domingo, abril 21, 2024

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Chagall un grito de libertad

Marc Chagall, nacido Moshe Segal, en Vitebsk (hoy Bielorrusia), es a todas luces uno de los artistas que marcan el turbulento y atribulado siglo XX. Los traumáticos acontecimientos por los que atravesó le obligaron a experimentar el desarraigo y la emigración forzosa, condición encarnada por las figuras que pueblan tantas de sus pinturas. Desde su infancia en la Rusia zarista, pasando por Francia, Alemania, Palestina y Estados Unidos, hasta su vuelta a Francia, país que tardaría muchos años en devolverle la nacionalidad francesa de la que le despojó el Gobierno antisemita de Vichy.

La exposición que ahora se muestra en la Fundación Mapfre, y que supera las 160 obras, inciden en las cuestiones que más preocuparon al artista desde un novedoso punto de vista. El proyecto busca abrir caminos a una nueva lectura de la obra de Chagall, en la que se ponen de manifiesto su fe inamovible en la armonía y la paz universal, mediante el establecimiento de miradas y diálogos cruzados con la atormentada y decisiva historia que se estaba escribiendo.

Además de sus grandes pinturas, se exhiben casi un centenar de documentos, entre los que se incluye por primera vez una selección de los escritos del artista en yidish, su lengua materna, en la que expresaba preferentemente sus compromisos políticos y humanistas.

Tras recibir con entusiasmo la revolución bolchevique de 1917, llegó a fundar escuelas populares de arte, encargadas del estudio de todas las corrientes artísticas, libertad que no estaban dispuestos a tolerar los nuevos comisarios comisionados para embridar la cultura conforme a los nuevos parámetros leninistas. Era el momento, pues, de marcharse y asentarse en París, en donde los primeros encargos de obra le suponen una oleada de críticas basadas en su origen ruso, y que suponen un síntoma más del ascenso del antisemitismo en casi toda Europa. Algo que resume en una carta dirigida al crítico de arte Leo Koenig, al que le escribe: “El tiempo no es profético, reina el mal”. Era 1925.

Durante estos años, antes y después de su viaje a Palestina en 1931, entonces bajo el férreo y controvertido control del Imperio Británico, Chagall realiza una serie de retratos de rabinos y personajes portando la Torá, que traslucen la incertidumbre ante el destino de un pueblo amenazado. La premonición se cumplió y algunas de sus obras formaron parte de la “Entartete Kunst” (Arte Degenerado), la exposición de 700 piezas de un centenar de artistas, muchos de ellos judíos, que el nazismo quiso exponer en 1937 en Múnich para demostrar la “putrefacción” del arte moderno y de sus autores.

Chagall un grito de libertad exposicion

El certero aviso de un periodista le salvó de ser detenido en Francia, dando comienzo a un largo periodo de exilio en Estados Unidos, en donde elabora la representación de los horrores de la contienda en obras como “La guerra”. En aquellos años, Chagall reiteró en sus trabajos, casi como si de una obsesión se tratara, la crucifixión. Cristos crucificados sin otra indumentaria que el talit (paño blanco de oración) alrededor de las caderas, representados como el símbolo del sufrimiento del pueblo judío, en respuesta de la llamada “noche de los cristales rotos” ocurrida en 1938. En estas imágenes trágicas y violentas, se condensa todo el miedo del artista exilado, que asistirá desde el otro lado del Atlántico a la devastación de Europa.

Marc Chagall volverá para instalarse definitivamente en Francia en 1948. Empezará otro periodo en el que acometerá proyectos monumentales como vidrieras para la sede de Naciones Unidas en Nueva York, catedrales y sinagogas, así como de mosaicos para la Knéset, el Parlamento de Israel. Obras en las que se erige en mensajero de paz.

La exposición, que permanecerá en Madrid hasta primeros de mayo, está comisariada por Meret Meyer, nieta del propio Marc Chagall, y Ambre Gauthier, que aporta un extraordinario trabajo de investigación.

Por su parte, la anfitriona de la muestra, Nadia Arroyo, señala que, con la obra de Chagall, se cumple uno de los principales objetivos de la programación de la Fundación: “Presentar la obra de grandes artistas de la modernidad internacional bajo un nuevo prisma, participando así en el estudio y creación de nuevas lecturas que enriquezcan y diversifiquen el panorama cultural”.

Vía Atalayar.

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