Visitar Barcelona es siempre un paseo agradable, en parte porque tiene muchos ambientes y guarda ese misterio que puede ser descubierto con alegría Desde la urbe hasta el puerto.
Es imposible deambular por las calles de telaraña del casco antiguo de Barcelona sin quedar atrapado por la presencia de su catedral. Puede que no tenga ni la peculiaridad ni el bombo de La Sagrada Familia, pero tiene el lugar: un enorme templo gótico que se alza imponente entre los estrechos callejones y las tiendas de cerillas.
Su emplazamiento albergaba originalmente un templo romano, hace unos 2.000 años, cuando Barcelona aún se llamaba Bàrcino (se pueden rastrear partes de las antiguas murallas romanas y el acueducto cercano).
Hoy en día, el nombre oficial de la catedral, Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, honra a Eulalia, una joven local que se negó a aceptar la exigencia del emperador romano Diocleciano de renegar su fe cristiana. Su represalia fueron 13 formas de tortura, seguidas de decapitación, durante las cuales se dice que una paloma salió volando de su cuello. Por eso, dentro de los claustros de la catedral, encontrarás un estanque con 13 gansos blancos. No estatuas, sino gansos vivientes y chillones.
La catedral es sorprendentemente intrincada y sus recitales mensuales con el órgano son especialmente poderosos. Se trata de un lugar religioso y de un lugar de interés.
En su interior, la catedral tiene un ambiente elegante con una arquitectura que vale la pena disfrutarla: la estructura gótica que conocemos comenzó a edificarse el 1 de mayo de 1298, bajo el pontificado del obispo Bernardo Pelegrí y el reinado de Jaime II de Aragón.
La obra se desarrolló durante aproximadamente 150 años, con tres etapas principales: construcción del ábside, presbiterio y cripta; prolongación de las naves laterales; y finalización de la basílica hasta la línea de la fachada; y, el claustro se completó en 1448, convirtiéndose en un espacio emblemático de paz y contemplación.
A lo largo de los siglos, la catedral ha sido centro religioso, cultural y social de Barcelona, sede de eventos importantes y símbolo de identidad de la ciudad. Desde 1929, es considerada monumento histórico-artístico nacional.
En resumen, la catedral de Barcelona combina siglos de historia, devoción y arte, desde sus raíces paleocristianas hasta su consolidación como joya del gótico catalán.




