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Palabras Más / ¡En el laberinto!

Todo es hoy. Todo está presente. Todo está, todo es aquí. Pero también todo está en otra parte y en otro tiempo. Fuera de sí y pleno de sí…

Octavio Paz

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Una de las lecturas que me han marcado, sin lugar a dudas, es El laberinto de la soledad, del gran Octavio Paz. Ahí se retrata la identidad del mexicano, las carencias, emociones y hasta los traumas. Claro que fue escrito en 1950 y después ese texto le dio el Premio Nobel de Literatura, aunque era otro México y mucho hemos cambiado en varios rubros, como el de la política; sin embargo, la esperanza de tener una mejor vida y un mejor país no se pierde. Seguimos extraviados en ese laberinto del “ya merito”.

Ahí vamos, con la renovación sexenal, con las expectativas infladas como aquellas que generaron los panistas con su llegada en el año 2000 y la salida del PRI. Aquello fue un espejismo. Vicente Fox y los suyos se encargaron de devolvernos a la realidad, aunque les alcanzó para un segundo mandato con Felipe Calderón. Luego vino el regreso del tricolor: ahora sí se veía lo bueno, que ya habían entendido, pero aquello también resultó una vacilada. Solo se habían doctorado en corrupción y les alcanzó para otros seis años con grandes desfalcos y escándalos.

Con los de la 4T, las cosas han sido vertiginosas. Con el contexto anterior y un caudillo demagogo, resultó un gran encantador; pero por debajo permanecieron las mismas prácticas, incluso peores, por aquello de apapachar a los narcotraficantes con abrazos y sumir a la sociedad en una tremenda crisis, donde los balazos fueron para los de siempre: un país de desaparecidos, de fosas clandestinas, de corrupción como Segalmex, de oscuridad en contratos del AIFA, el Tren Maya y otras obras. Pero lo más grave es esa presunta sociedad con los narcotraficantes, ese estiércol que ya no tiene lugar en la alcantarilla y que salpica a todos. Aquello de que el Pejelagarto era un ave que cruza el pantano sin mancharse quedó solo en retórica barata.

Regreso al punto y sostengo que vivimos en ese laberinto. Después de la Revolución se construyó un país, se institucionalizó y se crearon instituciones de todo tipo; luego, la corrupción, el poder y las cúpulas terminaron imponiéndose, hasta que la incipiente democracia los echó de Los Pinos. A Vicente Fox le ganó lo ranchero y lo mandilón; sus excesos dilapidaron los excedentes del petróleo, de los cuales los gobernados vieron muy poco, para luego rematar con la terrible guerra contra el narco de Felipe Calderón, en apariencia justificada, y después vino el caso de Genaro García Luna.

A los morenos se les está viniendo la noche encima. Cuando, según ellos, el país iba de maravilla con dos gobiernos que redujeron la población en pobreza, aumentaron los salarios mínimos e hicieron constitucionales los programas sociales, ya no les alcanza con eso, ni con la supuesta autoridad moral de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum; menos aún con los discursos para desviar la atención. Aunque marchen miles como en Chihuahua, las cartas están echadas. Si decir priista es sinónimo de corrupción y ahora les han colgado el cascabel de narcopartido, que conste que no fueron los de la pobre oposición ni los comentócratas, como amablemente y con amor nos dice la presidenta; han sido ellos y nada más. Tampoco hay un complot internacional para descarrilar un gran gobierno; solo hay que voltear hacia abajo del mapa y ver qué le hizo el populismo a esos países. Pero, como les digo siempre, llegamos tarde por ese maldito laberinto.

Cambian los colores, los slogans y los mesías, pero la corrupción, la violencia y la impunidad siguen sentadas en la mesa principal. Y mientras unos se pelean por el poder y otros defienden fanáticamente a sus lideres, el ciudadano común continúa poniendo los muertos, pagando los impuestos y sobreviviendo como puede como los desplazados en Chiapas. Así llevamos décadas, caminando en círculos, creyendo que ahora sí llegará la salida, aunque siempre terminamos topándonos con la misma pared… pero mejor ahí la dejamos.

Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.

Hasta la próxima.