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@claudialunapale

Economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales.

 

¿Días contados para aranceles al acero?

 

Por Claudia Luna Palencia

 

Ni la Bolsa de Valores, ni tampoco el tipo de cambio del peso respecto al dólar, han mostrado algarabía porque al final de cuentas se incluyó a Canadá en el nuevo TLCAN.

 

Los mercados financieros todavía están digiriendo qué se firmó en la nueva versión tripartita del rebautizado Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (AEUMC) o USMCA, por sus siglas en inglés. Un nombre que todavía es preliminar y que para México quedaría como AMEC por Acuerdo México, Estados Unidos y Canadá.

 

 

Es verdad, no todo son miel sobre hojuelas: el sector automotriz intenta recalibrar y reajustar sus costos internos dado que deberá pagar, a partir de la firma y la puesta en marcha del nuevo acuerdo comercial trilateral, la cantidad mínima de 16 dólares la hora al personal que trabaje en la fabricación de un automóvil para importación ya sea a Estados Unidos o Canadá.

 

Se trata de, al tipo de cambio de hoy, de 18.82 pesos por dólar, de la cantidad de 301.12 pesos la hora, casi todos los fabricantes automotrices buscan la forma de cómo reajustar sus costos de producción para que éstos, al final, no se traduzcan en un mayor impacto en el precio del bien final producido y por ende, se convierta en una desventaja en la competencia exportadora.

 

Habrá que reajustar costos, aunque la industria automotriz (no hay que olvidarlo) es cada vez menos dependiente de la mano de obra del ser humano, tiene un sistema productivo con cadenas de valor más y más dependientes de la robotización.

 

No podemos descartar que los productores nacionales recurran a más procesos robotizados y mecanizados prescindiendo –lo más que puedan- de la participación directa de un trabajador. Muchos sectores e industrias van precisamente en ese camino de la Inteligencia Artificial, me atrevo a pronosticar que el USMCA o AMEC para México acelerará esa transición en la industria automotriz que buscará sostenerse competitiva frente a terceros países.

 

Hay otra industria que tampoco está nada contenta, para ser exacta: no lo está en lo más mínimo, y me refiero a los productores aztecas de acero y de aluminio.

 

Se sienten indefensos y olvidados, sobre todo, preocupados porque ya está viendo en caja el golpe directo de los gravámenes ad valorem impuestos por orden del presidente Donald Trump.

 

A COLACIÓN

 

El anuncio en marzo pasado de elevar los aranceles a las importaciones de acero y de aluminio, gravados con el 25% y el 10%, respectivamente, por razones de “seguridad nacional” terminó alcanzando a México y a Canadá, a partir del 1 de junio pasado.

 

El acero y el aluminio que con el TLCAN gozaban de cero impuestos ahora están gravados, llevan cuatro meses, y aunque ya finalizaron las negociones de modernización del texto del Tratado… éste dejó aparte la situación del acero y del aluminio.

 

Así lo decidió el equipo mexicano de la Secretaría de Economía junto con sus contrapartes canadienses, lo hicieron para no empantanar más ni poner en riesgo que se cayera el libre comercio; o bien que se cayera en un círculo vicioso con Washington obcecado.

 

Lo que puedo comentarles, amigos lectores, es que fuentes de primerísimo nivel de la Secretaría de Economía me revelaron que ambos equipos, mexicano y canadiense, confían en convencer a Estados Unidos de levantar los aranceles al acero y al aluminio para “sus dos socios estratégicos” y que esto suceda antes de que concluya noviembre en vísperas de que los tres mandatarios de México, Canadá y Estados Unidos estampen su firma en el nuevo texto comercial.

 

 

Y ojalá que así suceda porque la postura oficial de Canacero, liderada por Guillermo Vogel, es que observan con preocupación que si bien “tenemos un acuerdo trilateral, también persiste la grave situación que afecta a nuestro sector industrial creada por la aplicación de aranceles”.

 

En los primeros meses de la medida 232, las exportaciones de acero de México hacia Estados Unidos, han caído en un promedio del 30%, mientras que las de Estados Unidos a México se han mantenido y en algunos productos han crecido, incrementando el déficit de dos billones de dólares que México tiene con el país vecino.

 

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

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