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Guerra de conciertos en una España que los organiza y muy bien

Envejece la cascara pero hay personas que conservan su esencia a lo largo de su vida, basta con ver a Angus Young divirtiéndose como un chaval de 16 años tocando  su eterna Gibson, sin ese pelo blanco, cualquiera juraría que no está cerca de soplar las setenta velitas.

Durante el  primer concierto de la mítica banda británico-australiana en el estadio La Cartuja, en Sevilla, había tanta energía que el público poco envidió que a 530 kilómetros, la cantante estadounidense, Taylor Swift, estuviese arropada por miles de fans en su primer concierto en el estadio Santiago Bernabéu.

            Entre el 29 de mayo y el 01 de junio, España ha vivido una auténtica guerra de conciertos que han atraído a un amplísimo mosaico generacional no solo local, sino de varias partes del mundo. Los Pet Shop Boys no cobraron la entrada el 30 de junio,  pero no por ello fue menos meritorio su concierto en el O Son Do Camiño.

            Si algo está demostrando España es que tiene una gran capacidad de organización para eventos multitudinarios que, afortunadamente, transcurren con seguridad y con tranquilidad para los asistentes. Y, no es nada fácil tener este listón menos cuando el país lleva tiempo bajo la lupa de los atentados terroristas yihadistas.

            Tan solo del 29 de mayo al 01 de junio, se movilizaron casi 300 mil personas para darse cita en los conciertos de AC/ DC en Sevilla (fechas 29 de mayo y 01 de junio) así como el de Taylor Swift en Madrid (29 y 30 de junio) más los seguidores de Pet Shop Boys que acudieron a verlos en Galicia.

            Pero hablemos de los dos más taquilleros:  en los dos conciertos de AC/DC asistieron en total 130 mil personas y para ver a Taylor Swift, 150 mil personas.

            La derrama económica tanto en la capital de España, como en la hispalense, ha sido millonaria: se estima que The Eras Tour dejó en Madrid  25 millones de euros sumando el gasto en hospedaje, consumo en restaurantes, transporte y souvenirs. Esto sin contar, por supuesto, el costo de las entradas que baratas no fueron y que en algunos casos superó los 1,500 euros.

            Tampoco hay una cifra real de cuánto dinero gastaron los y las swifties en la compra de merchandising de su cantante favorita que tampoco tuvo precisamente precios módicos. Se gastó mucho esa es la realidad.

            Como también lo hicieron los miles de adeptos al hard rock y a los riffs desternillantes de Angus Young veterano fundador de la banda AC/DC en 1973. Sevilla no solo colgó el cartel de completo en sus hostales  lo hizo en los Airbnb y en los hoteles que se desmadraron en los precios. Hubo muchos abusos incluso en el precio de las entradas.

            FACUA, Consumidores en Acción, envió desde el mes de marzo una denuncia  al Ministerio de Derechos Sociales, señalando que la Live Nation España SAU, promotora de los conciertos de AC/DC añadió hasta 20 euros durante el proceso de compra de las entradas y un importe extra en concepto de Platinum.

            Nada se ha dicho de las habitaciones de hotel que pasaron de los 98 euros promedio a los casi 400 euros  y de las condiciones abusivas de los hoteles más cercanos al estadio de La Cartuja que obligaban a reservar tres noches al precio de 700 euros cada una.

            No se tiene un dato preciso pero la derrama económica en Sevilla de ambos conciertos oscila, entre los 27 a los 35 millones de euros, sin considerar el precio de las entradas cuyo costo varió entre los 120 euros hasta los más de 1,200 euros.

            Pero había tanta algarabía y expectación por escuchar a un conservadísimo Brian Johnson  que a sus 76 años de edad sigue bastante ágil y ha logrado sortear la amenaza de sordera que lo sacó de los escenarios hace unos años.

            Algo de mágico tendrá el hard rock, el blues rock, pop rock y rock and roll que los metaleros se conservan muy bien. AC/DC con su Power Up Tour en varios países  ha decidido celebrar por todo lo alto sus cincuenta años  de banda rockera.  Pura psicodelia electrizante al ritmo de Highway to Hell, Whole Lotta Rosie, Hells Bells, Back in Black o Let There Be Rock.

            Por su parte, Young siguió demostrando su gran agilidad en el escenario, un privilegiado que desde el vientre materno ya venía con su guitarra al hombro. Cada nota la siente y la transmite, la vibra y la transpira, convertida en la máxima expresión de su ser. A pesar del calor extenuante en Sevilla durante el primer concierto el día 29 de mayo, Young se atrevió con un largo solo que la multitud coreó y por momentos quedó perpleja atestiguando cómo, un ángel caído del cielo, acariciaba su instrumento.

