeramente regularizar su situación como estudiante, acto seguido perderá todas las ayudas económicas y subvenciones y al ser considerada foránea europea no bienvenida tendrá que pagar las tasas, tarifas y costos que los cambios le impongan.

 

Ella sólo quiere estudiar y terminar su carrera, sin embargo, queda al capricho de un grupo de ultraderechistas que a nivel mundial están uniendo esfuerzos para quedarse con el poder y romper la unidad, inundar el miedo y apoderarse de la vida de las personas.

 

¿Cuántas víctimas hay de decisiones arbitrarias? Este año ha sido dinamita pura basta ver todas las decisiones unilaterales tomadas por Donald Trump, presidente de Estados Unidos; si alguna vez creímos que nadie superaría a George W. Bush pues las circunstancias nos han dado la respuesta.

 

Trump a lo largo de este año canceló varios programas de ayuda humanitaria, social, educativa y sanitaria a los palestinos de Gaza y Cisjordania lo ha hecho como una irónica medida de presión que carece de todo sentido de humanidad.

 

¿Qué culpa tiene una niña palestina que únicamente quiere continuar con su proceso de escolarización en una precaria Gaza convertida en un gran gueto por Israel?

 

La Agencia de URNWA este año perdió casi un 70% de su presupuesto obtenido vía las ayudas provenientes de forma oficial desde Washington; en enero dejó de percibir 350 millones de dólares para pagar a los profesores en 700 colegios en Gaza y Cisjordania; pero repito no ha sido el único recorte.

 

A COLACIÓN

 

Después está la repentina guerra comercial entre Estados Unidos y China provocada… por Trump; recordemos que la Casa Blanca impuso un incremento de aranceles contra 6 mil 213 artículos y mercancías made in China que suponen un costo de 250 mil millones de dólares.

 

Y China también ha respondido gravando artículos estadounidenses, el resultado de este absurdo es la afectación de miles de productores chinos y norteamericanos que sólo quieren seguir gestionando su negocio y su microeconomía sin trabas para generar trabajos y lubricar las ganancias.

 

Sin embargo, hay afectaciones reales, estragos provocados por decisiones de otros, que terminan socavando la vida de nosotros; este año nos está dejando grandes lecciones: los chalecos amarillos y los millennials alrededor del globo terráqueo son la masa de resistencia en contra de seguir siendo los títeres de los poderosos.

 

Quizá esa sea la mejor lección de este año que la esperanza de recuperar nuestro presente, al menos su certeza, descansa en nuestras manos que somos una fuerza que debería unirse para evitar que sea una minoría la que trastoque, y para mal, nuestra existencia.

 

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales.

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