Aquí en Europa, nadie llora la derrota de Viktor Orbán, en las pasadas elecciones húngaras: su salida del poder, tras 16 años al frente del gobierno, ha traído júbilo entre los electores y en las autoridades de la Unión Europea que llevaban años confrontadas con las posturas díscolas del gobernante ultraderechista.
No obstante, para el populismo ultranacionalista europeo es un varapalo porque su referente ha recibido una paliza electoral; y no favorece de ninguna manera a los intereses regionales ni de la Casa Blanca ni del Kremlin.
Como primer ministro, Orbán nunca disimuló su sintonía con el líder ruso, Vladimir Putin; de hecho, en varias ocasiones su postura llegó a bloquear el oxígeno financiero de la UE para apoyar a Ucrania frente a la invasión. También, presumió su cercanía con el presidente de Estados Unidos, a tal extremo que fue el primer mandatario europeo en volar a la Casa Blanca para felicitar a Donald Trump.
La presencia del vicepresidente JD Vance para mostrar el apoyo estadunidense hacia la candidatura de Orbán, el pasado 7 de abril, solo logró profundizar el rechazo de los votantes y el señalamiento desde Bruselas, de un intervencionismo inaceptable de la Casa Blanca. En contrapartida, Vance llegó a declarar que la UE podría estar preparando una injerencia electoral.
No obstante, las urnas han puesto las cosas en su sitio: en una jornada de participación histórica con una cuota de 79.5%, el candidato conservador del partido Tisza, Péter Magyar de 45 años y abiertamente católico, obtuvo una victoria arrolladora.
Para los sueños de reelección de Orbán, ha sido aplastante la debacle para su partido Fidesz, que él mismo cofundó en 1988. De acuerdo con los resultados, Magyar gobernará con una súper mayoría en el Parlamento al contar con 138 de los 199 escaños disponibles. Mientras, que Orbán que en mayo cumplirá 63 años dejará a su partido con una presencia reducida con 54 escaños. Y, Nuestra Patria consiguió siete escaños.
Tras su victoria, el líder opositor, declaró que: “El lugar de nuestra patria estuvo, está y estará en la UE. Arreglaremos todas nuestras disputas con los países vecinos”.
También anunció que sus primeros viajes los efectuará a Austria, Polonia y a Bruselas; hay mucho por recomponer tras 16 años de malas relaciones con sus países vecinos y los crecientes señalamientos del resto de Europa de un modelo autocrático húngaro inasumible.
Inclusive, de ser como lo espetó el primer ministro de Polonia, Donald Tusk, un gobierno dedicado a informar a Putin de las discusiones a puerta cerrada del Consejo Europeo.
Así es que son muchas las razones por las que el triunfo de Magyar es relevante no solo para los propios húngaros que cada vez se sentían más lejos de la UE; sino, para el realineamiento de Hungría con los intereses europeos tanto dentro de la UE, como en el ámbito de su política exterior.
Lo que es un hecho es que Putin va camino de quedarse más solo que la una; el líder ruso sigue perdiendo aliados y está viendo cómo van evaporándose: en América Latina ha perdido influencia en Venezuela y, su eterno aliado simbólico, como es Cuba también está a punto de caer en el tablero norteamericano.
Con Irán y el futuro del régimen es incierto porque no hay nada claro ni sostenible con el tema de una supuesta paz entre EU e Irán; esas relaciones dependerán mucho del derrotero de los próximos días. Y, en Hungría, pierde a su aliado más cercano en Europa.
La caída en desgracia de Orbán causó bastante malestar en el Kremlin, diversos medios de comunicación rusos como The Moscow Times destacaron que para Rusia era una baja significativa. Así es que le queda a Rusia seguir configurando sus alianzas con Bielorrusia, China y Corea del Norte.
Limpiar la corrupción
Con la capacidad de contar con dos tercios del Parlamento a favor, el partido Tisza de Magyar, tendrá una enorme margen de acción para revertir muchas de las reformas más polémicas implementadas por Orbán algunas que han violentado los derechos humanos.
Magyar que es visto como un faro de esperanza, un aliento renovador, sabe el daño realizado desde Fidesz; de hecho, él llegó a militar en el partido de Orbán y formó parte del gobierno: en 2010, como funcionario del ministerio de Exteriores y luego, en 2015, estuvo en la representación permanente de Hungría ante la UE.
Llegó a casarse con Judit Varga, exministra de Justicia, con quien tiene tres hijos y realizó otros cargos como funcionario nuevamente en su país hasta que, en febrero de 2024, rompió con Fidesz señalando que no estaba de acuerdo con el gobierno de Orbán.
Después formó parte del Partido Respeto y Libertad (Tisza) y se presentó a las elecciones al Parlamento Europeo y ganó como eurodiputado; sus críticas cada vez más feroces contra Orbán señalaban a su gobierno de mafioso.
De hecho, una de sus promesas de campaña radica en dar marcha atrás al sistema mafioso y en enjuiciar a todos los que se hayan beneficiado de su cargo político o de sus nexos con empresarios acomodados al poder. Magyar apunta directamente al círculo más cercano de Orbán por corrupción.
Dos casos son muy llamativos: el de István Tiborcz, yerno de Orbán casado con su hija mayor Ráhel e incluso hay un documental sobre su enriquecimiento inesperado; y, el otro es el caso del empresario, Lörinc Mészáros. ¿Podría acabar Orbán en la cárcel? No sería una sorpresa.
