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Una mexicana de Harvard desempleada en España sin la homologación

Ana Talamantes tiene 34 años, es de México y es experta en medicina genetista, una especialidad que apenas existe en España. Ha recibido varios premios de excelencia, dos diplomas en Harvard y terminó doctorándose en biociencias moleculares en la Universidad Autónoma de Madrid. En cambio, pronto cumplirá tres años esperando a que el Ministerio de Universidades homologue su título para poder ejercer en el país, a pesar de que la normativa actual marca que deben responder en un plazo máximo de seis meses. Según cuenta, tan solo hay 16 personas con su formación en España.

Por el momento está desempleada, haciendo malabares para llegar a fin de mes gracias al sueldo de su pareja. Asentada en Barcelona, no descarta migrar a un tercer país para poder poner al servicio de la sociedad todo su conocimiento, tal y como asegura que es su único propósito.

Según datos que proporcionó el Ministerio de Universidades a Homologación YA!, el colectivo en el que se organizan las personas afectadas, este agosto todavía había 50.000 expedientes sin revisar y otros 30.000 «incompletos». «Y dicen que reciben 3.000 expedientes nuevos cada mes», añaden desde el colectivo.

La especialidad a la que se dedica Talamantes está enfocada a diagnosticar y tratar enfermedades hereditarias, genéticas y congénitas. «Estudié Medicina en la Universidad mexicana de Guadalajara y me gradué con Mención Honorífica y un premio a la Excelencia Académica», asegura con algo de pesar en su voz. Años después, obtuvo la certificación del Consejo de Genética de su país natal para poder ejercer la especialidad. De hecho, en la actualidad forma parte del comité evaluador de nuevos genetistas mexicanos.

En su haber está el haber fundado una clínica de genética en México, así como haber trabajado en un centro de rehabilitación. También cumplió funciones de servicio como perito en biología molecular para el poder judicial mexicano. Con todo y con eso, no ha encontrado lo que se esperaba en España: «A España ya he venido tres veces, las dos primeras para estudiar y formarme. La última vez llegué en mayo de 2021, después de haberme doctorado tras haber investigado en el Hospital de La Paz», relata.

La primera vez que llegó fue en 2016 gracias a una estancia de formación. Regresó al año siguiente para comenzar su doctorado. «Poco más de un año después regresé a México a trabajar, así que hice el doctorado a distancia, hasta que volví en 2021», reitera la propia Talamantes. «Yo quería venir a España para tener una mejor calidad de vida para mí y para mi familia, y porque aquí las oportunidades laborales parecían mejores», añade.

Por eso, su proceso de homologación empezó en marzo de 2021, cuando todavía estaba en vigor el antiguo decreto que regulaba este procedimiento. Con el cambio en la normativa, Talamantes decidió iniciar de nuevos los trámites en febrero de 2023. «No he recibido respuesta a ninguno, y eso me impide ejercer como médico genetista», denuncia. Su problema es que, sin tener homologada la carrera de medicina general, tampoco puede desempeñar sus funciones como especialista médica.

«Aquí la especialidad genética no existe, a pesar de los esfuerzos por parte de la Asociación para crearla. Hay muy pocos profesionales cualificados para trabajar, solo 16 en toda España», comenta la protagonista de esta historia. Se describe como una persona «apasionada de su profesión», con más de siete años de experiencia. «Cada día que pasa pienso que debería estar contribuyendo a esas personas que buscan un diagnóstico para sí mismos o sus seres queridos», se lamenta.

Su objetivo es ayudar a esas personas, muchas con enfermedades difíciles de diagnosticar y tratar, porque «encima nadie las parece comprender», a tenor de lo expresado por esta especialista en medicina genética. «El Ministerio de Universidades obstaculiza esa capacidad de poner mis habilidades al servicio de los que más sufren», denuncia.

Y continúa: «Yo quiero ser útil, pagar impuestos, compartir experiencia con otros médicos y genetistas, y me he visto impedida para hacerlo. En realidad, todo esto es muy frustrante. Me gustaría colaborar en el ámbito de la genética médica en España», reitera la propia Talamantes. Dice estas palabras con unas personas muy concretas en su cabeza, aquellos pacientes que «parecen no existir por sufrir una enfermedad extraña». Son datos que ella misma aporta: el diez por ciento de la población mundial, a lo largo de su vida, sufrirá una enfermedad genética, por lo que su conocimiento no debería desecharse de esa manera.

Preguntada por cuáles eran sus expectativas cuando decidió establecerse en España, Talamantes afirma que no se esperaba algo así cuando llegó al país. «La primera vez que vine no existía este problema con los títulos, pero como era estudiante tampoco me enteré demasiado bien. Luego ya me topé con la inmensidad de trámites burocráticos y empecé a ver todo lo que se retrasaban en resolver los expedientes», se explaya.

En España hay unos 80.000 expedientes de este tipo todavía encajados en la burocracia del Ministerio de Universidades. «Estamos hablando de que hay 80.000 profesionales cualificados queriendo trabajar en España, pero que la propia Administración del país se lo impide», incide. Por ello, a Talamantes sí que se la ha pasado por la cabeza retornar a México: «Yo creo que a veces piensan que la situación de los extranjeros que venimos a España siempre es precaria, que estamos sufriendo, pero yo en mi país era reconocida, ya era alguien», reflexiona.

Otra posibilidad que se abre ante ella es migrar a otro país. No es ninguna tontería y Talamantes sabe que es una de las opciones más factibles: «Estoy estudiando más idiomas por si acaso, sobre todo inglés y francés. A mí me atrae Alemania, Suiza o Inglaterra». En resumidas cuentas, a la seguridad ciudadana que le ofrecía España se opone la inseguridad laboral que ha encontrado una vez establecida en suelo español.

Ahora, Talamantes intenta sobrevivir al día a día con los pocos ahorros que tiene y el sueldo de su pareja, que se encuentra en la misma situación ante la posible homologación de su título de ingeniero industrial pero que sí ha encontrado otro trabajo. «No nos podemos plantear ni siquiera visitar México para ver a nuestra familia. Solíamos viajar mucho, pero ahora ni siquiera lo pensamos», apunta. Con apenas 2.000 euros y viviendo en Barcelona, esta pareja no tiene capacidad de ahorro alguna. «Empiezo a pensar que me tengo que deshacer del coche, porque ahora no lo utilizo y es otro gasto importante», señala.

Todo ello tiene cierto impacto a nivel emocional, algo que se traduce en una frustración e impotencia constante. «Es muy duro ver que después de tantos años formándote no te puedas dedicar a lo que te apasiona y que tanto bien haría a la sociedad», concluye. Vía El Español/nota de Guillermo Martínez.

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