viernes, abril 19, 2024

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La visión síntoma importante para el alzhéimer

Hay algo en lo que todos los profesionales de la salud coinciden, a pesar de sus contextos o de sus especialidades médicas. Y ese algo es que, para hacer frente a cualquier enfermedad, resulta fundamental presta atención a los síntomas que aparecen al comienzo de la misma. Es cierto que esto no siempre garantiza un resultado inmediato, aunque en muchos casos la detección precoz puede servir para ralentizar el deterioro, incluido el deterioro cognitivo.

Así sucede con el alzhéimer, una patología para la que comienzan a aprobarse los primeros fármacos que frenan la progresión del deterioro cognitivo. Por eso, al igual que ocurre con el cáncer, el alzhéimer también es importante detectarlo cuanto antes.

Ahora, un equipo internacional de investigadores dirigido por la Universidad de California – San Francisco (UCSF), ha completado el primer estudio a gran escala de la atrofia cortical posterior, una desconcertante constelación de síntomas visuoespaciales que se presentan como primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer. Según los resultados, estos síntomas se dan hasta en un 10% de los casos de alzhéimer.

El estudio incluye datos de más de 1.000 pacientes en 36 centros de 16 países. Publicado en la revista Lancet Neurology, los investigadores hallaron que la atrofia cortical posterior (ACP) «predice el Alzheimer de forma abrumadora». Las cifras avalan esta consideración: alrededor del 94% de los pacientes con ACP presentaban patología de Alzheimer y el 6% restante padecía afecciones como la enfermedad de cuerpos de Lewy y la degeneración lobar frontotemporal.

A diferencia de los problemas de memoria, los pacientes con ACP tienen dificultades para juzgar distancias, distinguir entre objetos en movimiento e inmóviles y realizar tareas como escribir o alcanzar un objeto que se ha caído, a pesar de que el examen ocular sea normal, explica la coautora Marianne Chapleau, que también es doctora del Departamento de Neurología de la UCSF, el Centro de Memoria y Envejecimiento y el Instituto Weill de Neurociencias.

La ACP es un trastorno del cerebro y del sistema nervioso que, con el tiempo, ocasiona la muerte de las neuronas cerebrales. Tenerlo produce problemas de visión y del procesamiento de la información visual, con síntomas frecuentes que comprenden dificultad para leer y calcular distancias.

La mayoría de los pacientes con ACP tienen una cognición normal al principio, pero en el momento de su primera visita diagnóstica, una media de 3,8 años después del inicio de los síntomas, la demencia leve o moderada era evidente con déficits identificados en la memoria, la función ejecutiva, el comportamiento y el habla y el lenguaje, según los hallazgos de los investigadores.

En el momento del diagnóstico: El 61% presentaba «dispraxia constructiva», una incapacidad para copiar o construir diagramas o figuras básicas; el 49% tenía «déficit de percepción espacial», dificultades para identificar la ubicación de algo que veían; el 48% tenía «simultanagnosia», una incapacidad para percibir visualmente más de un objeto a la vez. Además, el 47% se enfrentaba a nuevos retos con cálculos matemáticos básicos y el 43% con la lectura.

«Desde un punto de vista científico, necesitamos entender por qué el Alzheimer puede afectar específicamente a las áreas visuales del cerebro, en lugar de a las de la memoria. Además, nuestro estudio reveló que el 60% de los pacientes con ACP eran mujeres: comprender mejor por qué parecen ser más susceptibles es un área importante de investigación futura», avanza el autor principal Gil Rabinovici, director del Centro de Investigación de la Enfermedad de Alzheimer de la UCSF.

«Necesitamos más información sobre la ACP para que los médicos puedan detectarla», afirma Chapleau. «La mayoría de los pacientes acuden a su optometrista cuando empiezan a experimentar síntomas visuales y pueden ser remitidos a un oftalmólogo, que también puede no reconocer la ACP», explica. «Necesitamos mejores herramientas en los entornos clínicos para identificar precozmente a estos pacientes y proporcionarles tratamiento».

La edad media de aparición de los síntomas de este tipo de atrofia es de 59 años, varios años menos que la del Alzheimer típico. Esta es otra razón por la que la identificación precoz de la ACP podría tener importantes implicaciones para el tratamiento del alzhéimer, según el coautor Renaud La Joie, doctor en Medicina, también del Departamento de Neurología y del Centro de Memoria y Envejecimiento de la UCSF.

En el estudio, los niveles de amiloide y tau, identificados en el líquido cefalorraquídeo y en las imágenes, así como en los datos de las autopsias, coincidían con los hallados en los casos típicos de Alzheimer. Como resultado, los pacientes con ACP pueden ser candidatos a terapias anti-amiloides, como el lecanemab (Leqembi), aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE UU en enero de 2023. También pueden ser beneficiarios de terapias anti-tau, actualmente en ensayos clínicos.

«En ambos casos, los tratamientos se consideran más eficaces en las fases más tempranas de la enfermedad», prosigue La Joie. Una diferencia es que «los pacientes con ACP tienen más patología tau en las partes posteriores del cerebro, implicadas en el procesamiento de la información visuoespacial, en comparación con los que presentan otras formas de Alzheimer. Esto podría hacerlos más aptos para las terapias anti-tau».

Sin embargo, la mayoría de los pacientes han sido excluidos de los ensayos, ya que «suelen estar dirigidos a pacientes con Alzheimer amnésico con puntuaciones bajas en las pruebas de memoria», añade La Joie. Por suerte, «en la UCSF estamos considerando tratamientos para pacientes con ACP y otras variantes no amnésicas».

Por todo ello, comprender mejor la atrofia cortical posterior es «crucial para avanzar tanto en la atención a los pacientes que la sufren como para la comprensión de los procesos que impulsan la enfermedad de Alzheimer», concluye el autor principal. «Es fundamental que los médicos aprendan a reconocer el síndrome para que los pacientes puedan recibir el diagnóstico, el asesoramiento y la atención correctos». Con información de La Razón.

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