Reparar años de daños
No tener que soportar a Orbán en las reuniones del Consejo Europeo, ni aguantar sus vetos para no alinearse con los intereses de la UE, ha traído a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, una enorme sonrisa: “Hungría votó a favor de Europa”, escribió en su cuenta de X.
Desde 2010, el partido Fidesz llevó a cabo una serie de enmiendas sin contar con ninguna oposición parlamentaria: desde enmiendas a la Constitución; reformas a la ley electoral; y una serie de cambios que debilitaron los derechos civiles así como la libertad de prensa; y, sobre todo, el sistema judicial.
En resumen: las medidas de Orbán tendieron a erosionar la democracia; limitar a la prensa; penalizar la libertad de expresión; privilegiar a su grupo de amigos; perseguir a los empresarios contrarios a su gobierno; y afectar a la economía y de paso, socavar los derechos progresistas del colectivo LGTBQ.
Las primeras reformas en materia constitucional iniciaron en 2011. Ese año se aprobó una nueva Constitución y entraron en vigor un centenar de leyes para regularlo casi todo.
La intención siempre fue debilitar la estructura de la división de poderes; primero, para controlar el Parlamento y asegurarse la continuidad política; y segundo, debilitando el poder Judicial que obligó casi al retiro a muchos jueces para poner a otros a modo.
Diversos medios de comunicación europeos como The Guardian, BBC, La Razón y Der Spiegelseñalaron que esa súper mayoría de dos tercios en el Parlamento podría permitirle al nuevo gobierno que forme Magyar, eliminar parte de la era Orbán. Un borrado que desde luego no será fácil pero que podría comenzar con una limpieza de los afines a Orbán de las estructuras del poder.
Hay que recomponer y fortalecer al propio sistema electoral cuyas reformas pasaron a favorecer el poder y la estructura de Fidesz; el propio Magyar, declaró en campaña que propondrá una reforma constitucional para prohibir la reelección.
El periodista Pedro Poyatos escribió para La Razón que la derrota electoral de Viktor Orbán marca algo más que un cambio de gobierno en Hungría. Supone, sobre todo, el cierre de una etapa política que durante más de una década convirtió al país en el principal laboratorio de la ultraderecha europea dentro de la Unión Europea. Y, en ese laboratorio, Hungría cada vez perdió más en democracia; más en derechos civiles y humanos; más en la independencia de los poderes; más en la independencia de las instituciones; y, más calidad de vida.
“Durante años, el líder de Fidesz construyó un sistema político basado en la concentración de poder, el control de los medios y una narrativa nacionalista que combinaba soberanismo, rechazo a la inmigración y confrontación constante con Bruselas. Ese modelo no solo resistió las presiones internas y externas, sino que logró consolidarse como una alternativa viable dentro de la Unión”, refirió el jefe de Internacional del periódico español.
Realineamiento con Bruselas
También se esperan consecuencias en cuanto a la postura que Hungría había adoptado ante una serie de puntos estratégicos: por ejemplo, su alineamiento con Rusia a pesar de la invasión a Ucrania, gracias al veto de Orbán están bloqueados 90 mil millones de euros destinados a la resistencia de los ucranios.
Con Putin ha sostenido una alianza ideológica pero también económica al continuar dependiendo del suministro del gas y del petróleo rusos a pesar de que la UE lleva desde la invasión reduciendo sus compras energéticas rusas y de hecho, ha impuesto más de una docena de sanciones.
Hay otras decisiones polémicas, como las de abril del año pasado, cuando el primer ministro anunció que Hungría nunca estuvo completamente comprometida con la Corte Penal Internacional; y, por ende, anunciaba su decisión de abandonarla.
Estas declaraciones sucedieron en medio del contexto de la orden internacional de arresto emitida por la CPI contra el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, por crímenes contra la humanidad. Orbán llegó inclusive a recibir en Budapest a Netanyahu como un claro desafío al orden internacional.
Luego está su apoyo con las posturas políticas e ideológicas del mandatario estadunidense; es más llegó a criticar ferozmente a la UE y a la OTAN y esa rebeldía se convirtió en un faro de luz para las ultraderechas nacionalistas de distintas partes de Europa que aspiran a gobernar en Francia o bien que ya gobiernan en Italia.
Trump intentó seducir a Orbán para que abandonase la UE a cambio del mayor acuerdo comercial y económico de la historia entre EU y Hungría. Eso hubiera supuesto perder el pasaporte europeo y cientos de miles de euros de fondos europeos.
Precisamente Bruselas tiene congelados 18 mil millones de euros a Hungría condicionados a que se reviertan las reformas antidemocráticas y a corregir la deriva antiliberal. Un asunto de primera importancia para el nuevo gobierno de Magyar.
Ahora bien, la derrota de Orbán es también en sí misma una derrota para el movimiento europeo trumpista; el fenómeno MAGA que Trump, JD Vance, Marco Rubio y hasta el propio millonario Elon Musk han azuzado en Europa recibe un gran revés tras la caída del viejo tótem malcriado de la derecha más rancia.
Tras los resultados electorales, la ultraderechista primera ministra italiana, Giorgia Meloni, teme una inestabilidad política en Italia derivada de las graves consecuencias de la guerra de EU contra Irán. Meloni lleva días distanciándose del discurso de Trump a quien el republicano recién acusó de “débil”.
En Europa, observan el adiós de la era Orbán, como la posibilidad de fortalecer a las democracias liberales; el próximo año habrá una cita crucial en las urnas en Italia, España, Polonia y Francia. Se abre una luz de esperanza…




