martes, mayo 28, 2024

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ONU: “El mundo está atrapado entre la guerra y el cambio climático”

Ha sido la misma cita anual de todos los años en Nueva York, como viene sucediendo desde 1946 para abordar entre los mandatarios del mundo las grandes vicisitudes y desafíos del momento. Las palabras que más se han escuchado de manera recurrente desde entonces, tienen que ver con la guerra y la paz; en el último quinquenio ha resonado la del cambio climático y desde 2020, también el tema de la pandemia por el coronavirus.

          La guerra, la paz y los devastadores efectos del cambio climático han vuelto a ser el foco de atención de los 149 mandatarios reunidos en los emblemáticos edificios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)  durante la 78 Asamblea General del organismo, los días 18, 19 y 20  de septiembre.

          Eso sí ante las notables ausencias de varios dignatarios cuyos países son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU como Francia, Reino Unido, China y Rusia.

          Se resintió el vacío del mandatario chino Xi Jinping que lleva dos reuniones al hilo que no asiste a la Asamblea General;  de hecho, hace unos días no acudió a la cumbre del G20 en India. Según los medios de comunicación norteamericanos, la Casa Blanca interpreta  que Jinping intenta esquivar un encuentro con su homólogo norteamericano, Joe Biden.

Tampoco estuvo el dignatario francés, Emmanuel Macron, convertido en anfitrión de una visita de estado del rey  de Inglaterra, Carlos III y su esposa, la reina Camila.

          El primer ministro inglés, Rishi Sunak, adució problemas de agenda mientras el dictador ruso tiene una orden internacional de aprehensión dictada por la Corte Penal Internacional (desde marzo pasado) que lo mantiene acorralado en Rusia y solo con posibilidad de viajar a países aliados que no estén dentro de la CPI.

          Tampoco se vio al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ni al  primer ministro de India, Narendra Modi,  metido en una serie de roces diplomáticos tanto, con China como con Canadá; con el primero, nuevamente por sus conflictos fronterizos por la zona de los Himalaya y con el segundo, a raíz del asesinato,  del líder sij, Hardeep Singh Nijjar, en el oeste de Canadá.

          Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, llegó a declarar que la policía encontró indicios de que podría tratarse de un asesinato político ideado desde India pero cometido en territorio canadiense lo que para él es una clara violación de la soberanía de su país.

          En medio de este escenario de desencuentros, la atención y el discurso quedó acaparado tanto por el presidente norteamericano Biden como por la presencia en el seno de la Asamblea General como orador, de Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania.

          En su discurso de inauguración, el secretario general de la ONU, António Guterres, situó a la consecución de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS)  con fecha límite a 2030, como una de las grandes prioridades  que no están recibiendo la correcta atención desde que irrumpió la pandemia del coronavirus, luego la invasión rusa a Ucrania y las constantes catástrofes climáticas que cada año son más agudas.

Guterres recordó que los líderes mundiales adoptaron los ODS en 2015, prometiendo no dejar a nadie atrás: “Los objetivos incluyen poner fin a la pobreza extrema y el hambre, garantizar el acceso al agua potable y el saneamiento, así como a la energía verde y proporcionar educación universal de calidad y oportunidades de aprendizaje permanente”.

          Este año, la ONU ha utilizado el tema de debate para titular su encuentro bajo el lema Reconstruir la confianza y reavivar la solidaridad mundial: acelerar la acción sobre la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible hacia la paz, la prosperidad, el progreso y la sostenibilidad para todos.

La ONU pretende que no quede como un fracaso más. Por la misma dirección apuntó, Dennis Francis, presidente de la Asamblea General de la ONU, pidiendo a los presentes no flaquear porque todavía el 8% de la población mundial sigue sufriendo por hambre.

«Con una acción concertada y ambiciosa, todavía es posible que, para 2030, podamos sacar a 124 millones de personas adicionales de la pobreza y garantizar que unos 113 millones menos de personas estén desnutridas», dijo.