            Hubo éxtasis y frenesí en ambos conciertos de AC/DC una batalla de camisetas se apoderó de la ciudad hispalense con rockeros de todas las edades y llegados desde todas las latitudes. Una horda se dejaba pasear por la Torre del Oro en busca de una carpa con merchandising (igual de caro que en el caso de Taylor Swift en Madrid) una mayoría llevaban sus camisetas de AC/DC pero también otros rockeros quisieron brindar honores a sus grupos portando sus camisetas así se dejaron ver los nombres de Motley Crue; Kiss; Led Zeppelin, Metálica, Scorpions  y como no de Iron Maiden y tampoco faltaron las camisetas de Rolling Stones.

            Había ganas de rock, de gritar, de sacudir el plumero, de sudar la gota gorda y de gritar a fondo como una catarsis colectiva para olvidarse de los problemas cotidianos, de la batahola de la política; de la amenaza de Putin… de la terquedad de Netanyahu por sostener su asonada bélica en la Franja de Gaza. Había ganas de vivir…

            Y también hubo una enorme mezcla generacional: si al concierto ofrecido por los Rolling Stones hace dos años en Madrid se vio a mucho viejuno, así como a personas de edad media y alguna que otra familia con sus hijos, en ambos conciertos de AC/DC lo que se vio fue a mucha gente joven, de los llamados millennials y sobre todo veinteañeros de la generación Z.

También estaban los viejos rockeros que exudan el hard rock hasta por los poros y sorprendió no solo la cantidad de adolescentes con sus familias, sino de niños pequeños de la mano de alguno de sus padres y que además estaban en la pista.  Estaban allí, mamando la eternidad, bebiendo del germen del rock, acaso como un relevo generacional.  Esos pequeñines algún día dirán: “Yo fui de la mano de mi madre a ver el último concierto en vida de AC/DC o mi padre me cargaba en sus hombros mientras la multitud coreaba thunderstruck”.

            Esos cinco chavales  en el escenario  nos recordaron a todos los presentes lo que es la pasión por vivir:  juntos suman casi 350 años de edad y no tienen ninguna necesidad de aventarse una gira internacional, en su haber han vendido más de 200 millones de álbumes y dinero les sobra a borbotones. Pero siguen vibrando su música y en vez de pescar en algún lago tranquilo o echarse a jugar a las cartas, siguen de conciertos porque quieren asegurarse un lugar en la posteridad. Tener la certeza de que dejarán suficientes semillas de rock, puro y duro, sembradas entre la muchachada para que AC/DC y su música siga compartiéndose de generación en generación.

            Taylor Swift también quiere estar en ese Olimpo de la posteridad. A sus 35 años de edad está convertida en la diosa del pop y del pop country. La histeria que desata en los millones  de swifties alrededor del mundo es ya estudiado como un fenómeno en las aulas de Harvard.

            Pura mercadotecnia y un gran despliegue de  bailarines y una coreografía vibrante. El rock de AC/DC solo necesita de sus instrumentos y de sus canciones pegajosas.

            Para ver a Taylor en sus dos fechas en Madrid hubo seguidores que acamparon por varios días, no quedó ni un billete disponible y las redes sociales se llenaron del postureo acostumbrado cuando se logra algo que los demás no pudieron.

            Al Bernabéu llegaron muchas chicas pero también chicos. Mucha generación Z veinteañera y adolescentes acompañados por sus padres y muchísimas familias con sus hijos pequeños, sobre todo hijas pequeñas.

            Las notas de amor, desamor e ilusión por el  primer amor cruzaron todo el estadio. Miles de almas coreando sus canciones al pie de la letra, los swifties son fieles hasta en el estilo con sus pulseras, sus adornos, sus colguijes y su vestimenta. Recuerda bastante a la moda y estilo que en su momento provocó la ambición rubia llamada Madonna, la otrora reina del pop, que sigue llenando estadios.

            Así la  multitud cantó al unísono los éxitos más sonados de Swift, como su famoso Shake it off que le ha valido varios premios. Las chicas quieren ser Taylor la soñadora americana nacida en Pensilvania que cantaba country sin llamar mucho la atención hasta que un día pegó un pelotazo con sus sencillos Love Story y You Belong with me. Fue el álbum más premiado de la historia de la música country.

            A Swift le queda mucho recorrido porque su juventud se lo permite. No solo es marca,  crea tendencia y es millonaria en la lista Forbes sino también es incluso buscada por el presidente Joe Biden, a fin de atraer el voto de esos jóvenes que la siguen febril y fervientemente.

            Ya sea que la gente disfrutase de AC/DC en Sevilla o de Taylor Swfit en Madrid, ningún incidente alteró las jornadas y eso demuestra capacidad de organización y de gestión ante el reto de atender y velar por la seguridad de miles de personas concentradas.  Bien por las fuerzas del orden y de la seguridad… bien por España que lo hace de matrícula de honor. ¡Y qué viva la música!

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