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Claudia Luna Palencia

@claudialunapale

Economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales.

 

POR LA ESPIRAL

 

Corea del Norte: papel mojado

 

 

El dictador norcoreano, Kim Jong-un vendió como un éxito reivindicativo de su atroz régimen el encuentro que sostuvo con el mandatario de Estados Unidos, el 12 de junio pasado, en Singapur.

 

No sé por qué razón pero parece que hablo de una fecha ya muy muy lejana como si hubiesen pasado muchas lunas y varios calendarios deshojados; quizá sea porque más allá de la temporalidad que tanto fascinaba a escritores como León Tolstoi este año vamos demasiado bombardeados por noticias relacionadas con Corea del Norte, Siria, Irán, Palestina con Gaza y Cisjordania atenazadas por Israel y primordialmente porque la figura de Donald Trump no da tregua ni siquiera en vacaciones.

 

¡Anúdenle los dedos! ¡Y ciérrenle la boca! Desde la Casa Blanca cada día salen una retahíla de  tuits que marcarán la agenda internacional del día que casi siempre inicia con la frase favorita del pelirrubio: “China es muy mala con Estados Unidos”; como acontece igualmente con “la UE que es muy mala con Estados Unidos” y prácticamente todo en lo que la Unión Americana está en desventaja con el resto del mundo es “muy malo”.

 

Con Corea del Norte la escalada verbal no es por estar en desventaja comercial sino por tener un rival atómico con cohetes con ojivas nucleares capaces de llegar a territorio americano.

 

De acuerdo con el Council on Foreign Relations se estima que Pyongyang tiene desarrolladas de 10 a 20 poderosas armas nucleares, al menos en 2017 realizó sendas pruebas, un total de 23 cohetes de todos los tamaños fueron lanzados y explosionados.

 

De su peligrosidad, el Center for Strategic and International Studies, desmenuza el alcance nuclear de Corea del Norte: misiles de corto alcance de 625 millas capaces de traspasar la Península de Corea; misiles de medio alcance más de 625 millas y hasta 1 mil 864 millas que además de caer en Japón podrían alcanzar hasta Guam; misiles de rango intermedio más de 1 mil 864 millas hasta 3 mil 417 millas que pueden llegar perfectamente a Alaska y los intercontinentales de más de 3 mil 417 millas listos para  alcanzar Washington, Honolulu y Los Ángeles.

 

No es desde luego una negociación sencilla, buscar un cauce pacífico en el que primeramente Jong-un (así de receloso como es) acepte un tratado para frenar la carrera armamentista nuclear y encima, desmantelarla.

 

Y sobre todo hacerlo a cambio de nada. ¿Qué quiere Jong-un? Que no le derroquen, que Estados Unidos con sus aparatos de Inteligencia no le pongan una trampa… un atentado.        

 

El gobernante, el tercero de la dinastía en el poder tras finalizar la guerra de las dos Coreas, vive amurallado del resto del mundo en compañía de sus gobernados; a él le interesa pertrecharse para conservar el poder y eso implica no darle demasiadas alas a su pueblo, ni alas educativas, ni alas económicas. Lo justo y punto.

 

En la visión de Trump, como natural hombre de negocios, todo es cuestión de dinero, al fin y al cabo, time is money; por eso en su encuentro con Jong-un le vendió la riqueza de Singapur y el progreso de su vecino natural, Corea del Sur pretendiendo con ello seducir a Jong-un, hacerlo ver que su desnuclearización y una apertura de su economía y de su país podría atraer un aluvión de inversiones para “hacer de las bonitas playas norcoreanas, playas con hermosos condominios”.

 

El sátrapa que, como todos los sátrapas, acumula todo el poder político y económico que quiere porque su poder es omnímodo no le interesa los condominios en sus espléndidas costas, lo que quiere es que nadie lo derroque y que lo dejen seguir en su ostracismo gobernando y oprimiendo a su gente. Mientras cuente con el apoyo comercial de China, su aliada y tradicional amiga y consejera; y además, con el beneplácito de Rusia para obtener el gas y el petróleo requerido para su economía, por lo demás, nada le importa.

 

Quizá pueda cambiar la tónica de las no relaciones con Corea del Sur, rotas desde finalizar la guerra en 1953, son hermanos culturales que comparten la misma idiosincrasia así es que rebajar las tensiones en la Península sería bueno para ambos países.

 

A COLACIÓN

 

Lo que no parece que vaya a cambiar (a lo mejor es todavía muy pronto para evaluarlo) es la desnuclearización pacífica de Corea del Norte, no han pasado ni dos meses y circulan todo tipo de versiones.

 

Por un lado, el régimen de Pyongyang ha dado muestras de tener voluntad para la paz, ha devuelto los cadáveres que ha solicitado Washington, ha liberado a prisioneros norteamericanos a petición también de Washington; se han discurrido sendas invitaciones verbales entre el presidente Trump y Jong-un para una visita oficial a sus respectivos países.

 

Ante la prensa internacional se enviaron imágenes del desmantelamiento de un laboratorio nuclear mientras Mike Pompeo, el ex temido agente de la CIA, convertido ahora en secretario de Estado de los Estados Unidos dirige las espinosas pláticas con el régimen norcoreano: la Unión Americana quiere una desnuclearización rápida y Jong-un que le levanten a su país las sanciones económicas, comerciales y de inversiones que están en la ONU impuestas desde hace tiempo.  Y ninguna de las dos cosas suceden con la celeridad requerida… esto puede terminar en papel mojado .

 

Una investigación de expertos independientes entregado al Consejo de Seguridad de la ONU indicó que “Corea del Norte no ha detenido su programa nuclear ni de misiles y que continúa haciendo acopio de material radiactivo”; y añadió en su reporte de 149 páginas que China y Rusia están violando el marco de sanciones vendiéndole a Pyongyang petróleo, gas y otros suministros. Hasta México salió mal parado en el informe porque le habría comprado a Corea del Norte varias mercancías.

 

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales.

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