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@claudialunapale

Economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales.

 

Prensa rompeilusiones

 

Por Claudia Luna Palencia

 

En la actualidad, en tiempos de la política canalla, corren ríos de tinta cargados de piedras pesadas dispuestas a lapidar con groserías, calumnias, descalificaciones y un lenguaje soez al gobernante en turno que no sea precisamente de su convergencia ni de su simpatía.

 

La jauría siempre al servicio. En Estados Unidos, el presidente Donald Trump se queja amarga y constantemente de las #FakeNews y señala visceralmente a los periódicos de más raigambre en Norteamérica por, según él, estar en su contra y criticarle hasta el más mínimo detalle.

 

 

No en pocas ocasiones el inquilino de la Casa Blanca ha dejado fuera de las ruedas de prensa a reporteros estelares de periódicos como el New York Times y el Washington Post… lo ha hecho indebidamente actuando más como un empresario herido que se abroga “el derecho de admisión” que como un presidente que, en el ejercicio público de sus funciones, está bajo el escrutinio de la vox pópuli: esto es de sus votantes, también de los ciudadanos en general y por supuesto de los contribuyentes.

 

Ha obrado indebidamente al dejar afuera a uno, dos, tres o cuatro medios de comunicación porque el mundo merece conocer la información que éstos van a contar desde la óptica del vaso medio lleno o medio vacío.

 

Porque los medios de comunicación no son poseedores de la verdad universal pero sí deberían ser una ventana transparente de la información para que ésta llegue al lector, al televidente o al radioescucha lo más fidedigna posible.

 

El cuarto poder sigue siendo el cuarto poder, aunque hoy en días las elecciones se ganan en las redes sociales se mantiene –por el momento- como un factor de relevancia al menos para los sondeos de opinión, las encuestas políticas y los dossiers de prensa del presidente y de otras dependencias.

 

 

Todavía no se modifica dicha tendencia ni importancia. Los medios de comunicación siempre han tenido su particular historia con el poder, veámoslo por ejemplo con la Alemania Nazi: Adolph Hitler creó su propio aparato de prensa para difundir sus ideas y su ideología.

 

No cejó en perseguir a quienes no comulgaban con su propaganda y únicamente subsistió la prensa que terminó rendida a sus pies y como vocera de su propaganda y de sus tropelías.

 

También la China de Mao Zedong contó con sus brazos informativos además de los oficiales, ninguna prensa privada tuvo libertad de expresión, igualmente encajonada en la visión nacionalista de la Revolución Cultural.

 

La libertad de expresión y de prensa son siempre muy necesarias sobre todo para evitar que malos gobiernos se perpetúen en el poder; para evitar que a la gente se le cuente mentiras porque una mentira cien veces no debe acabar siendo una verdad.

 

A COLACIÓN

 

México y España, dos países hermanados y que se parecen mucho sobre todo en temas de la corrupción piramidal y mangante, sufren también su particular canibalismo político.

 

En el país azteca, cierta parte de la prensa está temerosa por el futuro de sus relaciones publicitarias con el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, no saben a ciencia cierta, si después del próximo 1 de diciembre que él tomará posesión se cortará el grifo de la publicidad oficial para todos los medios de comunicación que no comulguen con el líder de MORENA.

 

Y flaco favor le hace el presidente electo a comunicadores como Carmen Aristegui y José Gutiérrez Vivó anunciando que hará todo lo que esté en sus manos para que ambos regresen a la radio por la puerta grande. No pueden ni deben ni Carmen, ni José, ni ningún comunicador, reportero o periodista convertirse en lacayunos de López Obrador.

 

En España, la carnicería está al despiece, después de la moción de censura contra el presidente electo del PP, Mariano Rajoy, que terminó hace poco más de cien días con la vuelta al poder del PSOE de la mano de Pedro Sánchez, utilizando un recoveco constitucional cierto sector de la prensa ha iniciado una guerra demasiado sucia respaldada además por filtraciones con grabaciones, audios, cuentas, datos personalísimos de todos los miembros del Gabinete de Sánchez.

 

Lo que viene a refrendar lo que muchos intuimos: que en España se tiene un Estado policial y que todos los ciudadanos y residentes en el país ibérico son escuchados.

 

 

En escasos tres meses, al nuevo presidente le han llovido problemas con varios miembros de su Gabinete fundamentalmente por cuestiones personales y de tiempo atrás; desde cuestionamientos por estudios realizados hasta conversaciones privadas de más de seis años. Cierto sector de la prensa ha sacado el revólver (como Clint Eastwood en sus películas del oeste) y ha empezado a disparar información amarilla para tirar, uno a uno, a los ministros… ya lleva dos y están otros dos en la cuerda floja. Así actúa el cuarto poder…

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales.

 

 

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