jueves, junio 20, 2024

Cambio y ruptura en Senegal tras el triunfo de Bassirou Diomaye Faye

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De la “libanización” de Cisjordania al fin del Ejército del Pueblo

El estado de alerta y alarma permanente en el que vive Israel ha operado un fuerte aumento de la temperatura política y social en las últimas semanas. El país se halla inmerso en las fuertes controversias que están ensanchando la brecha de su propia sociedad, al tiempo que se acentúa la obsesión por la seguridad y la división causadas por el creciente dominio de las facciones más extremistas de la coalición gubernamental.

La situación se está volviendo insostenible en Cisjordania, la Judea y Samaria ocupada desde 1967, en la que se han multiplicado los ataques y operaciones de los colonos israelíes hacia los palestinos como los atentados de éstos hacia ciudadanos y militares israelíes. Fuentes de la Defensa señalan que “los enemigos [de Israel] están inundando la región con recursos y armas que están utilizando para realizar ataques con disparos, vehículos lanzados y apuñalamientos”. Estiman que “los terroristas reciben instrucciones generales transmitidas por los comandantes desde Irán, Gaza, Beirut e incluso Estambul, con el objetivo de crear una ‘libanización’ de Judea y Samaria”, aludiendo a los sistemáticos atentados que sufrió el país vecino y protectorado de hecho de Siria durante muchas décadas.

Mientras se dilucida entre las fuerzas políticas de Israel si estamos ante una tercera intifada o ante una oleada terrorista que no muestra signos de terminar, las voces de prestigio que cuestionan la política actual del Gobierno de Benjamin Netanyahu se han incrementado con las explosivas manifestaciones realizadas por Tamir Pardo, exjefe del Mossad entre 2011 y 2016. Entrevistado por Associated Press (AP), Pardo declara que “Israel está forzando un sistema de apartheid en Cisjordania”.

Israel siempre ha rechazado vehementemente este calificativo que lo compara con el régimen de separación racial de Sudáfrica, vigente entre 1948 y 1994. El que fuera jefe de los espías israelíes recurre a ejemplos sencillos: “En un territorio donde dos personas pueden ser juzgadas por dos sistemas legales diferentes hay un estado de apartheid”. También alude a que los ciudadanos de Israel pueden subirse a un automóvil y conducir o dirigirse a donde quieran excluyendo la Franja de Gaza. “Los palestinos -dice- necesitan el permiso de Israel para entrar al país y a menudo deben pasar por puntos de control militar dentro de Cisjordania”.

Preguntado por la agencia AP si pensaba lo mismo cuando era jefe del Mossad, Pardo contesta que ya entonces apreciaba que el principal problema que Benjamin Netanyahu, también entonces primer ministro, veía para Israel eran los palestinos, “más incluso que el programa nuclear de Irán. Desaprueba asimismo el proyecto que alienta el ala más radical del Gobierno de doblar la población judía asentada en Cisjordania, actualmente de medio millón de colonos. Israel considera esta región ocupada como “un territorio en disputa”, a lo que Tamir Pardo replica que “si Israel no establece fronteras entre él y los palestinos peligrará la existencia misma del Estado judío».

Tamir Pardo ya se había convertido el año pasado en un duro crítico de Netanyahu por su iniciativa de remodelar el sistema judicial, “implementando medidas que llevarán a Israel a convertirse en una dictadura”.

A aumentar la tensión ha venido a sumarse el mismo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), Herzi Halevi. En un discurso, pronunciado en el cuartel general en Tel Aviv, Halevi quiso dejar clara la posición del Ejército: “Servicio militar obligatorio para todos”. Rechazaba así la concesión por Netanyahu de la exención concedida a los haredim, que ha enfrentado aún más si cabe a gran parte de la sociedad civil con los partidos ultraortodoxos. Halevi advierte de que “el Ejército Popular es un modelo que requiere el reclutamiento de tantos segmentos de la sociedad israelí como sea posible. Durante setenta y cinco años éste ha sido el secreto de la fortaleza de las FDI, especialmente en tiempos de división”.

Si muchos militares ya se cuestionan sus obligaciones, a la vista de los privilegios de los haredim, y otros muchos, como los pilotos de combate, hacen piña contra el peligro de una dictadura en Israel, el panorama aún puede empeorar si se confirman las amenazas del presidente de la Knesset de no respetar las decisiones del Tribunal Supremo. 

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