Si el interés por los ODS no despierta, Guterres advirtió que no será posible lograr los objetivos marcados que en general significan alcanzar 169 metas de las que, señaló, solo se han cumplido a la fecha el 15 por ciento.

El  titular de Naciones Unidas pidió además cambiar el modelo de negocio de los bancos multilaterales de desarrollo a fin de que éstos puedan ofrecer financiamiento a tasas más bajas e incluso preferenciales para los países más atrasados.

          De la guerra, destacó que hay una invasión inadmisible a un país soberano, con consecuencias graves que  están afectando a países cuya dependencia a las importaciones de granos y de cereales es elevada. “Esta guerra trae más hambre en el mundo”.

          También realizó un llamado a que todos los países firmantes de la Carta de los Derechos Humanos se comprometan a garantizar la igualdad de género y se ponga fin a la discriminación así como a la violencia de género.

Renovar el multilateralismo

          Si en algo parecen haberse puesto de acuerdo Guterres y el presidente Biden es que ambos ante el atril de la ONU señalaron en sus respectivos discursos la necesidad de renovar las bases del multilateralismo para readecuarlas ante un mundo cambiante.

          Antes que Biden hablase ante la máxima tribuna de la ONU, tocó el turno al mandatario de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, que volvió a reciclar el mismo discurso que viene defendiendo desde que volvió al poder en Brasil y ha podido participar en todos los diversos grandes encuentros internacionales regionales y multilaterales.

          Lo dijo ante la reunión del Mercosur, luego en los BRICS en Sudáfrica, en el G20 en India y lo hizo en Nueva York ante la ONU para refrendar que el  sur global ha sufrido una desmedida exclusión de las grandes políticas sociales, equitativas y de reparto de la riqueza global; y volvió a alinearse con el grupo de países que no están dispuestos a posicionarse contra Rusia para condenarla por la invasión ordenada por su gobernante, el dictador Vladimir Putin.

          “La ONU tiene que cambiar. Hay que decirlo, el Consejo de Seguridad ha estado perdiendo progresivamente su credibilidad precisamente porque unos pocos países ejercen tanto poder”, afirmó.

          Biden tomó el guante lanzado por el dignatario carioca y subió al atril para dar un discurso mesurado y coherente con esa concordancia  y lucidez que algunas veces le falla y que tanto critican los republicanos como un signo de achaques mentales por la edad.

          El demócrata llevaba un discurso cargado contra China y Rusia principalmente y volvió a hacer de la defensa y apoyo a  Ucrania su leitmotiv favorito.

          Mientras Brasil quiere que sea reformado el Consejo de Seguridad para aceptar nuevos miembros y cambiar las reglas de los vetos e incluso ser incluido   como nuevo miembro (junto con otros países más), Biden reconoció en su discurso que todas las instituciones internacionales creadas al final de la Segunda Guerra Mundial desde la ONU, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y otras más siguen siendo  «una base duradera de nuestro progreso», aunque reconoció la necesidad de reorientarlas hacia un mundo cambiante.

          Tampoco ve con desagrado una posible expansión del Consejo de Seguridad de la ONU con nuevos países miembros e igualmente cambiar las reglas del veto. Actualmente China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos son los cinco miembros permanentes con poder de veto, además hay diez miembros no permanentes que son elegidos por la Asamblea General por dos años, de manera rotatoria, este vez tocó a  Albania, Brasil, Ecuador, Emiratos Árabes Unidos, Gabón, Ghana, Japón, Malta, Mozambique y Suiza.

          Además de dejar bien clara su postura al respecto de la petición del líder brasileño Lula da Silva, el presidente Biden dedicó buena parte de su oratoria para  insistir a los dignatarios  presentes en el seno de la ONU, que deben  sumarse a las sanciones, aislar a Rusia y pedir que retire su ejército invasor de tierras ucranianas. 

