El tiempo no cura todas las heridas,
pero nos enseña a vivir con ellas.
Alexander Pushkin
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Durante su campaña presidencial, Claudia Sheinbaum y la 4T utilizaron el discurso feminista. Más tarde, durante la ceremonia en la que asumió el cargo, pronunció aquel mensaje que fue considerado histórico: “llegamos todas”. En aquel entonces escribí en este mismo espacio que se necesitarían mucho trabajo, empatía y sensibilidad para responder a las demandas de las mujeres; de lo contrario, aquello terminaría siendo una simple anécdota. Ahí está la distancia entre el discurso y la realidad.
Y ojo, no se trata de ir contra la presidenta por el hecho de ser mujer. Ahí están los hechos cotidianos para demostrarlo, como ocurre con el tema de las madres buscadoras y su permanente revictimización.
Ha comenzado la Copa del Mundo, un escaparate para mostrar al mundo lo que es el país, con sus virtudes y sus problemas. Y en esa realidad se inscribe la crisis de desapariciones y la lucha de los colectivos de madres buscadoras. Son protestas que algunos quisieran ocultar a toda costa, pero que han estado presentes en los alrededores del Estadio Ciudad de México.
Incluso llegaron a las gradas. Mientras se entonaba el Himno Nacional y todo era fiesta, la actriz Regina Blandón se manifestó vistiendo una chamarra con la leyenda: “¡México, campeón en desaparición!”. Y como ese gesto, hubo muchos más; de hecho, la chamarra ya se vende en algunos puestos callejeros.
Más tarde, mientras se realizaban los festejos en Paseo de la Reforma por el triunfo de la Selección Mexicana, un trío de borrachos oportunistas se cubrió de la lluvia con una manta que contenía las fichas de personas desaparecidas. La habían colocado al pie del Ángel de la Independencia. Cuando se les reclamó, reaccionaron con violencia y agredieron a un reportero. Esa es parte de la indolencia, la intolerancia y la falta de educación para respetar el dolor ajeno, cuando lo mínimo que debería existir es solidaridad.
¿Se imagina usted que un familiar simplemente no regrese? ¿Que ya no se le encuentre? ¿Que ni siquiera exista una tumba para visitarlo?
Luego apareció la horda de intolerantes en las redes sociales, descalificando el trabajo de las madres buscadoras y llamándolas “madres de delincuentes”. Y aun si eso fuera cierto, nadie tiene derecho a quitarle la vida a otra persona. Nadie tiene la potestad de desaparecer a alguien, sin importar el motivo. No hay madres de derecha ni de izquierda; el dolor no conoce de posiciones políticas. De los gobiernos han recibido, sobre todo, indiferencia. López Obrador nunca quiso recibirlas y la actual mandataria ha seguido, en buena medida, el mismo camino.
El mundo se ha enterado. Basta revisar los medios internacionales que dieron cuenta de las protestas. Los números son demoledores: más de 133 mil personas desaparecidas y no localizadas, según registros oficiales y organismos internacionales. Además, existen cerca de 80 mil cuerpos sin identificar. Son cifras propias de una emergencia nacional que ningún gobierno debería minimizar.
También está presente la violencia y la revictimización que padecen de manera sistemática madres, padres, hermanas y hermanos buscadores. Ahí están las autoridades omisas, los criminales y hasta los propagandistas del régimen. Aquello de “llegamos todas” se desarticuló con rapidez. Para miles de madres buscadoras quedó reducido a una consigna vacía.
Y qué mal, porque el Mundial terminará, los reflectores se apagarán y las cámaras se irán. La crisis de los desaparecidos, en cambio, seguirá aquí… mejor ahí la dejamos.
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Hasta la próxima.