«Si dejamos que Ucrania sea desmembrada, ¿está garantizada la independencia de las naciones? La respuesta es no. Todos juntos dentro de las Naciones Unidas debemos  oponernos a esta agresión deliberada  que está sufriendo Ucrania por parte de Rusia”,  reiteró Biden una y otra vez  ante una audiencia que ya esperaba la retahíla.

El presidente norteamericano advirtió a los presentes que es necesario unirse en torno a esta proclama porque es muy necesario tener una postura común a fin de disuadir a otros y evitar así futuras agresiones.

«Rusia cree que el mundo se cansará y le permitirá brutalizar a Ucrania sin consecuencias. Pero les pregunto esto: si abandonamos los principios básicos de la ONU, ¿puede cualquier estado miembro sentirse seguro de que está protegido?”, remarcó Biden.

          En Estados Unidos, que ya vive un ambiente de precampaña electoral rumbo a las elecciones presidenciales de 2024,  antes de  la reunión en la ONU, Biden asistió a varios eventos de recaudación de fondos en los que aprovechó para reiterar que las tropas ucranias seguirán recibiendo armamento norteamericano, en vísperas de enviarles tanques M1 Abrams  y habrá más recursos para el gobierno de Zelenski; de hecho está proponiendo otro paquete por 13.1 mil millones de dólares en ayuda militar adicional  y 8.5 mil millones para apoyo humanitario.

          Sin embargo, podría no tener tanta disponibilidad de recursos como se ha prometido a Ucrania:  un grupo de legisladores republicanos  vienen exigiendo a Biden recortes y restringir la ayuda mientras el propio Donald Trump sigue declarando que en cuanto él vuelva a ser presidente no habrá más ayuda para Zelenski.

Salida del invasor

          Precisamente el martes 19 de septiembre, el propio Zelenski acudió en persona a Nueva York para hablar ante la audiencia de líderes mundiales. Como no estaba Putin, en su lugar asistió el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, que decidió abandonar el pleno durante el discurso de veinte minutos del líder ucranio.

          Quien sí permaneció en el salón fue Vasily Nebenzya,  embajador de la Federación de Rusia ante la ONU, e impávido escuchó las condenas y los reproches del mandatario ucranio.

«El agresor está armando muchas otras cosas y esas cosas se usan no solo contra nuestro país, sino también contra todos los de cada uno de ustedes, compañeros líderes. Todos de una u otra manera sienten las repercusiones y sabemos que es imposible detener esta guerra porque todos los esfuerzos se enfrentan al veto del agresor o de quienes apoyan al agresor”, argumentó Zelenski mirando a Nebenzya.

El dignatario ucranio condenó la invasión, exigió un  alto al fuego, el retorno de los menores secuestrados por Rusia que están fuera de su país sin saber en qué sitio están hospedados en suelo ruso y demandó que Rusia pague por sus crímenes de guerra.

También propuso: “Es tiempo de expulsar temporalmente a un miembro que viola la carta fundacional de la ONU; segundo, llevar cada resolución vetada en el Consejo a la Asamblea y darle poder a ésta para levantar el veto”.

La invasión de Ucrania ya ha cumplido un año y medio, ha dejado más de 6 millones de ucranios refugiados y según el Pentágono, al menos quinientos soldados ucranios resultarían entre heridos o muertos diariamente y por el bando ruso una cifra calculada entre 300 a 350 también entre heridos o muertos diariamente. La opacidad en la información del número de bajas, tanto por el lado de Ucrania, como de Rusia, ha llevado al Pentágono a las estimaciones matemáticas.

¿Qué va a pasar con la reforma que varios países plantean para la ONU? Su futuro inmediato pasa precisamente porque requiere de la aprobación de dos tercios de los miembros de la Asamblea General aunque el veto de dos de los cinco miembros permanentes bastaría para parar su reforma para modernizar tanto los asientos en el Consejo de Seguridad como el uso de los vetos.

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